Luis Fuenmayor Toro i las universidades venezolanas

Desde hace años, vengo siguiendo los escritos de prensa del doctor Luis Fuenmayor Toro, uno de mis pocos “doble colega” en Medicina i en Filosofía, con un poco más de antigüedad de mi parte, pues tengo más de 51 años en Medicina, con doctorado, i más de 40 en Filosofía. Lo mío en las Universidades del Zulia i en la de Lovaina, en Bélgica; pero la de él en filosofía, nada menos que en Cambrige. Consiguió como yo, la mejor profesión intelectual que podemos agregar con éxito a la Medicina, puesto que otras, como Abogacía, Odontología i cualquiera distinta actividad, hai que escoger una solamente, para ejercer. En cambio la filosofía nos sirve maravillosamente, como complemento del conocimiento i abre horizontes extraordinarios, por no decir maravillosos, cuando enfocamos los problemas i la realidad del mundo i de la vida. Empero, algo nos une más en nuestras preocupaciones intelectuales, culturales i sociales: la vida misma de la Universidad; la organización, la estructuración i proyección de esa casa grande del conocimiento o el pensamiento, para formar los hombres que lleven el compromiso de una tarea inmensa, para el desarrollo de la civilización, el futuro de la humanidad i, en última instancia la igualdad, la libertad, la justicia i la felicidad de los pueblos. Si los maestros (que nos dan las herramientas del aprendizaje) son, como decía Russell, “los guardianes de la civilización”, los profesores somos los “arquitectos del conocimiento de esa civilización”. Me une, también, a este luchador vigoroso, la lucha perenne que presencio en su vida, i el revivir lo que ha sido la mía siempre, aunque con menos logros o más fracasos que otros profesores; estuve en la Universidad del Zulia –i no quise nunca irme a otra casa de estudios porque me formé o nací con ella, con aquel inolvidable rector, Jesús Enrique Losada, a quien venía conociendo desde el bachillerato; me gradué en ella de médico-cirujano, de doctor en Medicina i de Licenciado en Filosofía (Summa Cum Laude) i fui profesor de ella, en Medicina i Filosofía, por un total de 33 años. Todo se lo debo a mi querida Universidad, por lo cual no dejé de luchar por ella, por su engrandecimiento, ni un solo instante i, por respuesta, solamente logré agresiones, desconocimientos, indiferencias, aunque jamás aspiré a otra cosa que ser profesor, igual a la misma aspiración que me comunicó en Lovaina, el gran maestro Jean Ladrière. Si recopilara lo que he escrito de universidad, creo que podría publicar más de un libro. En cambio, vi desfilar mucho mediocre buscando direcciones de escuelas, decanatos i con la obsesión de ser autoridad universitaria, incluyendo la rectoría. Este es un país en el cual, lo que se aspira es a figurar i reunir credenciales, así sean de puro papel. Por eso, cuando encuentro en Luis Fuenmayor Toro a un luchador de calidad, con una experiencia grande que lo llevó hasta ser Rector de la Universidad Central de Venezuela, admiro su tenacidad i sus principios. Las credenciales de muchos, son como las de Fabrizio del Dongo en la obra LA CARTUJA DE PARMA; este arzobispo bandido, había ido a Bélgica en exilio por sus delitos sexuales; estuvo allá, sin saber cuales eran los bandos franceses e ingleses, lo asaltaron, lo robaron i maltrataron i volvió con las tablas en la cabeza; pero años después, entre sus credenciales, la mejor era decir: yo estuve en la Batalla de Waterloo, porque su aventura infeliz, fue en esos días.

De esta manera, en la universidad abundan los profesores que sólo tienen de intelectuales, el título universitario; algunos después de largos estudios repitiendo, se graduaron, no supieron ejercer, i entraron en las cátedras por recomendaciones i componendas, o mejor todavía, por pertenecer a uno de los dos grandes partidos de la pseudo democracia anterior. Mis escritos i mis denuncias me ocasionaron cientos de graves problemas que tenía que defender en asambleas o por la prensa; denuncié profesores corruptos que, luego con apoyo político me ocasionaron juicios o suspensiones injustificadas i cada vez más, por lo menos en la del Zulia, me marginaron; i Fuenmayor Toro que bien conoce a todas, dice que sucede lo mismo en todas partes, no solamente señala corrupción, negligencias, impreparación, etc., sino que, por ejemplo, las autoridades que han llegado ahora a la Universidad Central, ninguno es doctor o mejor, que haya hecho doctorado. Esta condición, aunque es un título académico, es muestra del ideal de superación de un profesor. Hace alrededor de 30 años, en la Universidad del Zulia, en la Facultad de Ingeniería, empezaron a eliminar ese requisito del doctorado; los ascensos por trabajos científicos, también se obviaron i, cada vez, se relajaban más las condiciones para ser autoridad de escuela, facultad o universidad. En L.U.Z., cuando se abrió la Facultad de Medicina, para poner un ejemplo del cual he escrito muchas veces, i hasta mencionado en discursos, tuvimos de inicio un profesorado sin experiencia docente, excepto algunos en preparadurías en la UCV o ULA, así como docencia en el bachillerato; pero como fueron escogidos sin presiones políticas, sino los más destacados en la ciudad por su competencia i virtudes intelectuales i ciudadanas, por años tuvimos un profesorado de suprema calidad en todos los años de la carrera. Luego, ellos mismos fueron garantía de la idoneidad de los que fuimos ingresando después, pero con el correr de los años, todo fue desmejorando en vez de superarse. La política lo vició todo i vimos desfilar, como ya he dicho, bastantes mediocridades en las escuelas, decanatos i autoridades universitarias. Nunca se hicieron concursos de oposición, sino de credenciales (muchas amañadas) ni se exigieron mejores requisitos de ingreso. Es de advertir que, al exponer estas consideraciones, no generalizo. Existen buenos profesores i buenas autoridades, pero la más de las veces mal rodeadas, i curiosamente los que son de calidad, sin embargo, tienen que compartir esfuerzos o hasta ser dirigidos, por los que su misión es llegar a sitios de mando a como dé lugar. Pocos son los que van a la universidad, simplemente con una vocación docente i a no aprovechar las prebendas económicas de la Universidad; algunos me han dicho con humor: he solicitado cuando préstamo haga la Universidad, así no lo necesite mucho; recuerdo unos profesores que, hace años, cuando aquellos cambios disparatados de los Estudios Generales o otras modalidades, improvisados, quienes con un baremo exigente de un mínimo de 50 puntos, el que más sacó fueron 11 puntos, por su promedio de notas; pero al final los incorporaron a todos “porque no había más candidatos” i uno de ellos, después de incontables fracasos como profesor, tomó todos los préstamos posibles i abandonó, se fue a Caracas i, como dice la gente, “con la cabuya en las patas”. Así he visto muchos casos parecidos i hasta conozco de profesores que, al escribir en el pizarrón, muestran una ortografía de cuarto grado de primaria. No imagino, cómo alguien pueda graduarse, sin saber escribir bien, i mucho menos, llegar a la docencia universitaria. El profesor debe dar ejemplo con su personalidad, su cultura i sus conocimientos.

Empero, en la proyección a la comunidad, nuestras universidades en gran parte están desentendidas de la realidad social, de la vida i las urgencias o necesidades del país, el problema eleccionario es lo que más politizado está, i como tanto Fuenmayor Toro i yo, estamos de frente con el proceso revolucionario bolivariano, muchos creen que estas críticas a la Universidad, parten de esa posición, cuando no es cierto, sino que la posición política la han tomado mucho profesor o autoridades escuálidos, porque la única finalidad es entorpecer o desestabilizar al país, tal como vimos aquí en Maracaibo, con la actitud del Rector de L.U.Z., publicando una infeliz proclama, a nombre de toda la Universidad i de todo el Zulia, lo que le ha ocasionados grandes críticas i adversarios, a lo cual se suma ahora acusaciones de corrupción. Lo cierto es que la Universidad venezolana tradicional, necesita un cambio radical que la haga eficiente, científica i ajustada a la realidad nacional i mundial. Al profesor Fuenmayor Toro, hai que escucharlo i comprender su noble preocupación. I quienes lo adversen, allí esta el terrenos intelectual para dirimir las diferencias.”La mejor política es la honradez”, dijo el Libertador i así debemos sentir i amar al país i a la Universidad, con probidad i amor.





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Roberto Jimenez Maggiolo


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