La Plusvalía Relativa excluye medios de producción

Venimos planteando la exclusión de algunos costes que tradicionalmente aparecen en los costos de producción propios de la contabilidad burguesa. Por ejemplo, las depreciaciones por concepto de maquinarias y herramientas. Cuando estas se cargan como costes de producción se aplica un sobrecosto al consumidor habida cuenta de que las mejoras productivas derivadas de una mejor tecnología concretada en herramientas y maquinaria en general sólo beneficia al capitalista y no a la empresa, razón por la cual el consumidor no tiene por qué sufrir esas depreciaciones.

Los establecimientos suntuarios como restoranes y oficinas en general insumen costos que no deberían ser admitidos como costes en las declaraciones de Impuestos.

Sin embargo, sabemos que todo estímulo empresarial con miras a incrementar la productividad se traduce en una reducción del tiempo necesario de trabajo-el correspondiente a la reposición del salario que es como decir que el empresario busca y logra consciente o inconscientemente alargar el sobretrabajo, o sea, la plusvalía relativa.

Así, cuando Carlos Marx define la plusvalía relativa deja a un lado el hecho de que necesariamente todo tipo de estímulo dirigido a mejorar la productividad del trabajador supone un costo adicional, una inversión de capital, por ejemplo, el uso de maquinarias que multipliquen la productividad del asalariado concretada en un valor agregado repartido en más valores de uso con menos valor unitario.

Como el salario debe valer tanto como valga la cesta básica, el tiempo invertido en sus valores de uso con una mayor productividad suponen un menor tiempo necesario de reposición de dicho salario, pero entonces debe reponer, además, el sobrecosto por concepto de mejoras técnicas que faciliten el incremento del sobretrabajo o plusvalía relativa.

Esa manera de apreciar las causas de una mayor productividad mediante el desarrollo de fuerzas productivas concurrentes durante el proceso de trabajo, si bien es cierto que baja el valor de los valores de uso, no todo el tiempo ahorrado en el necesario debería sumarse al de la plusvalía relativa, ya que también esos valores de uso elevan sus costos, o sea, el propio tiempo necesario debe ser mayor, y menor el sobretrabajo.

La exclusión[1] de Marx nos viene a justificar nuestro rechazo al cargo de las depreciaciones a los precios del consumidor porque se trata de una inversión para beneficio personal del capitalista, pero no de la empresa como lo es la inversión en mano de obra, materias primas, auxiliares, etc. Por ejemplo, las máquinas podrían ser construidas en acero inoxidable o venir revestidas de oro, pero eso no justifica formar parte del costo de producción de la empresa.


[1] Carlos Marx, El Capital, Sección V, Cap. XVI Cartago 1973.Marx no niega que el capitalista incurre en esos costes y que los deba recuperar, pero lo que no es correcto que el consumidor costee esa parte del capital que no le pertenece. Esos cargos son los que han contribuido a esconder la plusvalía, porque si bien ella no parece cargada como coste de produccion-porque no suponen inversión para el capitalista-, sí aparecen sus costes personales. Así, podrían aparecer, por ejemplo, los costes de transporte que use el capitalista para visitar sus empresas.

 

 



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Manuel C. Martínez


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