Metro Bodega

—Esto es un caos, camará Dijo un caos, pero más bien una inmundicia.

El otro día voy por la calle El Recreo, ahí en Sabana Grande, rumbo a Bello Monte cuando veo una venta de carne, ahí mismo en la calle frente al centro comercial, vale.

En aquel suciero. Porque por esa calle pasa el carro parejo y se imagina como estará esa carne al aire libre llena de moscas y monóxido.

Además, esa gente no tiene ningún permiso sanitario para vender. Y ¿de dónde sacan esa carne? Eso puede ser algún animal enfermo que se murió y la consiguieron barata.

Esa carne no tiene ninguna procedencia avalada por la sanidad e imagino que los vendedores tampoco.

Esto es una inmundicia, cualquiera puede pararse en la calle que le dé la gana y se pone a vender lo que sea.

—Así mismo es. ¿Se ha fijao en esa venta de pan en la calle?

—Un pan fermentado y sin lugar de procedencia.

¿Quién sabe en qué condiciones sanitarias lo hacen?

Eso es lo que se llama anarquía. Cada quién hace lo que le da la gana y dónde quiere.

Y cuidado le dicen algo.

¿A eso llaman libertad? Que vao, esto es un país enfermo.

—Y desde hace tiempo atrás.

—Mire camará, el otro día me monté en el Metro y usted sabe que yo soy medio averiguador.

—No lo diga dos veces, que es capaz que no le creen.

—Sin chaleco, mi pana. Le iba diciendo montado en el Metro porque usted sabe que ahí venden chucherías a granel.

Caso aparte, el otro día vi a uno vendiendo comino, onoto y nos sé que otras especies.

Fíjese por donde vamos para que no lo agarre de sorpresa cuando empiecen a vender sopa y quién sabe qué más cosas.

Además de los están pidiendo, esos hacen cola y van uno detrás del otro. Que si me dan para esto o para aquello.

El Metro se ha convertido en el callejón de los milagros.

Bueno, lo que le quería contarle y me fui por la tangente es que pasa un vendedor de chupetas y más atrás viene otro vendiendo caramelos y la samba a 10 bolos.

Y uno le pregunta al otro —¿Cómo va la cosas? Y el otro le responde —Atrinca, la guardia anda dura. —¿Y ya pasaron raqueta? —Sí vale, están pidiendo 10 mil. —¿Ya tú te bajaste? —Qué más.

¿Qué le parece? ¿Cuándo se van a acabar los vendedores de chucherías en el Metro? Si ya la policía tiene un negocio con esos muchachos.

Le pasan raqueta temprano y los dejan tranquilos que vendan lo que quieran.

Con razón la Metro Bodega es un negocio pujante.

Debiesen ponerlo a cotizar en la bolsa de valores.

—Y todo esto se justifica con qué la situación está muy difícil, para no decir la mala palabra.

Por eso es que nada funciona, porque mientras nada funcione hay negocio para sacar los reales.

Esa es la mera verdad.

El policía matraquea a los buhoneros, a los parqueros, a quien se le atraviese y eso porque nada funciona.

—Con razón todo está como está.

El caos es como el río revuelto, ahí cualquiera pesca.

Todo está maquinado para estar en el desorden.

El Metro es la desidia, las ventas ambulantes y buhoneros venden lo que sea, como el caso del vendedor de carne en la calle El Recreo de Sabana Grande.

La población anda enferma por todo ese desbarajuste que existe.

Y una población enferma no va pa’l baile.

—Hablamos luego, voy a comprar unos cambures.

Que ya están a 8 mil soberanos el kilo. Comida de pobre esta.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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