Todo empezó con una maceta
| Los reporteros hicieron un homenaje a una mítica película del cine porno al bautizar a su fuente | |
La identidad de Garganta Profunda, la misteriosa fuente que permitió al The Washington Post publicar los detalles del escándalo Watergate, y con ello provocar la dimisión del presidente Richard Nixon, ha sido durante más de 30 años el secreto mejor guardado de la historia del periodismo.
La revista Vanity Fair reveló ayer la identidad del informante: un alto responsable del FBI, Mark Felt, quien hoy tiene 91 años. En realidad, además del propio Garganta, sólo tres personas sabían hasta ahora quién se ocultaba tras ese sobrenombre, un homenaje nada indisimulado a una mítica película porno, que escandalizaba y entusiasmaba a partes iguales por entonces.
Esas tres personas que estaban en el ajo eran Bob Woodward y Carl Bernstein, ganadores del Pulitzer por la mayor exclusiva de sus vidas, y Ben Bradlee, que en aquella época era el director del Post. Los tres juraron que no delatarían al personaje hasta que éste falleciera. Bob Woodward siempre se mantuvo inflexible en su determinación de proteger una fuente que, según él, quería permanecer en el anonimato. La estrella del periodismo firmó ayer en el Post un artículo junto a su ex compañero y a su antiguo jefe admitiendo la identidad de la fuente.
En su libro Todos los hombres del presidente, en el que se basó la película homónima, escrito junto a su colega Bernstein, Woodward describió a Garganta Profunda como alguien con una posición estratégica en el seno del poder ejecutivo, alguien con quien se podía "contactar únicamente en ocasiones muy importantes" y que tenía acceso a informaciones de la Casa Blanca, del FBI, de la Secretaría de Justicia y de los responsables de la campaña de reelección de Nixon.
Las reuniones entre el periodista y su comunicante, que "sufrió por tener que ocultar sus sentimientos", hicieron elucubrar a generaciones a estudiantes de periodismo, embrujados por lo novelesco de esta relación.Un ejemplo: Woodward se encontraba de noche con Garganta Profunda en un aparcamiento subterráneo de Washington. Para indicarle que quería verle, el periodista movía de sitio una maceta en el balcón de su apartamento. Cuando, por el contrario, era Garganta quien quería citarse con el reportero le escribía una contraseña en un ejemplar del The New York Times que dejaba a la puerta de su vivienda de madrugada.
Durante todos estos años se barajaron numerosos nombres, provocando a menudo rotundos desmentidos de las personalidades mencionadas. Fue el caso de Alexander Haig, secretario general de la Casa Blanca durante los últimos meses de la presidencia Nixon, que fue insistemente señalado como el informante hasta que el propio Woodward se encargó de desmentirlo.
Hubo quienes aludieron a la posibilidad de que Garganta Profunda fueran en realidad varias personas. También circularon los nombres del entonces secretario de Estado, Henry Kissinger; de dos altos cargos de la CIA, William Colby y Cord Meyer; y de tres responsables del FBI, Patrick Gray, Charles W. Bates y, por fin, Mark Felt, respectivamente director, director adjunto y subdirector del Bureau. Mark Felt nunca se preocupó de desmentir los rumores. Ahora, treinta años después, se sabe por qué.