Mi palabra

90 minutos de pasión y sufrimiento para una remontada de la Vinotinto

"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral

y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol."

Albert Camus, Premio Nobel de Literatura

Comenzó la copa América y empezaron los corazones de los venezolanos a palpitar con mayor intensidad, porque llevan en el alma el amor y la pasión por un deporte, que mueve multitudes hacia un solo objetivo: ganar, a pesar de las contradicciones por el momento político. El venezolano ha aprendido a sufrir por su equipo y ahora, cuando empieza a dar demostraciones de valentía y gallardía para buscar la pelota y hacer, como decía el recién fallecido, César Luis Menotti el "flaco": "Un gol es un pase a la red" y en dos oportunidades dieron ese pase para los dos puntillazos, con el cual vencieron a la selección ecuatoriana.

Los primeros minutos fueron un desastre para ambas oncenas. A la selección ecuatoriana le expulsaron un jugador, pero a pesar de esa baja sensible y en momentos, cuando Venezuela se adueñaba del campo, vino el gol ecuatoriano, para acelerar las pasiones, como quedaba demostrado en las tribunas, con rostros ansiosos de goles, que no paraban de enarbolar las banderas de sus países, con orgullo y amor por la camiseta. Pero además avivaba la chispa de ambos directores técnicos, ya que, el gol de los ecuatorianos se produce, como cosas de un deporte, que muchas veces es tan ingrato, como un amor no correspondido.

El primero en mover las piezas, en medio de un resultado desfavorable fue, otro flaco, el argentino Fernando Batista, hermano de Sergio Batista, exjugador que fue campeón del mundo con Argentina en México 1986. La primera estrategia fue sacar a los dos jugadores con tarjeta amarilla y por simple intuición no iban a rendir lo esperado, porque se podían llevar la segunda amarilla para tarjeta roja y no se podía correr ese riesgo. Dicen, que, cuando las cosas salen bien los elogios y comentarios todos son favorables, pero lo cierto, es que los goles se presentaron de los cambios y en tiempo rápido y sin ninguna discusión.

Todos los jugadores de la Vinotinto entraron a la cancha, con el objetivo trazado de ganar y, no es para menos, con lo que han hecho en la eliminatoria al mundial, ya que, en cada presentación es, como si estuvieran disputando la gran final del próximo mundial, por la vehemencia, como buscan y defienden la pelota para enfrentar al arco rival y, es que el futbol se convierte en una pasión desbordada, que solamente la calma el gol y bien lo dijo, el sobresaliente escritor uruguayo Eduardo Galeano, tan humilde y sencillo, como un niño pegándole a un balón, tan aficionado, que en cada mundial colocaba un letrerito en la puerta de su residencia ¡No tengo tiempo, si no para el futbol!

Este deporte, como bien lo dijo el premio nobel de literatura Albert Camus, puede ayudar en la moral y las obligaciones de cualquier ser humano, pero de manera más resaltante en los que vienen de abajo, los que sufren en carne propia las desigualdades sociales, él vivió en ese mundo. En la cancha se vio a un Salomón Rondón dándolo todo por la camiseta al lado de muchachos, que apenas comienzan y un Jefferson Soteldo, más compenetrado con su profesión al entender, que de ahí depende su futuro, pero hay algo por resaltar de este jugador, porque se le vio la maduración necesaria a la hora de manejar la pelota, sabiendo que era el hombre a marcar, no lo pensaba mucho para pasar la pelota y los goles llegaron de los botines de jóvenes ambiciosos: Jhonder Cádiz y Eduard Bello, con una remontada para comenzar la copa América con la frente en alto a un paso de la siguiente ronda.



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Narciso Torrealba


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