El Megamilagro llamado CLAP

En esta tierra de gracia vienen ocurriendo sucesos paranormales o supranormales por no llamarlos todavía fenómenos cargados de divinidad mundana. Todo comenzó con un Presidente apellidado Chávez.

Se cuenta en milenios la aparición sobre la Tierra de una de las plagas más duraderas, dañinas y contagiosas que ha conocido la humanidad; algo así como el mismísimo diablo hecho actividad económica.

Se trata del comercio o mecanismo mediante el cual los trabajadores o creadores de toda la riqueza artificial se ven obligados a soportar toda la impertinencia de los intermediarios atravesados entre la fábrica y ellos cuando por compraventa les toca disponer esos mismos bienes hechos mercancías que con sus manos elaboran para otros en esas fábricas cuyos dueños, además de lucrarse con los asalariados, permiten y fomentan que estos terminen de ser expoliados por quienes desde hace milenios vienen compartiendo la explotación del hombre por el hombre.

La Biblia, recopiladora de los albores de la humanidad, si bien menciona los abusos del milenario comerciante y el usurero, no pudo recoger en aquellos buhoneros que a las puertas de algún templo fueron echados a patadas por el hijo de Dios. Digamos que para entonces la configuración diabólica de estos intermediarios no se había metamorfoseado ni alcanzado su plenitud y vejez como lo ha hecho ahora en estos tiempos y en estas mismas tierras venezolanas.

Estamos refiriéndonos a los peores castigos recibidos por los cristianos y ni tan cristianos a quienes, como consumidores de sus modestos ingresos laborales, los esparcidos demonios del comercio vienen desangrando sin piedad alguna.

Sin embargo, de unos lustros para acá estamos presenciado sucesos donde la lucha cobra visos de fin de mundo: Los comerciantes se han empeñado en exterminar al trabajador con sus irreflexivas subas de precios y ajenas a toda consideración racional, ante lo cual, la misma contundencia de la ofensiva comercial ha parido el fenómeno milagroso de los CLAP, una alternativa que desde ya asoma en convertirse en el mediano plazo el fin del comercio, de esa plaga que cayó sobre esta tierra y está condenada a su desaparición más temprano que tarde.

Efectivamente, creemos que los CLAP representan el más poderoso competidor del comercio en conjunto más allá de las sencillas, aisladas, temporales y acomodaticias competencias entre fabricantes, entre intermediarios y entre capitalistas al cabo de las cuales más resultan esquilmados los clientes de esos diabólicos sujetos llamados empresarios del comercio.

Indudablemente, a pesar de que no es nada fácil acabar con la plaga del comerciante que se halla esparcido por miríadas sobre el planeta, armado con todo los poderes jurídicos mundanos, ahora se ve amenazado a salir del escenario social ya que los CLAP representan desde ya al comerciante estatal que sabrá vender a precios justos, una venta que no cruza por ni admite la perversa y endemoniada mente del comerciante privado, al cual le adelantamos su correspondiente R.I.P.


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Manuel C. Martínez


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