La medicina sistémica: comercio médico o el retorno de los brujos (III)

III
“Los tratamientos científicos son
cientos o miles de veces más eficaces
que los alternativos”.
CARL SAGAN

La medicina científica –la que aprendemos i enseñamos en las universidades– es quizá de las disciplinas que más han avanzado en el mundo. La longevidad que aumenta cada vez más, según el autor de la cita epígrafe, quizá sea la mejor medida de la calidad de la vida física. Sin embargo, era mi tesis en Sociología Médica i en Ética Médica, estimar que la cultura, en el sentido de cultura inmaterial o del intelecto, es fuente de principios o valores éticos; por mui alto que social i económicamente estén ciertos individuos, las supersticiones i creencia erróneas, religiosas o mágicas, deforman la existencia. Sagan cita que Nancy i Ronald Reagan –pareja presidencial en USA– consultaban a un astrólogo, para temas privados o públicos, i sabemos que la Astrología, es una de las supercherías contemporáneas, que se disfrazan con la Astronomía. Durante mi vida profesional he vivido de cerca los disparates religiosos, por ejemplo de los Testigos de Jehová, una secta fundada en Norteamérica por Charles Taze Russell en 1872, secta que interpretó el versículo 17 del Génesis, para decir que la sangre es alma i por ello rechazan transfusiones o sus derivados. Conocí i le escuché una charla, a un testigo de Jehová que ¡era hematólogo! Pienso con humor, que debía ser “almólogo”.Empero, también en los médicos, las comunicaciones modernas, le han puesto en contacto con milenarios procedimientos médicos orientales, principalmente la acupuntura o ciertos ejercicios corporales que, les han resultado atrayentes, sin reflexionar que durante miles de años no han avanzado nada (no tienen fundamento científico) i que al contrario, ellos están “occidentizando” su medicina i la cirugía, como hizo el Japón con las matemáticas, después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Por eso, todas esas medicinas alternativas (denominación que parece unificarlas) son realmente pseudo-ciencia, i aunque la ciencia avanza cometiendo i superando errores (quien conozca el método científico a partir de aquella frase de Einstein de ser la ciencia, el “ir del conocimiento de unos hechos, al conocimiento de nuevos hechos”, una conceptuación humilde o modesta) tiene que convencerse de que, los errores de la pseudo-ciencia no se superan i por lo tanto permanecen.
La medicina de hoy, la del siglo XXI, se pierde de vista de sus extraordinarios i casi increíbles logros i avances. Vemos lo que sucede con la Genética i el estudio casi total del genoma humano i las perspectivas grandiosas que promete la ingeniería biomédica. Vemos las maravillas de los mecanismos tecnológicos para el diagnóstico, desde los rayos X hasta la Resonancia Magnética; las formidables intervenciones quirúrgicas en todas las regiones del cuerpo humano, incluyendo cerebro i corazón, hasta la cirugía dentro del vientre de la madre o la Cirugía Laparoscópica. Igualmente los transplantes i la tecnología de las prótesis. Todo es tan grandioso que, por ejemplo, mi padre, muerto unos días antes de mi grado hace ya medio siglo, no pudo imaginar ni sospechar lo que en la actualidad vemos. Mas, esa ciencia requiere más estudio, dedicación i vocación que nunca, hasta llegar a los más grandes sacrificios. Eso aleja a muchos que tomaron la profesión, solamente como un modo de ganarse la vida i de hacer mucho dinero, con el menor esfuerzo. Algunos, dicen, se gradúan no de médicos, sino de gerentes médicos. Si no son accionistas de una clínica, si no tienen un consultorio lujoso i un automóvil millonario, no han tenido éxito ni son buenos médicos. Afortunadamente algunos o tal vez, muchos, siguen pensando de distinto modo i respetan hasta con veneración, la profesión.
Personalmente me siento un ejemplo de lo que la medicina científica, puede hacer por un ser humano. Desde hace más de 13 años, un gran cirujano, de los que me llaman profesor, abrió mi corazón i me cambió por una válvula metálica, la mitral insuficiente. A él le debo, junto con su esposa, una maravillosa anestesióloga, estas entradas extras en el juego personal de la existencia. ¿Me habría sucedido lo mismo, si carente de cultura o por ignorancia o ingenuidad, me hubiese tratado con plantas superiores? Realmente, me apena de la Medicina Sistémica, hasta la ingenuidad de los pacientes que se prestan para dar testimonio de las maravillas de esa medicina.
El término sistémico, implica al organismo en su conjunto, aunque no son “toderos” sino que están por especialidades; pero eso también es válido en la verdadera medicina científica, puesto que todas las enfermedades son psicosomáticas i todas las enfermedades las consideramos sociales. No es solamente el hombre i su entorno i dintorno quien enferma, sino el grupo familiar i la sociedad toda. Con ese compromiso, que no lo disfrazamos con apólogos, está comprometida la Medicina i la Ciencia. I no olvidemos, como dice el mismo Sagan, que los valores de la ciencia, son concordantes con los de la democracia. No deseamos el retorno de los brujos.


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Roberto Jiménez Maggiolo


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