La ciberpolítica de la derecha

La derecha mundial ha descubierto una nueva forma de hacer política a través de FACEBOOK o TWITTER. Están entusiasmados como muchacho con juguete nuevo. La utilizaron en la campaña contra Ahmadinejah en Irán y, ahora, con el “¡No más Chávez!”. Realmente son estúpidos. Uno de los Editoriales de El Nacional, cuyo título es “La gran revolución”, la califica de “fenómeno contemporáneo”, de “una ventana al futuro” y hace afirmaciones tan rocambolescas como “La política está dejando de ser lo que fue por siglos” y “No cabe duda, a la democracia se le abren todos los caminos más inimaginables”. De lo único que no cabe duda es que quién escribió esto, Miguel Henrique Otero o cualquier otro, es un ignorante de cuatro suelas y hocico.

La ciberpolítica no es un fenómeno nuevo, es una nueva expresión de un fenómeno viejo. Desde hace tiempo, la política ha venido trivializándose particularmente por la influencia mundial de las campañas electorales en los EE.UU. En la cuna del capitalismo moderno, la política se ha tornado en una competencia de propuestas publicitarias. Un candidato es un producto más, una mercancía, que requiere de todo un equipo de mercadeo para ser vendido. Un candidato ya no dice lo que piensa, ni siquiera lo que él piensa que el electorado quiere escuchar, sino lo que unos técnicos le dicen qué debe decir porque ellos creen que eso es lo que el electorado quiere escuchar. En la política moderna priva lo que algunos, acertadamente, han calificado de tecnología del poder. Son técnicas establecidas con el propósito de ganar elecciones y conservar el poder. Chávez es la negación más absoluta de esa forma de hacer política, al igual que lo ha sido Fidel y por eso, para desgracia de la derecha, son figuras tan atractivas en un mundo que añora personalidades políticas con sentido de la historia y de la responsabilidad personal. 

La política a través de INTERNET es la expresión vacua de un poder impersonal, artificial y anónimo. Carece de raíces más allá del enchufe y el tomacorriente. No tiene proyección moral alguna. La ciberpolítica es la negación de la democracia. No se trata de subestimar su alcance, bien puede llegar a tenerlo, la televisión moderna es una fábrica de estupideces y tiene una inmensa influencia pero sólo como expresión de un mundo en decadencia que sigue las pautas del capitalismo.  


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Reinaldo Quijada /Clase Media Revolucionaria


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