Descolonizar el pensar. No es fácil

Este artículo es un comentario sobre la dificultad para tener un pensamiento distinto al que nuestra cultura nos obliga. Lo hago a partir de los escritos en este portal por los señores Pedro Echeverría www.aporrea.org/ideologia/a292119.html y Germán Yépez https://www.aporrea.org/actualidad/a292126.html. Referidos a temas distintos pero similares, según aprecio, en el objetivo en cuestión. Me refiero a la verdad del discurso que política y salud mantienen, más bien, de los elementos contenidos en su condición moderna.

El artículo de Germán Yépez muestra desde su título tal lucha: enfermedades, vacunas y alimentos nutrientes, como maneras de ver el ataque viral (corovirus) que hoy azola el mundo y que se ha repetido en varias ocasiones, azolándolo de forma parecida, por la enorme capacidad de contagio de tales microorganismos y su poder letal al encontrar humanos con baja capacidad para enfrentarlos. Esto, hasta la parafernalia científica que, en algún secretísimo laboratorio de los países desarrollados, eventualmente descubría la VACUNA contra ese virus y lograba aumentar en cantidade desorbitadas la rentabilidad de tales laboratorios.

Yépez, en el último párrafo del escrito muestra lo que sabían los griegos: preparar al individuo para cualquier cosa, supongo, de las que pueden afectarlo gravemente, para disminuir la sorpresa que pueda representar. Ese es el objetivo de la experiencia humana, quizá de todo organismo. Por supuesto, al no saber que encontrará, la preparación es una generalización de lo conocido y posible de modificar.

También muestra Yépez lo que mi mamá usaba para enfrentar los males de cierta periodicidad generalzados por los médicos como virosis, que se asociaban a los cambios climáticos: entrada de las lluvias o inicio del frío de navidad. En nuestro caso, mamá alentaba el consumo de guarapitos de cebolla, limón y miel, pero había otros, que se tomaban calientes, frios o a temperatura, para aumentar las defensas, ante cualquier alteración viral que se diese en el ambiente, por algún infestado que lo regará en la calle, la escuela, el trabajo, etc. Es decir, preparar la defensa ante cualquier tipo de ataque viral.

También alerta Yépez sobre lo que es obvio, los químicos incorporados a los alimentos son un comienzo de nuestra baja capacidad de defensa antiviral, pero también, agrego, los alimentos venidos de la industria agrícola, sobre todo los resultantes de la modificación genética.

Yépez nos podría estar diciendo que hay otras opciones, al menos eso quiero interpretar, además de la verdad contenida en esa medicina de la farmacología, utilizada para control de los cuerpos, ahora de las poblaciones, según Foucault, otro europeo, pero no moderno en su pensar. Por supuesto, sólo me refiero a otra opción, de las cuales debe haber muchas en el mundo desechadas por ser tradiciones, mitos, etc.

El otro escrito, el del Echeverría es directo para la discusión de la otra verdad posible y, en ese caso, donde y cuando estaría la opción de tal novedad. Se refiere al escrito de Dussel donde se abre la perspectiva de la revolución por un nuevo mundo, más justo, pero sobre todo libre del sometimiento a un poder soportado en alguna verdad, como la de la modernidad, del neoliberalismo o de cualquier iglesia que ofrezca la salida para pasado mañana.

Discutir una salida revolucionaria, es decir, de un cambio en el dominio de una verdad distinta a lo que ya todos conocemos, no es fácil. La misma consideración de un marxismo descolonizado pareciera un quedarse en similares que nos hacen rebotar de nuevo hacia atrás.

Aunque las cuestiones a discutir sobre el pensamiento de este gran interprete del mundo moderno son mucho más profundas, pensar que cuestiones visibles como la centralización del partido, el sujeto histórico dado al proletriado, la conciencia proletria, que sólo conocen los intelectuales que, siguiendo a Lenín, dicen que sin teoría revolucionaria, la que ellos conocen, no hay revolución, etc., parece difícil avanzar en esa revolución que cita Echeverría de Dussel.

Por supuesto no digo que el pensamieto cietífico e ideológico este acabado, hablo de las enormes limitaciones que su manera de ver la realidad contiene. De lo dificil que es pensar de otra manera, sobre todo, si, como asegura toda iglesia, ella tiene la verdad y es única, lo demás puede existir o como mito, tradición superada o sometido a las reglas de su verdad.

Tampoco pienso que los guarapitos de mi mamá puedan resolver el asunto de las pandemias virales, sólo que el criterio utilizado en tales soluciones pueda, con su desarrollo como respuesta, con otras herramientas quizá, alcanzar alguna vía de solución, cuando menos de su amortiguamiento similar al de otras gripes, a veces mortales, generalmente malestares de variada intensidad, que permita vivir el resto de la vida, sin confinamiento, que es, finalmente, otra manera de someter.

Si no se superan verdades como las que muestran estos articulistas no parece posible lograr plantearse los cambios que ellos mismos proponen. Como decía el fubolista brasileño Garrincha, después de la estrategia de juego planteada por el entrenador, en alguno de los mundiales, "el equipo contrario también juega". La verdad de la opción que hoy domina, la burguesía financiera, también juega y todos los días acomoda su estrategia.

 

aldocolmenares@gmail.com



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