Corrupción a granel

  • La corrupción que no es un fenómeno exclusivo del sector político, degrada a las sociedades y la impunidad por sus delitos desmoraliza a los ciudadanos, generando las ansias por la obtención del dinero fácil y el menosprecio por el trabajo honesto y el ejercicio del servicio público con probidad.

Forma parte de rutina comunicacional leer en los diferentes medios del país y en la redes sociales, la detención de bandas delincuenciales que no solo azotan el erario nacional, los bienes públicos y la conformación de asociaciones para estafar a ciudadanos en las más diversas formas y modalidades, lo que constituye un grave precedente que afecta no solamente en lo económico sino, en la moral ciudadana, sobre todo, cuando no se la acción expedita de la justicia.

No hay algo que corrompa mas a la moral de una sociedad que la impunidad y que los ciudadanos vean como algunos funcionarios públicos, entidades privadas, con socios y familiares apelmacen fortunas, se pavoneen del enriquecimiento mal habido, contra a mirada estupefacta e incrédula de sus conciudadanos que ven avanzar la corruptela, de brazos cruzados, sin poder hacer nada y ni siquiera denunciar, porque la instancia para tal fin están prácticamente cerradas.

Lo que estamos observando en Venezuela es alarmante y los medios nos sorprende casi a diario con la denuncia y detención de bandas del crimen organizado, donde no falta un Alcalde, un, un militar, Guardia Nacional, parlamentarios nacionales y legisladores regionales, un Fiscal del Ministerio Público, particulares y familiares de presuntos involucrados en diversidad de delitos contra la sociedad en general.

A están bandas en cuestión, no les importa si el dinero sustraído es el de fisco nacional, si con el robo de cables afectan a miles de venezolanos, si la gasolina contrabandeada contribuye a los madrugonazos y trasnochos que millones de venezolanos deben sufrir para obtenerla, tampoco les importa si con su actividad ilícita ligada al narcotráfico envenenan a cientos de jóvenes y adultos; en fin no les importa ningún daño que puedan infringir, ya que por delante están sus intereses personales y ambición al dinero y el poder que da el dinero. Es precisamente, por esta visión inhumana y perversa que tienen del delito, que los hace indiferente al sufrimiento de millones de ciudadanos, es que debe actuarse ejemplarmente, con dureza, sin ambages, sin sentimientos nepóticos, para de alguna manera restablecer el orden que han trastocado.

Situaciones como las que describo desmoralizan a la mayoría de la sociedad que en mi opinión es honesta y rechaza estos procederes. El crimen, sobre todo, atizado con la impunidad, que invierte los valores sociales, que llega incluso a veces, a que tal comportamiento, sea justificado es nocivo y corrosivo para toda la sociedad. Recordemos por ejemplo, o mejor dicho como mal ejemplo, la expresión de una figura adeca como Gonzalo Barrios, quien, sin que le quedara nada por dentro, afirmó ante los medios de comunicación, época cuarto-republicana, que en Venezuela: "No existían razones para no robar". Imagínense, con esta frase de un ancla tan importante de Acción Democrática a la sazón, el estado de degradación moral y espiritual en que había caído la Venezuela, de esos tiempos.

Fue precisamente por ese estado de cosas degradantes, entre otras, que las fuerzas que impugnaban cambios de régimen de gobierno, tuvieron el aval moral de los ciudadanos y el apoyo político necesario para cambiar ese estado de cosas y construir una nueva Venezuela, una Venezuela decente, donde por los menos se bajara a niveles mínimos el estado de corrupción que nos arropaba.

Pero frente a lo que estamos viendo, que en cierto modo nos atemoriza e impacta, es que hay niveles de corrupción alarmantes y no quisiéramos ver y oír, ni siquiera pensarlo, que un ancla del proceso político actual en Venezuela, hiciera suya la tristemente frase de Gonzalo Barrios y dijera, que en Venezuela: "No existen razones para no robar".

Sabemos que la corrupción tiene raíces históricas, ya incluso el Libertador, Simón Bolívar, en su época, a través de Decretos, la condenaba y dictaba medidas severas para castigarla, pero no es el caso para justificar la existencia del mismo mal social posterior a esas fechas históricas.

Hablemos de ahora, que es lo que nos interesa y creo que le interesa la inmensa mayoría de los venezolanos. No creo que sea posible, que altos funcionarios del ejecutivo nacional amasen fortuna y se vanaglorien de tenerla y dilapidarla, sin que el entorno donde se desenvuelven los note, por lo menos debe existir complicidad y eso ya constituye un delito. Vemos de repente, en los medios internacionales, como altos funcionarios ligados al gobierno nacional, aparecen investigados en otros países, por millones y millones de dólares sustraídos y en nuestro país, no son tocados ni con el pétalo de una rosa. Ex Tesoreros del Estado, Fiscales, Enfermeros presidenciales, Altos Directivos de PDVSA, Ex Ministros, Ex Militares , Ex jueces, Ex Altos funcionarios gubernamentales, parlamentarios nacionales y legisladores regionales y pare de contar, cuyos nombres cuando son publicados, nos impacta, porque pensábamos que estaban en nuestro país, y no habíamos equivocado, porque estaban disfrutando de la fortuna robada, en paraísos fiscales o en otros países que los reciben con beneplácito para que invierta lo mal adquirido, en sus economías.

Hablando crudamente, ese comportamiento raterillo de cuanto señalo supra, no era lo que se esperaba de la nueva Venezuela. Es tan alarmante la situación, que puede constituir un sumidero para que por allí se escurran las esperanzas de un pueblo que apostó a una Venezuela digna, donde los recursos nacionales redundaran en beneficio de una población que tiene más de doscientos años esperando gobiernos que la reivindiquen y la rediman.

He oído enarbolar una especie de consigna que ya circula en los medios y en las redes sociales, hay que combatir la corrupción, caiga quien caiga. Pero si a esta consigna no se dota de contenido, no pasará de ser una consigna más y más temprano que tarde, veremos nuevos nombres, de encumbrados, salir en los medios involucrados en hechos de corrupción.

Y cuando hablo de darle contenido a la lucha contra la corrupción me refiero, a que hay que revisar el entorno de los gobernantes, sin guantes de seda, hay que expropiar las fortunas mal habidas, en manos de familiares y testaferros, hay que revisar los nexos de negocios de altos funcionarios y parlamentarios con entes privados donde esconden la caca. Hay que ver el tráfico de influencias que como red se va expandiendo para favorecer a los que tienen nexos con el gobierno. Deben agilizarse los juicios a los que son investigados, publicar sus nombres en la prensa y acortar los procesos para aplicar las penalidades que se merecen.

Sólo dictando medidas ejemplares, seleccionado a un funcionariado por su capacidad y no por sus nexos familiares o partidistas, creando un estatuto de comportamiento ético para aspirantes a cargos públicos, suspendiendo inmunidades, privilegios, aplicando en forma expedita las leyes vigentes y denunciando sistemáticamente desde los más altos niveles a los que incurren en estas prácticas, puede contenerse un fenómeno como el comentamos que puede dar al traste con cualquier proceso político que no lo advierta y contenga oportunamente. Vean por ejemplo, como el narcotráfico y sus redes de corrupción, han ido de la mano con los políticos de Colombia y México, acorralando a esas sociedades. Mirémonos en ese espejo, de nuestra región, para no señalar otros casos, que por razones de espacio no podemos explicitar y preguntémonos, con la mano en el pecho, si una Venezuela así es la que deseamos para las futuras generaciones.



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Jesús Sotillo Bolívar

Docente en la UCV

 jesussotillo45@gmail.com

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