La responsabilidad de los magistrados


Nunca he olvidado que, desde hace muchísimos años, en un libro hablando fundamentalmente de la profesión médica, Martín L. Gross en su obra LOS DOCTORES, mencionaba una encuesta de la UNESCO, sobre el prestigio de las profesiones humanas, exponiendo que, en escala mundial, la profesión de más prestigio era la del médico, excepto en los Estados Unidos, cuando los Jueces Superiores eran conceptuados de prestigio mayor. Entonces, explicaba que, para llegar a ser un Magistrado de la Corte Superior o Suprema, se necesitaba, además de grandes credenciales en la carrera judicial, el haber estudiado Filosofía i en realizar igualmente un Curso Superior, mui especializado, del idioma materno para ellos, el Inglés. Eran dos herramientas intelectuales de primer orden; la primera, la Filosofía, porque además de la amplísima visión de mundo i vida que aporta al conocimiento humano (en completitud a todo otro conocimiento o profesión), enseñaba a pensar. Mi inolvidable maestro en Lovaina, Jean Ladrière nos decía que, aunque es cierto que la filosofía tradicional o especulativa, perdió hasta siglos, discutiendo para explicar o aclarar cosas triviales o tan profundas que son irresolubles i que algunos califican de “paja”, condujo a hombres como Wisdom o Wittgesntein a decir, por ejemplo que, el tema de la “substancia” (que en la Edad Media ocupó siglos), no era para resolver, sino para disolver. Los autores citados dijeron ¿Qué es substancia o sustancia? Simplemente una palabra i se acabó. Sin embargo, Ladrière insistía: “siglos de filosofía especulativa, aunque el contenido fuese superado, por lo menos tuvo la gran virtud de enseñar al hombre a pensar”. I el pensamiento es la gloria terrenal i eterna del hombre civilizado.
En consecuencia, cuando trabajé en la Comisión de Administración de Justicia, presidida por el Dr. Gómez Grillo, quién al tocar algún punto filosófico se dirigía a mí haciéndome el honor de llamarme maestro, recuerdo que insistí en los requisitos para que una persona llegara a Magistrado de la Corte o como se llamó luego, Tribunal Supremo de Justicia. Mi proposición era la de establecer esas dos herramientas: la filosofía i el dominio del idioma español. Ya habíamos contemplado la “maniobra” de Brewer Carías, para introducir el error de establecer en el Art. 9, que nuestro idioma es el “castellano”. Ahora observamos cuanta confusión se establece en la mente de algunos magistrados, confundidos por sus intereses políticos o crematísticos, exponiendo disparates, queriendo imponer lo subjetivo por encima de los establecido constitucionalmente, i estableciendo un verdadero terrorismo lexical si pudiésemos calificarlo así, o tratando de tergiversar el Derecho i aportar mala intención desestabilizadora para la paz nacional. Tengo una larga experiencia de gigantescos atropellos judiciales en los cuales, deliberadamente, se utilizó el lenguaje i el razonamiento incorrecto (que no es razonamiento) para causar los más grandes daños a seres humanos o al país. Eso, precisamente, me llevó a las Comisiones de Administración de Justicia i a la del Poder Moral, presentando como estandarte la frase del Libertador, “La justicia es la reina de las virtudes republicanas”.

Pues bien; un Magistrado, como ese señor Martini Urdaneta, descalificado de antemano por no ser imparcial, sino públicamente del lado conspirador i traidor a la patria, es un típico ejemplo del hombre sin atributos legales, humanos i filosóficos, para detentar tan alta responsabilidad en el gobierno. Él, como muchos figurones del pasado; de esos que tomaron un título universitario, pero nunca sólidos conocimientos, ni mucho menos valores éticos. Olvida el “magistrado”que, el Art. 253 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en la Primera Parte del Capítulo III, establece que “la potestad de administrar justicia emana de los ciudadanos y ciudadanas y se imparte en nombre de la República por autoridad de la ley”. Esto establece que el pueblo venezolano, atribuye al Estado la facultad de administrar justicia i que esta virtud republicana, no puede estar supeditada a bastardos intereses, como hacen algunos abogados implementando trampas para que un proceso nunca termine, i aquí la maligna intención es para eso, cuando derrotada la oposición venezolana en todos los campos legales, uno o dos individuos pretenden estúpidamente, cambiar lo que constitucionalmente está establecido. Estos falsos magistrados (falsedad en su conciencia o en su ego) a quienes, además, el Art. 257 les recuerda no sacrificar “la justicia por la omisión de necesidades no esenciales”. Existe en todos los procesos que interesen al pueblo en general, dos vertientes de responsabilidad, la responsabilidad del Estado i la responsabilidad de los jueces i magistrados. El gran Talón de Aquiles de este hermoso i pacífico proceso revolucionario, único en el mundo i en la historia, es precisamente el Poder Judicial impregnado de intereses mezquinos i crematísticos, casi totalmente de Cuarta República, lo que ha maniatado hasta cierto punto al Ministerio Público i a un hombre honesto e íntegro como mi amigo Isaías Rodríguez, para establecer las debidas responsabilidades respecto a la violación de la justicia, por los grupos minoritarios, poderosos solamente en dinero i medios de comunicación, aunque igualmente ricos en mediocridad i en intereses antipatrióticos degenerados. El Poder Judicial fue lo primero que se ha debido depurar desde la Asamblea Nacional Constituyente (i que propongo con la “Misión Urdaneta” que he citado i deseo proponer al Ejecutivo Nacional), pero ignorábamos que el mediocre presidente que tuvo por engaño i desconocimiento, esa Asamblea Constituyente, representaba a la vez el Traidor Mayor infiltrado en sus integrantes; i el Dr. Manuel Quijada, presidente de la Comisión de Reestructuración, o tenía muchos compromisos previos, o pecó por negligencia i omisión, pero fracasó. Me cansé de explicarle la cantidad de corruptos que teníamos i tenemos en el Poder Judicial del Zulia, porque es un estado con Aduana, Aeropuerto, Frontera, Narcotráfico, Contrabando, etc., terreno propicio para ilícitos de todas clases; mostré las denuncias contenidas en el Libro Azul de la Judicatura (donde estaban las que no se habían podido borrar intencionalmente), conversaciones, cartas, documentos, etc,, i nada fue posible. El gobierno ha transitado con un Poder Judicial que casi un 80% es cuarta república i la impunidad, como lo expresé en otros artículos, es la vergüenza del Derecho en Venezuela.
Consciente estoi de que, al comienzo, en un proceso de cambio en transición, no se podía exigir todos los requisitos posibles a los magistrados, pero se han debido establecer para el futuro. Supongamos que por causas naturales o por ejemplarizantes destituciones, el Tribunal Supremo deba ir cambiando; entonces los que vayan ingresando de nuevo, deberán ser escogidos por concursos que expresen esas optimas cualidades, para ascender a la profesión que debería, en todas las naciones democráticas del mundo, constituir el máximo ejemplo del virtuosismo, capacidad i honestidad de los hombres. Seguir con quienes puedan dar el desastroso, anti ético e inhumano ejemplo del Magistrado Martín Urdaneta de la Sala Electoral, es contaminar de inmoralidad el futuro de la patria. Actitudes i resoluciones así, no solamente amenazan la paz de la nación, sino que están llamando a ensangrentar el suelo que, es verdad se humedeció de sangre hace unos doscientos años, pero para lograr la independencia i proclamar la soberanía. Soberanía que ahora, hijos traidores, quieren someter o vender al imperialismo que asfixia al mundo.

La magistratura es una alta dignidad que exige no solamente respeto, sino hasta admiración i amor; empero, como expresara el Barón de Holbach, “un magistrado inicuo, vendido al favor y que se deja seducir de la importunidad, del crédito de la riqueza o de la autoridad, es un monstruo en el orden social, es un verdugo”.





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Roberto Jimenez Maggiolo


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