Cantaura, hace 34 años. Los Changurriales en la mira del bombardeo

Un saldo de 23 víctimas dejó el ataque ordenado desde la presidencia de Luis Herrera Campíns

En Guanta, una población situada al noroeste de Anzoátegui, un hombre humilde sentado en una acera, supo decirme sin preguntarle, casi que pensaba en voz alta a media mañana de un 4 de octubre, que ese día cobraba importancia porque se cumplía un año más de la masacre de Cantaura.

Para él significaba algo familiar porque una de las víctimas, Emperatriz Guzmán, era oriunda de Chorrerón, un vecindario contiguo a este pequeño pueblo con características de valle y funciones de puerto de aguas profundas. Cuando Guzmán cayó abatida por la embestida no hubo vecino que no derramara el llanto.

La vía hacia Cantaura es una recta que apunta al Sur del estado Anzoátegui. Y fue en Los Changurriales, zona aledaña al área, y a las cinco y 30 de la mañana de hace 34 años, cuando ocurrió un bombardeo que tuvo su origen desde dos aviones Camberras pertenecientes a las Fuerzas Aérea Nacional, FAN, y las metrallas de dos Brocos, los cuales dejaron un saldo de 23 víctimas cuyos familiares aún continúan exigiendo justicia.

Hace ya unos cinco años visité el lugar. Se trata de un descampado donde imperan altos árboles y una vegetación espesa, vorágine donde estaba instalado el grupo guerrillero Frente Américo Silva, quienes fueron asaltados un 4 de octubre de 1982 mientras apenas despertaban.

Intentaba realizar entonces un documental sobre el caso y me acerqué hasta el sitio acompañado por dos de los sobrevivientes. Una vez en el reconocimiento se unió al grupo el abogado Rafael Hurtado Bravo, autor del libro Cantaura: la masacre anunciada. 2009. Para quienes pudieron escapar del cerco militar, esta visita a Los Changurriales significaba desandar los caminos otrora recorridos al lado de sus compañeros, según dijeron cada vez que regresaban eran contagiados por una especie de nostalgia por los caídos, motivo que los inspiraba a continuar la lucha.

La noticia llegó al amanecer

Entrevisté tanto a los guerrilleros que salieron ilesos como a los familiares de las víctimas. Pero quise ir mucho más allá y busqué todo lo que fue la cobertura periodística local y nacional. Las imágenes de archivo que encontré pertenecían a la extinta Radio Caracas Televisión.

Conversé con Edgar Guevara y Andrés Upamo, el primero periodista y el segundo camarógrafo. Ambos salieron raudos desde Barcelona, Anzoátegui, una vez que se enteraron del bombardeo y recibieran la encomienda de prestarle apoyo a la periodista Leda Santodomingo, y a su equipo, que de acuerdo a ellos estaban en el sitio casi inmediatamente después del bombardeo.

También abordé a Israel Quijada, un viejo reportero con una voz atronadora que venía de ejercer en los medios audiovisuales, y que igualmente viajó para recabar impresiones sobre lo acontecido.

Pero fue Rigo Moreno, redactor de Antorcha en El Tigre, quien apegado a su versión de los hechos contó haber sido el primero en llegar a Los Changurriales, debido a que desde su casa escuchó el bombardeo que regó los aviones Camberras y los Broncos sobre esa soledad que es la Mesa de Guanipa.

Todos coincidieron que lo ocurrido en Cantaura aquel día de octubre no se podía calificar de otra forma sino de una masacre…

La versión de los sobrevivientes

Alejandro Velásquez Guerra, apodado "El camarita" dice que él vio como el zambombazo pegó de un árbol y lo señala una vez que estamos recorriendo Los Changurriales. Él, quien había regresado minutos antes de la vigilancia nocturna y engullía un sorbo de café, elevó su voz a los comandantes guerrilleros quienes aún no reconocían la magnitud del ataque, por lo que no tuvieron tiempo de zafarse de la muerte: "Aquello parecía un infierno", dijo.

Cándido Montilla, otro de los sobrevivientes, relató cómo se desató a correr y se escondió entre la empalizada en tanto que escuchaba las voces de los enemigos que aún le buscaban con el objetivo de exterminarlos, así fue como pudo burlar el cerco militar y salir con vida para recomponer la historia de su grupo que estaba siendo desarmada.

La osadía de César Pereira resultó mayor. Él estuvo extraviado varios días buscando la mejor forma de escapar de lo que era una horrorosa persecución. Al ver algún helicóptero recorriendo el lugar, se escondía. Corría. Se volvía a esconder. Hasta que avistó a unos campesinos que le dieron de beber y comer y le señalaron la salida hacia la carretera.

Los familiares reclaman justicia

Como se recordará el ataque al Frente Américo Silva tuvo por objetivo acabar con los grupos guerrilleros en el país, política de Estado llevada a cabo durante la presidencia de Luis Herrera Campíns y perpetrada por la FAN y la Disip bajo la egida de Henry López Sisco.

Todos aún lloran a sus familiares y siguen reclamando que se haga justicia.





 



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