Escarpines para clasistas del Psuvismo

Desde hace mucho tiempo venimos advirtiendo un descalabro social, debido principalmente a la deshonestidad y el cinismo de los dirigentes políticos, gremiales, clasistas, banqueros, educativos…, quienes se arrogan la cualidad de líderes sin cumplir un mínimo de condiciones para así llamarse. Ser líder no significa tener poder de mando exclusivamente, implica subordinar el poder individual al beneficio del grupo, madurar en la personalidad y poseer armonía, humanismo y conocimiento.

El perfil del líder es el que está imbuido de filantropía, aquel que no rehúye las responsabilidades y las asume todas para solucionar los conflictos, frustraciones y necesidades, más que en beneficio propio para provecho de los demás. El verdadero líder no hace de la fuerza la razón de su hombría, ni siquiera en el campo militar.
Entonces, al parecer la crisis se genera en la carencia de líderes, pues no los hay, y si existen ellos son muy pocos en la política, las empresas públicas y privada, en el sistema educativo, en las iglesias; ni siquiera en la familia cuenta con padres líderes capaces de encaminar a la descendencia por derroteros.

Si bien es cierto que nadie puede deslindarse de responsabilidades, no hay duda de que los cabecillas llevan sobre sus lomos el mayor peso. Estos dirigentes son los llamados líderes, personas que se han ganado respetabilidad por sus ejecutorias y singulares cualidades como en la toma de decisiones, sea con aquiescencia de los demás o por sí y ante sí.

Ahora bien; el liderazgo no es bueno ni malo “per se” de acuerdo a los medios y fines que persigue. De muchas taxonomías, sigue siendo clásica aquella que la clasifica en legal, carismática y tradicional, siendo las dos primeras las que se han dado en el país y Latinoamérica. Cuando se habla de liderazgo no solo hay que pensar en el político, sino reconocer que los líderes están presentes en todas las actividades humanas.
Por la coyuntura que vivimos y por el espacio que disponemos, solo hablemos de aquel liderazgo que alcanza legitimidad sin trampas, sin violencia, con acuerdos, confrontando ideas a la luz del día, con alta dosis de tolerancia y de diálogo, diálogo que no significa imponer criterios ni ser obsecuente con los otros, sino otorgar concesiones y a la vez convencer por los suyos.

Hace años escuché al ex presidente Felipe González reprochar por el liderazgo democrático, en tiempos en que empezaron a pulular los neopopulistas, autócratas, totalitarios y megalómanos. Dijo: “Hay una crisis de liderazgo. Es muy serio. Yo creo que ha perdido calidad el debate político. Lo veo ahora en España. Da miedo lo que ocurre”.
El pensamiento del abogado, maestro y político socialista español tiene vigencia hoy. Ahora que nos acercamos a un nuevo proceso electoral de carácter municipal, es necesario buscar líderes para que nos representen con solvencia y dignidad.

Los intereses políticos y económicos de las persona y de los Estados jamás se fusionarán y se fortalecerán si de por medio está en juego la supervivencia particular de sus intereses geopolíticos, geoeconómicos y sociales, por el contrario son estos propios intereses los que terminan degenerando las fricciones, los roces, los conflictos y las graves crisis como las que actualmente está viviendo nuestro país, por tal motivo es innegable no aceptar que la paz y la violencia se anidan por igual en el alma del hombre, porque las mismas representan y representarán la dualidad innegable que existe entre el bien y el mal, hoy como ayer son los sistemas políticos, sus líderes, sus frágiles esquemas sociales y económicos, sumados a ellos una diplomacia mal concebida y estructurada, unas Fuerzas Armadas desequipadas y desatendidas las que están socavando el manejo exitoso de una crisis que tiende a agudizarse.

La crisis que vive la sociedad es de toda índole, empezando por la familia hasta la política, educación, economía, religión, deporte, medio ambiente, valores, etc. Esto hace necesario que se examine las causas de las mismas, so pena de entrar en un caos difícil salir. La crisis es una situación con alto nivel de conflictividad e incertidumbre, que afecta las actividades básicas de la gente y de sus instituciones.

La juventud es semilla que germina. Los jóvenes son inspiración, fuego en su carácter, fuerza en sus brazos, imaginación que vuela sin complicidades con el pasado y tiene el privilegio de esparcir semillas nuevas para forjar una historia que comienza en sus días. Así como nosotros provenimos de una generación que nos encendió una tea para alcanzar nuevas metas, y no simplemente vivir para envejecer, qué ejemplo llevarán las nuevas generaciones, ¿al buen ejemplo que creemos dar nosotros, ¿qué será lo que reciben nuestros hijos? Actualmente hay estudios sociológicos que demuestran que la mayoría de los jóvenes dejaron de ser utópicos, no se preocupan mucho por cambiar el mundo ni defender sus ideales, están más centrados en el consumismo, en mantener su imagen, los valores familiares han perdido peso, hay una nueva visión en este aspecto posiblemente basadas en opiniones cada vez más tolerantes. Lo que sí observamos un cambio positivo en cuanto en otros valores como lo es el compromiso con el medio ambiente, la solidaridad con la naturaleza y la vida saludable en Ahora fijémonos también en el campo científico. Vemos que la tecnología revolucionó el mundo. Parece que en las nuevas generaciones viene incorporada la tecnología haciendo un enganche el aprendizaje virtual, acelerando la vida y las exigencias para ser útiles dentro de un mundo globalizado. Se tiene acceso a estudios online en las que se pueden obtener maestrías o ciertos estudios más avanzados y este hecho de adquirir con más facilidad los conocimientos, se exige más preparación y actualización en cada rama para estar a la vanguardia en lo laboral y personal. Pero esta vivencia dentro del universo digital no debe transmutarse como en un adoctrinamiento para perder valores básicos del humano que son los más sencillos pero los más fuertes el interactuar física y realmente sin dejarse opacar por esta digitalización que frecuentemente los separa con el mundo que les rodea, sin permitirles darse un enfoque a ser ellos mismos muchos de ellos.

Ningún episodio histórico visto con los ojos del presente aguanta el relato de su tiempo. Pero entre la batalla de las interpretaciones y el derribo de estatuas se abre un espacio para pasar página que no deja de causar asombro.

Pero, necesitamos es líderes verdaderos. En Venezuela, necesitamos reescribir la historia, que no sea tan lejana, han destruido el Estado- Nación y la ciudadanía aparece indiferente. La historia es como la ceniza de un incendio.  Asombra sobre todo contemplar cómo se reescribe.

La tormenta que sacude hasta los cimientos del Psuv y el chavismo, confirma que ese no es un partido, sino un conglomerado sin principios, doctrina, debates internos, teoría, ni historia. Nada los une, salvo la oportunidad y el oportunismo.

A esa masa la juntan la marca de fábrica Madurísimo, el dinero derramado en la propaganda por todo el país, el mito de que Chávez Frías fue quien derrotó a CAP y las obras locales que él inauguró, pero no proyectó ni impulsó. Siguen en la historia de las fabulaciones.
 



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Emiro Vera Suárez


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