Qué demostró El Capital de Marx

Demostró que sólo el trabajo humano[1] útil, manifiesto en bienes cuya utilidad satisfaga variopintas necesidades es la fuente de todas las riquezas dinerarias. Porque las mercancías vendidas por el fabricante, directa o indirectamente, ya contienen tanto valor de cambio capaz de cubrir el salario y las diferentes presentaciones de ganancias obtenidas por fabricantes, intermediarios, financistas y terratenientes[2].

Tal concepción acerca del trabajo humano[3] como fuente de riqueza viene desde los tiempos de los pioneros de la ciencia de la Economía.

Los fisiócratas, predecesores de los clásicos, sólo vieron como trabajo útil el de los agricultores porque ellos eran terratenientes y a ojos vistas el resultado de las cosechas era mayor al de las semillas y otros costes involucrados en la actividad agrícola. La transformación que, por ejemplo, realizaba un zapatero a partir de cueros , no modificaba la riqueza previa; así pensaban los fisiócratas.

La obra de Marx resultó extensa (unas 8M páginas mal contadas en unos 3 volúmenes recogidos en 6 Libros) porque se vio obligado a derrumbar tantas imprecisiones que a la sazón se habían tenido como verdades formuladas por desde y los más afamados filósofos, fisiócratas y clásicos con Proudhon y David Ricardo a la cabeza.

Muchos de los economistas posclásicos[4] se han limitado a plagiar chapuceramente a los clásicos sin mayores análisis y, por su parte, un buen lote de marxistas se ha limitado a clonar versiones de versiones contentivos de algunos conceptos marxianos que ni ellos mismos tienen muy claros porque la obra de Marx es verdaderamente enrevesada[5].

A esas imprecisiones marxistas ha contribuido la editorial burguesa encargada de divulgar versiones marxianas cargadas de yerros y desviaciones interesadas. La Editorial Cartago-Argentina-por ejemplo, en su edición de 1973 de El Capital es modular en cuanto yerros de fondo y de forma, tales que hacen imposible la lectura de esa obra.

Los economistas tarifados por la burguesía destinan su producción teórica a la demostración de que es cuestión de mejoras organizativas, de mayor productividad y una mayor mecanización de la industria. Con esas medidas lo que se ha hecho es acrecentar las crisis porque mientras haya plusvalía habrá explotación, habrá hambre, habrá malestar social.

 


 

[1] Otrora, el trabajo de los familiares del patriarca, el de los esclavos, de los terratenientes, y modernamente el de los asalariados.

 

 

[2] Suponiendo pagos complementarios al asalariado (bonos), cabe preguntarse: ¿de dónde sale ese financiamiento, acaso, no termina pagándolo el propio consumidor cuando dichos bonos sean cargados al precio del mercado?; así mismo la riqueza que extrae el capitalista de la empresa, ¿de dónde puede salir si su productor es el asalariado?

 

 

[3] Entiéndase trabajo socialmente necesario, es decir, de un valor de cambio medio; para su fijación ,el mercado o la competencia da cuenta de su formación.

 

 

[4] Este grupo de economistas son mayormente intelectuales tarifados; entre ellos se cuentan varios Nobelados.

 

 

[5] Decimos que a esas imprecisiones marxistas ha contribuido la editorial burguesa encargada de divulgar versiones marxianas cargadas de yerros y desviaciones interesadas. La Editorial Cartago-Argentina-por ejemplo, en su edición de 1973 de El Capital es modular en cuanto yerros de fondo y de forma, tales que hacen imposible la lectura de esa obra. De la misma manera, otras muchas versiones vienen con opiniones al margen de supuestos analistas marxistas sin el debido acreditaje profesional. Últimamente hay tantas versiones y reformas de El Capital que pareciera que son estos autores quienes en verdad saben sobre "el capital" lo que según ellos mismos Marx ignora. Muchos hablan sin tapujo de una Marx obsoleto, por citar una de las imposturas más populares. Desde su aparición, El Capital ha sido de difícil de leer de un solo viaje, sobre todo, porque se trata de una obra integral que abarca la produccion de mercancías, su circulación, la distribución de la renta nacional burguesa y sobre la fuente de la riqueza de los capitalistas (la plusvalía) apropiada por burgueses fabricantes, intermediarios , financistas, y por terratenientes.

 

 



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Manuel C. Martínez


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