Lo que uno oye es la versión de un “quemaíto”.

¡Inquisidores, brujos y brujas!

Se toman para sí la desagradable tarea de hurgar aquí y allá, sin escrúpulos ni delicadezas, en búsqueda de herejes.

Siempre van armados de lupa inmensa, para que nada se escape y guadaña afilada para sesgar pasto o lo que crean malojo y, hasta de cuajo, arrancar cabezas. Para esto último no se les agua el ojo.

No son vigilantes propiamente dichos que otean horizonte y contribuyen a orientar adecuadamente el rumbo, sino pescadores de sirenas, delfines, presas inofensivas, útiles para el ecosistema, la vida marina y desacostumbradas en el consumo humano. En veces, si se les deja hacer, se comportan como depredadores.

La edad media es su fecha de nacimiento y han estado en todos los frentes.

De estos lo fue Joseph Mccarthy, en la década del 50, senador de los Estados Unidos, quien desde una comisión del Congreso se dedicó a perseguir y destruir a todo aquel que se le antojaba comunista en medio de lo tenso de la guerra fría. Aquellas acusaciones y persecuciones por él orquestadas fueron calificadas como cacerías de brujas. Lo que aprovechó Arthur Miller para escribir “Las Brujas de Salem”.

Para el gran inquisidor de la “democracia gringa”, eran comunistas y en consecuencia enemigos de la sociedad norteamericana y como tal, merecedores de severos castigos, todos aquellos que se le antojasen a él y sus secuaces. Cientos de personajes, de ellos muchos intelectuales, artistas, obreros, cayeron ante la ferocidad de su oxidada guadaña. Su sólo existir y no dejarse marcar como alfa o beta, les hacía sospechosos y condenables.

Esos inquisidores creen ser intérpretes fieles de la palabra por otro u otros pronunciada. Ésta sólo se explica por la suya, con lo que demuestran creer que quien habló lo hizo en parábolas sólo por ellos, los de la Santa Inquisición, interpretadas adecuadamente.

De modo pues que la palabra oficial, central del pensamiento ecuménico, no viene de donde uno cree oírla sino de los inquisidores que no sólo están para perseguir, juzgar, sino para decidir sobre lo dicho.

Amigos de la causa, en apariencia buenos samaritanos, a quienes el líder tiene en alta estima y elogia e invita a su lado como buenos acompañantes, aunque sea para una caminata corta, han sido sentenciados por los inquisidores a caer bajo la acción de la guadaña en lo inmediato y “caerán pese se manifiesten arrepentidos”. En este caso no admiten aquel simplismo pero sabio, toda regla tiene su excepción Para eso van por allí, catecismo en mano, señalando los vicios y pecados que habría de cobrárseles. Además, sugieren sin que puedan apoyarse en los viejos papiros que también portan, que se les dio luz verde. Como si quienes ese poder les otorgaron jugasen a las dos cartas o hablasen por dos bocas. Una para todos y otra para ellos.

Mientras de arriba mejor se hable o aprecie el aporte de “empresarios con sentido o sensibilidad social”, un juicio correspondiente a la historia, el momento, carácter de la lucha de clases y por los rebullones de Juan Primito, más se exacerban las rabietas de los portadores de guadaña y les aumentan las ganas de interpretar y apostrofar.

Si el comando, con el líder al frente, decide no demoler todo de un solo hachazo o mazazo, porque mejor es aprovechar lo existente y cambiarlo al paso firme y además lo expresan y diseñan, los inquisidores dirán que aquellos quieren decir lo contrario y vamos a un ritmo y orientación distinta. Los de a pie, del común que expresen lo mismo, no están en nada y menos con quienes originalmente aquello dijeron. Es una manera también de expresarse disociados.

No es la palabra de los primeros, quienes en cierto modo están llamados a pronunciarla y la que uno escucha, sino lo dicho por los inquisidores, únicos escuchas directos, intérpretes y traductores. Para ellos, lo que uno oye en vivo y en directo, cuando hablan de arriba, al contrario es la versión de un CD quemado o chimbo.

Los inquisidores están, sin que quepa la menor duda, en la primera línea de defensa del líder y del proceso que no va por donde éste diga sino por donde les da la gana a ellos. No reclaman a aquel que hable como ellos, no le censuran, pero si a quienes le repitan. Estos están bajo vigilancia y la guadaña encima, como “Espada de Damocles”.

Como aquel grupo publicitario venezolano de la década del cincuenta llamado ARS, que dio nombre a una fracción política adeca, los inquisidores son exponentes de aquello de “déjenos pensar por usted”. “Si tiene la osadía de pensar y no piensa como creemos, no es digno de estar entre nosotros”.

Pues la vida, el movimiento están totalizados en la palabra inquisidora.

¡Vivan la naturaleza muerta, los manuales codificados, la ortodoxia, guadaña y la cacería de brujas! ¡Muera el atreverse a pensar después de haber oído la interpretación que los inquisidores han hecho! Quien lo haga es un hereje.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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