Paola cree le quitarán sus hijos y escuela

Paola Nefertitti, como dice la bella canción vallenata, “cuando camina, hasta sonríe la sabana”. Hija de familia bien constituída, de abundantes bienes y, para más señas, criada bajo rigurosas costumbres y valores estimables. Ha viajado tanto y absorbido cosas que no hace pertinente decir de ella, como dijese Juan Vicente González, a un adversario suyo en el Congreso, quien con petulancia, en el fragor de un debate le expresase, “sepa usted diputado González, que he viajado alrededor del mundo”; el escritor y poeta conservador venezolano del siglo diecinueve, autor de las “Catilinarias”, respondió, “no hay duda que ha viajado, pero como fardo en las bodegas de los barcos”.

Paola ha aprendido otros idiomas, sigue rigurosamente las normas de la moda y hasta está al día de acontecimientos no siempre frugales de la vida norteamericana y europea. En las tertulias sensatas, exquisitas de una peluquería, gimnasio y reuniones del club, no sólo aprende acerca de sus deberes y derechos, sino que discurre con densidad.

De principios estrictos, respetuosa del orden establecido, opositora a todo aquello que pretenda trastocar las cosas, admiradora de la gente de buenas costumbres, jura y perjura que propiedad y riqueza están bien distribuidas por justicia divina. Para ella, un alma pura y bondadosa, cumplidora del precepto de dar limosnas y dádivas, sobre todo entre los niños marginales, hijos de quienes han trabajado duro para que la riqueza se multiplique e hicieron y hacen posible que Paola, no pasase ni pase vicisitudes, tampoco sus hijos, “el mundo está bien hecho y acomodos o, eso que el zambo Chávez, llama cambios, no se necesitan”. Cree con verdadera fe que esto no sería cristiano. El mundo para ella debe ser inmutable, no moverse. Precisamente por esto, apoya todo lo sucedido en Honduras, pues está convencida que cambiar las leyes en ese país o siquiera soñarlo, como justamente se prohíbe en la Constitución allá vigente, es delito y atroz pecado. Tanto que el cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, figura excelsa de la iglesia, algo así como quienes acá en Venezuela la representan, pensemos en Baltasar Porras, por sólo nombrar uno, justificó el “madrugonazo” contra Zelaya, aunque ahora dice “que no es golpista ni apoyó ese golpe”, pero está de acuerdo hayan hecho lo que hicieron con el presidente y pueblo hondureños.

Pero ella, tan delicada y bien vestida, perfumada y habitualmente lujosamente transportada, no fue capaz de sacarle provecho a su mundo para entender el otro. Con afán lee las páginas de los diarios y revistas de farándula y hasta aquellas que difunden las nimiedades de la nobleza europea, artistas del cine americano y desventurada vida de Michael Jackson. Se casó con un joven empresario, inteligente, a la altura de ella en lo caché y cuantificable, que le dejó al frente de los asuntos de educar a los muchachos.

Escogió para sus hijos el mismo colegio donde pasó su infancia. Y no podría ser de otra manera, pues allí se sintió feliz y muchas cosas aprendió. Por eso cree y con razón, que meterse con su escuela, es una atrocidad. Y uno bien le comprende.

Cuando escuchó a un mentiroso decir que el proyecto del gobierno era acabar con su escuela, siendo que éste solo quiere supervisar para acabar los vicios y engaños que afectan sobre todo a la gente pobre, como alma buena, despegada de la tierra, se enroló en la campaña “con mis hijos no se metan”. Y a diario, pese su clase y discreción habituales, se le ve comandando manifestantes “por una escuela libre”. Lo que Paola aún bien no sabe, es que los adversarios de Chávez, le utilizan para meterse con los hijos de los pobres. Pues la gente a quien ella apoya, ha aspirado, aunque ahora no podrá, quitarles a aquellos la educación preescolar, primaria, media y hasta universitaria.

Ignora que el derecho del Estado a educar los muchachos, eso que llaman el Estado docente, no es más que aquel ponga las reglas, las especificaciones, procedimientos, después de recoger la opinión mayoritaria y supervise el proceso, está en las leyes desde años atrás y se aplica en todas partes del mundo. Y que esa conquista resultó de una lucha, que por exigente y dura, no debería repetirse. Pero quienes a Paola manejan, le han hecho creer se trata de una trampa de Chávez, para quitarle sus hijos y escuela.

Pero Paola, a pesar que se opone injustamente, sus razones tiene. Es su entorno, interés, valores lo que defiende. Un miedo infundado la controla.

Pero tú maestro, gremialista, viejo o joven luchador hijo del pueblo, ¿qué defiendes?

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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