La cosmética y las nietas

—Paisano, por ahí vi pasar sus nietas. —¡Ah sí! Esas muchachitas ahora andan esgreñaitas y desarregladitas. Ellas eran muy emperifolladas y arregladitas, pero como que le ha caído la mala. Y no es para menos. Si el jabón azul está en 300 mil, dicen que es perfumado y que así uno se ahora el perfume. Debe que allí es donde está la ganancia.

—Pero sí paisano, volviendo a mis nietas. Esas muchachitas tan guapas que eran, ahora parecen unas de esas hipitas que salen en las fotos de «Woodstock», ese concierto de hace como ochenta años atrás. Sin salir desnudas, por supuesto; porque hay que tener cierto recato. Las greñitas ahora las tienen todas chorreadas y no es para menos, sí un champú no baja de los 500 mil.

—Y del cabello no se sabe cuál es el color original. Porque desde que el tinte para pintar el pelo se puso como a 800 mil o más hasta al compadre le salieron canas. Ese hombre que tenía el pelo color del azabache, ahora resulta que lo tiene más blanco que un día de hambre.

—Y dígame usted las uñas, a esas muchachas no le faltan tres o cuatro colores, las manos le parecían un carnaval. Ni con azul de metileno se las pueden pintar, porque la masa no está para bollo. Que ni una hay ni el otro tampoco. Esas muchachitas parecen animas en pena, a mi me da lástima verlas así.

—Todas esmirriaditas, las pobres. Es que no se puede hacer nada. Uno sale a la calle y parece que estuviese viendo la película «Thriller», el que falta es Michael Jackson echando unos pasos. Todo el parece un zombie.

—Imagínese paisano, que unas de mis nietas me dijo el mes pasado: "Abuelo te acompaño a cobrar la pensión y me compras un «compacto»". —Yo inmediatamente le dije que sí, no sabía qué era eso, pero para no andar solo por ahí con ese platal. Al cobrar, después de tres horas, fallo por supuesto porque el banco nunca da completo lo que toca. Nos fuimos para una tienda de cosméticos.

—Nos metimos muy orondos a comprar esa cosa del «compacto». Y la nieta va y le pregunta a la primera dependienta, yo le había dado 20 mil de regalo que no le alcanzó para comprar una «piñita», ¿Cuánto cuesta el compacto no sé qué? La dependienta, muy amable, le dice 450 mil, precio viejo.

—Paisano, a aquella muchacha se les salieron las lágrimas, ahí mismo. Salió cabizbaja y jipiando. Yo iba caminando detrás de ella, por si acaso. Y aquello miraba para todos lados y se lamentaba y se lamentó.



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Obed Delfín


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