Prosperidad productiva y depresión comercial

Las dificultades productivas propias del modo capitalista, aparte del continuado conflicto obrero-patronal, están restringidas al aspecto meramente técnico de todo proceso de trabajo.

Cada progreso técnico se traduce en más ganancias del comerciante-incluidos los pocos productores que en el fondo también son comerciantes perfeccionados porque asumen la producción de mercancías ya preñadas de plusvalía, mientras las penurias de los asalariados sólo experimentan agravamientos.

Hemos visto, heredado y creado todos los ajustes tecnocientíficas. Los centros modernos de investigación científica y tecnológica de los últimos 200 años han sido penetrados y controlados por los comerciantes quienes han fungido de mecenas económicos de la ciencia. Los Premios Nobeles son un buen ejemplo de esa monopolización de los adelantos científicos. Pagan con jugosos precios monetarios a cambio del uso particular de cada innovación "galardonada".

Esa capacidad y monopolización de la producción por parte de la burguesía se ve frenada por la tasa de ganancia que regula la oferta y la distribuye sólo hacia los demandantes solventes; deja así ociosa buena parte de la capacidad productiva, parte de la producción es almacenada o yace en los exhibidores del mercado, mientras la mayoría de los consumidores potenciales se hallan insatisfechos permanentemente.

En Venezuela, durante el siglo pasado, la producción y la oferta estuvieron estancadas por su estéril dependencia de la renta petrolera, de las migajas que dejaban los concesionarios. De allí que jamás hayamos conocido prosperidad industrial, habida cuenta de que esos concesionarios siempre estuvieron claros en que para evitar nuestro desarrollo industrial debían contralar nuestros recursos naturales, y la burguesía nacional se dedicó preferentemente al rentismo petrolero o drenaje del Ingreso Petrolero hacia sus seudoempresas, más mamparas que centros de producción con criterio empresarial. Se comportaron como corruptos.

Para aquellos concesionarios resultó doblemente beneficiosa su política de llevarse nuestras materias primas y devolvérnoslas hechas mercancías de tercera de consumo familiar y de maquinaria y obsoletas o defectuosas con sus reservas sobre sus fuentes tecnocientíficas. La idea fue frenar nuestro desarrollo. De allí que la burguesía nacional optó por el comercio de intermediación en lugar del comercio productivo.

Desde hace apenas un año se inició un cambio radical en la producción nacional. Surgen y están en franco proceso de desarrollo los centros productivos comunales que no sólo han estado supliendo las fallas del comerciante y productor privado, sino que definitivamente están produciendo valores de uso y vendiéndolos a precios libres de apetitos privados gananciosos.

Mientras el capitalista privado ni siquiera produjo mercancías, hoy los Clap empiezan a minimizar el comercio de los productos de las comunas. Los precios de sus productos son expresión real de los valores contenidos en cada bien que hoy llena bolsas y cajas Clap.

Estamos, pues, en franco proceso de prosperidad al lado de una clara y notoria depresión del comercio. Hoy los Clap ajustan la producción a la demanda porque lo que la oferta Clap es para las familias en general y no sólo para los solventes con cierto nivel de ingresos mínimos. Hoy los Clap están garantizando las denominadas cestas básicas.



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Manuel C. Martínez


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