Nuestros aplicadores y despachadores de justicia se están pareciendo a los supermercados, con muchos clientes y pocos cajeros

Hemos recibido una justicia  violenta, arbitraria y politizada; esto fue lo que ocurrió desde los mismos tiempos de la Primera República con el mandón de José Antonio Páez.

 La 3ra. República se movió así con el dictador Juan Vicente Gómez y sus 27 añitos de hacer lo que vino en gana con la anuencia y respaldo de EE UU; él era la ley, el abogado, el juez y el carcelero.

La 4ta. República se entretuvo durante 40 años torturando matando, desapareciendo ciudadanos y  entregando el país  a los países imperiales. Sus mandatarios hicieron las leyes para hacerlas cumplir antes de que los delitos se comprobaran, o sea, reaccionaban antes de la comisión de acciones delictivas.

Ahora, en esta 5ta República, estamos observando un  notorio desfasamiento entre las acciones y reacciones que deberían provocar delitos hasta cometidos y descubiertos en flagrancia.

Un hecho notorio observado durante estos últimos 15 años es la correlación dada entre la  lenta aplicación de justicia (reacción) con sanciones concretas y efectivas y la recomisión de delitos (acción) de notoria ocurrencia y repitencia con culpables hasta confesos.

Pareciera que estamos en presencia del principio sui géneris de acción y reacción, pero, entendiendo esta última como nueva acción. ¿Acaso, porque   estamos en revolución democrática, algunos  los delincuentes gozan de derechos nunca respetados por ellos en función de gobierno?

Si antes los gobernantes resultaron impunes con sus delitos cometidos contra inocentes  y disidentes, ahora pareciera que algunos delincuentes siguen siendo gobierno sólo que no habitan en Miraflores.

 Todo proceso justiciero insume su tiempo, pero el principio de acción pareciera andar por un lado y su correspondiente reacción por otro. Algo falla en el cumplimiento de este principio porque mientras los delitos no sean sancionados oportunamente, su comisión tiende   a multiplicarse, y si la justicia no opera con rapidez con pocos delitos, es de suponerse que con una mayor cantidad de delitos, mayor será su tardanza en aplicar las correspondientes sentencias.

Corolario: Nuestros aplicadores y  despachadores de justicia se están pareciendo a los supermercados con muchos clientes y pocos cajeros.

12/02/2015 05:45:36 p.m.



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Manuel C. Martínez


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