Precios acordados

—A locha dice el melcochero.

Aló, dígalo cantando.

—Aló compita, cómo que está contento.

Debe ser que recibió su bono y está buchón.

—Empezamos mal, si vamos por ese camino.

Está guardado o anda como los vendedores de cigarro y café, que andan sin tapaboca y gritando a todo hocico.

—Aquí guardado.

Compita, usted sabe qué es eso de los precios acordados.

—Uno está tranquilo aquí y usted llama para preguntar cada cosa.

Vaya y le pregunta al árabe, él fue el que habló de eso y puso los precios en dólares.

—Es que usted es un hombre que está informado de todo.

—Qué me está queriendo decir con eso, que soy averiguador y chismoso.

—¡No! De ninguna manera.

Ni se me ha ocurrido, aunque a usted le gusta meterle piquete a la cosa.

Pero, no me escurra el bulto y dígame qué sabe de eso.

—Lo que sé es que es una payasada más.

Y sospecho, como sospecha todo el país, que eso no va a servir para nada.

Como no ha servido ningún acuerdo ni decreto o cómo se llame que se haya referido a precios.

¿Por qué pusieron los precios en dólares y no en petros? ¿O en yuanes o en el tal soberano? La lista la mostraron los aporreados.

Y qué a dólar oficial, si eso no existe. El Banco Central es un chabure, aquí manda dólar monitor más nadie.

¿Dónde quedó esa piltrafa de moneda que se llama bolívar soberano?

Tanto que odiaban el dólar y ahí están de rodillas estos mercachifles.

Hoy salen los apologistas a dar loas por los nuevos precios y a decir que eso es lo que se tenía que hacer.

¡Otro triunfo de la revolución!

¡Así, así es que se gobierna!

Lo que sí creo, es que eso de los precios acordados es esto.

—Dígame.

—Que cuando usted pregunte cuánto cuesta el cartón de huevo y le digan 800 mil, usted se acuerde cuando estaba en 40 mil.

O cuando pregunte por un pollo entero y le digan 900 mil, usted se acuerde cuando estaba a 30 mil.

O cuando pregunte por un frasco de aspirina y le digan 800 mil, usted se acuerde que la aspirina costaba tres bolívares la cajita.

Y que si no le alcanzaba en aquel entonces, cómo le va a alcanzar ahora.

Son precios acordados para que usted se acuerde que hasta hace poco un cristiano podía vivir medio decente y comer medio decente en estero.

—Será por eso que hay tanta gente con nostalgia por el pasado.

Y con estos precios acordados, se puedan acordar de los precios ayer.

—Para eso debe ser.

Ya la gente se la pasa viviendo de puros recuerdo.

Se acuerdan cuánto costaba el pan de piquito y las caraotas.

Por eso es que se pasan con eso de éramos felices y no lo sabíamos.

La verdad es que no eran felices un carrizo, sino que ahora se vive tan mal que cualquier tiempo pasado es mejor.

Eso quiere decir ese decreto de los precios acordados.

Que usted viva de acordarse de cuanto costaba una chuleta.

Que estoy seguro que hace tiempo que no se ve una de esas ranchas, ni por esta tampoco.

Los precios acordados será otra burla para la población.

—No pierda la esperanza compita.

A lo mejor esta vez sí es efectiva y se cumple cabalmente.

—Usted se debe acordar cuando el yerno dijo que el precio de cartón de huevos era de 400 bolívares.

Hasta las gallinas se echaron a reír.

Ahora que el dólar está libreta, quién le va a poner el cascabel.

Si lo subieron es porque les convenía.

El bolsa no tienen dólares, el que maneja esa marusa de dólares es quien lo empuja hacia arriba.

Ahora se la van a dar de inocentes, que no saben y que hay especulación.

Especulación hay desde el 2013, y ahora es que se van a dar cuenta.

Cuidado se los lleva por delante un carrito de helado.

Los inocentes.

—Compita, puede haber sido el imperio que presionó para que se diera eso.

—Puede ser, se han visto caso.

Pero ese cuentico no se lo traga nadie.

Dijo yo nadie, pero hay muchos crédulos.

Imagínese a los que creen que con el petro se puede salir de abajo.

O que podemos vivir sin petróleo.

Mire hombre, la conversa está buena pero no podemos alargarnos más.

Hay cosas que hacer en esta rancha.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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