Publicado el 15/07/2004 por Elson Concepción Pérez.
En su aberrante y furibundo odio hacia Cuba, el Gobierno de Estados Unidos ha puesto a nuestro país en la lista de los que permiten el turismo sexual de menores.
Es tan obvio que se trata de una falacia más, que unos pocos elementos bastarían para demostrar cuáles, en realidad, son la situación y la política de Cuba respecto al tema.
Pero, antes, demos un rápido "paseo" por algunas partes de este mundo, y veamos qué sucede al respecto.
Naciones Unidas ha definido tres formas de explotación sexual: 1) prostitución infantil, 2) trata y venta de niños con fines sexuales dentro o fuera del país, 3) pornografía infantil.
También reconocido internacionalmente se sabe que las causas fundamentales para esta práctica, están relacionadas con situaciones económicas y sociales, falta de leyes o normativas que la condenen enérgicamente, poca voluntad gubernamental para eliminarla, y negocios corruptos donde muchas veces están involucrados funcionarios públicos o mafias traficantes de menores.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existen 400 millones de niños de entre 10 y 14 años que trabajan. La opulenta Europa reconoce tener 5 millones de menores que laboran sin tener edad legal para hacerlo.
La cifra de niños que no asisten a la escuela es de 300 millones en todo el planeta y los llamados "niños de la calle" ya superan los 100 millones, 40 millones de ellos en América Latina, según UNICEF.
El reconocimiento más terrible, sin embargo, es que la gran mayoría de estos niños es llevada a la prostitución o a la drogadicción.
Además, la mortalidad infantil en el mundo supera la cifra de 14 millones de niños antes de cumplir los 5 años de edad, muchos de ellos por enfermedades previsibles.
La crisis familiar, la desaparición de esta como aglutinante social y cultural, la inseguridad y el miedo en una sociedad cada vez más violenta, el abandono escolar desde edades tempranas y la falta de acceso a planes preventivos de educación para la salud, conforman el caldo de cultivo que incentiva la prostitución infantil.
A todo ello se une el uso y abuso de la televisión que, o promueve programaciones con buena dosis de pornografía o de las que incentivan el sexo desde edades tempranas, todo como parte de un mundo enajenado y con profundas crisis de valores como es el capitalista.
La situación descrita es determinante en el comportamiento de la prostitución infantil y juvenil.
Hoy se reconoce a la industria del sexo con un movimiento de entre 5 000 y 7 000 millones de dólares al año, muy cercanos a lo que se gasta en armamentos.
La explotación sexual infantil —se admite por organismos internacionales especializados— es el tercer gran negocio mundial tras el tráfico de drogas y de armas.
Europa se calcula que reciba cada año no menos de medio millón de trabajadoras del sexo, básicamente inmigrantes.
Y, un dato actual y sorprendente: el 70% de los 252 millones de libras esterlinas (moneda inglesa) que en Gran Bretaña se gastaron en comercio electrónico, fue para adquirir sexo en alguna de sus modalidades.
Más de 30 000 turistas españoles viajan cada año en busca de sexo con niños, fundamentalmente a países de Iberoamérica, y es la nación ibérica, después de Estados Unidos, el segundo consumidor de pornografía infantil del mundo por vía Internet.
LA REALIDAD DE CUBA
Descrita esta situación, a grandes rasgos, valdría la pena, al menos, recordar cuál es la situación en Cuba, cuáles las bases para que no exista el turismo sexual de niños, y más que todo, cuál es la política que sigue el Gobierno para garantizar que males como estos no afloren entre los niños y jóvenes cubanos.
La garantía de que el 100% de los niños asista a la escuela, que la educación se lleve a cabo sobre bases científicas, culturales y éticas que para nada pudieran estimular aberraciones de ese tipo u otro, es una de las primeras premisas de una formación totalmente sana.
La familia cubana, como eslabón básico donde crece y se desarrolla el niño, no tiene las grandes preocupaciones o frustraciones de la sociedad capitalista. Ella es ajena a las angustias de la falta de trabajo y de seguridad social, la carestía de la salud y la educación (servicios totalmente gratuitos), o el clima de violencia que su hijo pueda encontrar en la calle o en los propios centros de estudio que, como sucede en Estados Unidos, hasta se matan con armas de fuego que llevan a las aulas.
La educación cubana se lleva a planos tan superiores que ya los indicadores de alumnos por aula (20), medios audiovisuales en todas las escuelas, computadoras, laboratorios, enseñanza de idiomas, y otros, superan el promedio de los países más desarrollados del mundo.
Los planes de enseñanza artística, la universalización de la enseñanza superior, la preparación masiva de trabajadores sociales para ayudar a las familias más vulnerables y fundamentalmente a sus proles, el aprendizaje y ejercitación del deporte en todos los niveles de enseñanza, por solo citar algunos ejemplos, entre otras medidas que auspicia el Estado, permiten enriquecer el ambiente social y el mejoramiento del ser humano para evitar que los niños puedan desviarse hacia actividades enajenantes, reprochables y severamente castigables como la prostitución infantil o cualquier forma de comercio y explotación de los pequeños.
Las leyes en Cuba, por demás, son bien severas para quienes, sean nacionales o extranjeros, traten de utilizar nuestro país para prácticas de turismo sexual infantil u otras que solo sirven para denigrar la especie humana.