Puertos, aeropuertos en el marco de las políticas de seguridad nacional y de la geoestrategia

Las recientes decisiones del Ejecutivo bolivariano sobre puertos y aeropuertos, entre otros, han causado declaraciones de las derechas nacionales expresando su oposición a las mismas. Nada de extrañar, sencillamente, estamos en presencia, día a día y en evolución, en el marco del escenario de confrontación entre dos modelos perfectamente definibles y contrapuestos: la propuesta del socialismo del siglo XXI en la perfectibilidad del Estado venezolano buscando transformar los paradigmas históricos que han estado y aun están enclaustrado en las mentalidades de la sociedad venezolana, revolucionaria y de derechas. En contraposición, se presentan las tesis tradicionales oligárquicas-mantuanas junto a las tesis de la Dependencia propias del sistema capitalista en su largo recorrido histórico en Venezuela y la Región allende las fronteras criollas

La confrontación ideológico-económica alrededor de las decisiones en referencia conjuntamente con el ideario que desde el  Estado se trate de mantener y/o de revolucionar en positivo de carácter social sobre la base de una política de Estado revolucionario-nacionalista y socialista es una confrontación que alcanza las propias estructuras de un sistema en decadencia por agotamiento frente a un sistema que busca incorporar a la sociedad en su conjunto a la relación riquezas nacionales-distribución de esas riquezas en función del bienestar social.

¿Por qué los puertos, aeropuertos y vías principales de comunicación que son piedra angular de la distribución económica de las riquezas nacionales al mismo tiempo que el “talón de Aquiles” para cualquier sistema económico, socialista y/o capitalista, son tan importantes para la Patria?

Las realidades objetivas de nuestra “economía de puerto” son consecuencia del desmonte de una economía histórica de exportación desarrollada desde las tierras continentales criollas hacia el Caribe y Europa. A título de ejemplo, las exportación de cuadrúpedos hacia los ingenios azucareros de El Caribe vía Los Llanos pasando por Barquisimeto (nudo geográfico) y saliendo por las costas del estado Falcón; también las exportaciones de productos desde San Fernando de Apure hacia los circuitos comerciales de El Caribe. La “economía de puertos” desarrollada por consecuencia del desarrollo de las explotaciones y exportaciones del crudo venezolano para cubrir las necesidades de asfalto y crudo de los Estados Unidos de América tuvo un impacto socio-económico que produjo el desmonte de la producción agrícola tradicional por la migración del campesino hacia los campos de producción petrolera para convertirse en “obreros petroleros”. Pero ¿teníamos que alimentarnos? De ahí que los presupuestos nacionales tuvieron que invertir en el pago de las importaciones de alimentos que, tradicionalmente, se habían cultivado en el campo venezolano.

La dependencia a la “economía de puertos” se desarrolló y tomó impulso gracias a las políticas de la 4ta República y las incidencias de las políticas económicas de la Globalización. Ese desarrollo socio-económico tuvo, obligatoriamente, una fuerte incidencia en la forma de pensar del ciudadano venezolano; esa influencia, gracias al consumo de los productos importados y su condicionamiento sicológico, producto de la “propaganda”, junto con el pensar-histórico (mentalidades) impuesto por las oligarquías criollas, lograron recrear una alienación del común hacia aspiraciones ficticias por lograr imitar el “american way of life”, aspiraciones no logradas por las clases C; D y E y aspiraciones alcanzadas y disfrutadas por las clases A y B conjuntamente con esa mentalidad, inteligentemente impuesta al sirviente(a) típica de la relación señor mantuano-asalariado profundamente impresa en el comportamiento social tanto del mantuano como del sector subyugado ideológicamente.

En ese marco, debemos reconocerlo, el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez tuvo una fuerte incidencia en ese mundo mágico de aspiración colectiva venezolana gracias a los precios del crudo venezolano en el mercado internacional. En aquellos años se impuso aquella famosa y despreciable frase “Ta`barato, dame dos” de los llamados “mayameros”. Los esquemas tradiciones de relaciones sociales entre la oligarquía y el sector popular se resquebrajaron ocasionando un desequilibrio profundo en las “relaciones sociales” tradicionales criollas y, en consecuencia, en las relaciones políticas inter-partidos y las relaciones tradicionales del Poder tradicional oligárquico-criollo. Esa situación creada por las políticas económicas del gobierno de CAP fue utilizada sino también impulsadas desde el centro del poder político en Washington para poder conseguir la consolidación de la “Dependencia” de Venezuela a los objetivos geoestratégicos norteamericanos no solo para el llamado “patio trasero” sino para mantener, en un futuro, su fortaleza como Poder Imperial a nivel mundial gracias a las riquezas del subsuelo y suelo venezolanos.

En ese marco político, la profundización de la dependencia ideológica se consolidó gracias a las exportaciones de capital criollo para inversiones en los Estados Unidos de América con el significado de las inversiones criollas en suelo norteamericano. Junto a esas realidades nacionales, los desarrollos político-ideológicos en El Caribe y en Centroamérica ayudaron a conformar un marco político-ideológico anticomunista que facilitó el esquema ideológico-dependiente al “american way of life” en su fase “reaganiana”.

Una vez derrotados los movimientos revolucionarios en las áreas geográficas arriba mencionadas, solo quedaban por derrotar los movimientos guerrilleros-populares en Colombia. Es curioso recordar que se comentaba sobre la producción de la hoja de coca en Bolivia y Perú mencionando que parte de dicha producción se trasladaba a Colombia para su procesamiento y conversión en la droga “cocaína”. Posteriormente, el desarrollo de la industria de la cocaína “tomó cuerpo” a lo interno de Colombia y comenzó a tener un impacto importante en su economía y, por lógica, en los diferentes sectores sociales colombianos. De repente, los Estados Unidos de América decidió que el Plan Colombia era una necesidad imperiosa para combatir el mundo de la cocaína y el mundo de los ejércitos populares revolucionarios. Entonces se desarrolló una ecuación matemática donde “producción-distribución-consumo” alcanzaban una unidad comercial dependiente.

En ese marco, posiblemente, parte de la distribución de la cocaína tenía que pasar por las vías principales del territorio venezolano y salir, necesariamente, por los puertos y aeropuertos venezolanos hacia los mercados de consumo de la droga. El impacto que ese “asset” iba a tener y tiene en la sociedad y la economía venezolanas, iba a causar y causa un efecto negativo muy importante; mientras tanto, desde Washington, se mantenía y se mantiene la “matriz de opinión” que si las autoridades venezolanas, particularmente, las revolucionarias, bolivarianas y socialistas, no colaboraban con los órganos anti-drogas de los Estados Unidos de América serían y son acusados de ser los culpables de que la cocaína que se consume en el mundo entero y espacios siderales aledaños provenía y proviene de Venezuela.

Frente a esas realidades, el Gobierno Bolivariano por decisión de Chávez Frías, decide ponerle fin a esa situación irregular asumiendo el Estado venezolano el control del sistema de distribución (por las vías terrestres, puertos y aeropuertos) de la cocaína en territorio venezolano con la finalidad de, paulatinamente, controlar y erradicar ese grave problema tanto para la sociedad venezolana como para su economía. 

El impacto tanto a lo interno de Venezuela y en la política revolucionaria del Gobierno Bolivariano como en su fachada marítima y fronteriza con Estados Nacionales Caribeños será profundo e importante. En primer lugar, una vez se desmonte el sistema de distribución de la droga por territorio nacional, los productores de la cocaína tendrán que buscar otras vías adicionales a las que manejan en Centroamérica. En segundo lugar, el control de los puertos y las mercaderías que se exportan e importan tendrán un impacto fundamental en las recaudaciones del SENIAT. En tercer lugar, las relaciones laborales actualmente en existencia en los puertos y aeropuertos sufrirán un impacto positivo a la Revolución Bolivariana cuando las relaciones sociales se desarrollen ideológicamente gracias a políticas culturales nacionales y estadales. En cuarto lugar, por razones geoestratégicas, el control de los puertos y aeropuertos nacionales permitirá a la Armada Bolivariana profundizar en su reingeniería y expansión lógica de esa fuerza armada bolivariana. Por último, el impacto positivo socio-económico y urbano en las ciudades cuya economía está íntimamente relacionada con los puertos y aeropuertos se verá tendrá un desarrollo importante en el marco de la Política de Estado de la Revolución Bolivariana.

Las decisiones de Estado que desarrolla la Revolución Bolivariana permean hacia los sectores sociales tanto nacionales como regionales buscando alcanzar, en la praxis, que las políticas socialista se vayan consolidando en un marco de equilibrio, de paz y respeto y de profundización de la democracia participativa. 
 

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Miguel Ángel del Pozo


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