La “paradoja” de Zenón de Elea

Es la paradoja de Aquiles, misma que pasados sus largos 2 mil 400 años a la fecha no ha terminado de elucidarse completamente en espacio y tiempo constantes y fragmentables.

Ya hemos trabajado el tema de las pensiones y jubilaciones. En cualquier economía burguesa de paz, y en Venezuela y por disposiciones constitucionales los salarios, pensiones y jubilaciones tienen como referencia equivalencial el valor o precio de la canasta básica que viene equiparándose con el Salario Mínimo.

Hoy sería un error que eso continúe. Los trabajadores por sí mismos o con la mediación de sus sindicatos han logrado que los patronos se ajusten a esa referencia sin que todavía en ninguna empresa capitalista se haya respetado semejante igualdad salario = canasta básica. Esto no ha pasado de ser una tendencia, pero los trabajadores y sus sindicatos continúan sus luchas; no así el jubilado.

La negativa, más bien, imposibilidad, de pagar salarios "justos"[1] responde a que todo salario es un costo de producción y si aquellos suben, lo hace el segundo con lo cual las mejoras salariales inducen el encarecimiento mismo de la canasta en cuestión.

Digamos que el rezago de los salarios respecto al valor de la canasta básica es una contradicción irresoluble, pero, sabemos que las pensiones y jubilaciones corren a cargo del Estado y ya no significan costo alguno para los patronos; de allí que no puedan ser motivos de alzas de precios.

Lo que se ha logrado durante siglos de lucha obrero-patronal ha sido reducir la miseria del monto del salario, pero no su igualación al precio de la canasta porque estructuralmente resulta imposible dentro del capitalismo.

Durante los tiempos de la IV República, las pensiones de los jubilados y las jubilaciones burocráticas estuvieron muy por debajo de los salarios mínimos imperantes en la empresa privada.

Fue con el Presidente Chávez cuando empezaron a mejorar a manera de reivindicación en favor de los trabajadores ya cesanteados luego de 25 años de servicios y con 55 años y 60 o más años de edad para mujeres y hombres, respectivamente. Él equiparó las pensiones y jubilaciones al salario mínimo lo cual y de perogrullo fue muy bien recibido.

Pero, era que esos beneficios al anciano se hallaban muy por debajo del salario mínimo de los trabajadores activos y con mayor razón de la canasta básica ya que los salarios en nuestro país jamás han alcanzado el valor de esa cesta ni es posible alcanzarla en capitalismo, cual paradoja de Zenón.

Hoy, máxime con la permanente suba de precios, se trata de que las pensiones y jubilaciones deben tasarse con sus propios valores mínimos sin pasar por el salario mínimo, y tal vez así ellas se acerquen más al precio de la canasta básica.

 


 

[1] Ningún salario puede ser justo ya que siempre no pasará de ser una parte del valor creado en las fábricas por parte exclusiva de los trabajadores.

 

 



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Manuel C. Martínez


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