Atolladero: ¿Qué caminos tiene la oposición?

¿Cuáles son los caminos que tiene la oposición política venezolana para salir del atolladero en que se encuentra?. Despejados, ninguno. Escarpados, todos.

La guerra civil. Deseada por algunos intelectuales, como lo han manifestado e in péctore, por muchos. Es una locura y la perderíamos todos, después de una terrible mortandad. La carne de cañón, por supuesto, será la del pueblo llano, como en todas las guerras, pero la dirigencia, los pudientes, los provocadores tienen mucho que perder, por lo menos en sus intereses materiales. El resultado sería parejo: todos destruidos.

El golpe de estado, es el camino más expedito y para el que está ganada la mayor parte de la oposición. Pero a nadie se le puede ocurrir que los militares que en su inmensa mayoría han demostrado una gran conciencia democrática y de progreso pacífico, como el de todas las naciones más avanzadas del mundo, van a ensangrentar al país para entregarle el poder a los mismos que contribuyeron a su destrucción.

La renuncia del Presidente. Esta consigna voceada por la oposición en su marcha del pasado jueves 10, demuestra sus dislates y desesperación. El Presidente puede renunciar conforme lo contempla la Constitución, pero de acuerdo con el artículo 233 habría que convocar a elecciones “dentro de los treinta días siguientes”. En este caso, la oposición recogería su torpe consigna, por cuanto Chávez la liquidaría en unas elecciones. Argumentarían ventajismo, no estar de acuerdo con los integrantes de un nuevo Consejo Nacional Electoral o cualquier otro motivo, para ello cuentan con los medios de comunicación. El Presidente podría inclusive ampliar el plazo para las nuevas elecciones anunciando su renuncia con dos meses de anticipación, pero aún así, la oposición no las aceptarían. ¿Cómo ponerse de acuerdo?. La Coordinadora Democrática tiene tantos candidatos presidenciales como miembros.

La enmienda. La salida más inteligente que ha planteado la oposición es la enmienda constitucional, porque les resuelve un problema insoluble por otras vías: la selección de un candidato. A través de una enmienda, además de recortar el período presidencial, se puede establecer el “ballotage”, es decir, la doble vuelta electoral con los dos candidatos que encabecen la primera vuelta, el problema radica en que para modificar la Constitución por esa vía, es necesario que lo requiera el 20% del electorado, es decir, más de dos millones de firmas y la clase alta y, parte de la clase media, que son con las que cuenta la oposición pueden no llegar a esa cifra, a menos que ayude la truculencia y firmen los muertos. La enmienda también podría ser planteada de acuerdo con el artículo 341 de la Constitución por el 30% de los integrantes de la Asamblea Nacional, pero para ratificar esa iniciativa se necesita la mayoría absoluta con la que no cuenta, aunque podría aspirar a obtenerla por medio de la corrupción, ya que la oposición ha demostrado tener mucho dinero y, muchos de sus dirigentes, pocos escrúpulos, pero aún así la enmienda tendría que ser sometida a referéndum.

El referéndum consultivo no puede aplicarse para derogar el mandato del Presidente, porque no tiene base de sustentación jurídica que si la tiene el referéndum revocatorio para lo que fue concebido y al que finalmente tendrá que acogerse la oposición, lo quiera o no lo quiera, y tendría que derrotar al Presidente en consulta popular, lo que no luce fácil, a menos que ella se serene y llene su vacío ideológico.

La composición de la oposición es una pócima difícil de digerir. Una mezcla contra natura. Formada con ingredientes contraindicados. Un sector empresarial que ha expuesto sus intereses personales, ligados a la estabilidad económica del país y a la paz, para apoyar los delirios de los políticos conociendo sus antecedentes, es decir, ha abandonado la producción y el trabajo por el trajín político, dirigido por un señor exaltado, salido de las tinieblas del anonimato que en lugar de restañar las heridas de su estropeada organización, de calafatearla después del naufragio, se alió con su inveterado enemigo, sin que éste haya arriado su agitada bandera roja, por lo que ambos podrían usar, como un gorro frígio distintivo, la capucha. Se asocia igualmente con un sindicalismo ilegítimo, cuya dirigencia nadie ha elegido legalmente. La oposición también está conformada por unos partidos catalépticos en busca de aire para respirar, por unos pequeños partidos nuevos, por unas organizaciones no gubernamentales que abandonaron su lucha por los valores humanitarios y cívicos, en aras del poder, y por una clase social, la mayoría honesta, pero, parte de la cual susceptible a los influjos mediáticos, como el verdor de las plantas lo es del sol.

Lisboa, octubre 2002


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Manuel Quijada


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