(Que Dios lo absuelva de tanta maldad ex profeso)

De como Baltasar Porras se recrea de sus miserias obispales

El que vea y oiga a este obispo representante de la iglesia católica, apostólica y romana, para mayor desgracia de sus fieles que sucumben a sus ideales -inmediatamente se preguntará- es este sujeto un fiel conservador de las leyes y principios bíblicos y, no un egoísta a ultranza que ha pervertido a sus colegas curas complementado por el flamante cardenal Urosa, como miembros principales que dentro del sanedrín revoltoso en que se ha constituido la Conferencia Episcopal venezolana, arrojan al jaque mate del ajedrez nacional, al presidente Chávez y a la revolución venezolana, cada vez que le lastimen el chiquito de su conciencia con hechos y verdades a favor de la inmensa mayoría del pueblo y, como futuros santos de la inquisición de sus antepasados y de los años por gotear de la obra teatral “Hoy sí mañana no” se reúne cada vez que recibe orden de su dios dólar imperial para contravenir con manifiestos confusos y partidirizados de displicencia, la bienaventuranza que en diez años del Gobierno Nacional -el comandante presidente- ha logrado en el desarrollo de variadas actividades socio-económicas, pujantes de un conjunto de misiones que se han diseminado a todo lo largo y ancho del País en función de la inmensa mayoría de los pobres y del bien común entre hermanos, para que convivan en paz y, se arropen en comodidades que les habían sido ajenas por la negación de los que hoy defiende y añora la Conferencia Episcopal, se atoran sin disimulo para poner entredicho el ejercicio del Gobierno Nacional y, todo lo que emane de él les hiede, les perturba con su ensarte de frases diabólicas, apretujadas de cinismo lírico, rebuscadas en el infierno verbal en que ellos se debaten como poderosos espíritus neoliberales y, oportunistas al servicio de la más rancia oligarquía pendenciera, que trata de desbastar el país con sus arengas apátridas que, después se refleja como un eco lascivo que en su laberinto catastrófico que sacuda a la oposición de su desnivel operativo y emocional de las bajas encuestas y, como buenas guabinas de la política venezolana, recogen en sus sofocados manifiestos crípticos la pestilencia del engaño y de la componenda que sirva de cebo a los que siempre andan pescando en río revuelto.



Así actúan esas comadrejas, disfrazados de mansos corderos que, no tienen una pizca de vergüenza y, se arropan de ferocidad virginal para eyacular arrodillados delante el poder informativo nacional y trasnacional, el veneno que escupen, que desentrañan del invernadero de sus almas para reafirmar y, compensar la cara de ruines que ponen cada vez que actúan frente a esos medios que siempre tienen a su alcance.



Deberían más bien confesarse de tanta maldad acumulada en contra de los pobres de Venezuela y, rogar a Dios que los mande al carajo sin regreso, de donde nunca debieron de salir y, dejar de estirar las manos para recoger las limosnas que los ricos les tiran como pedigüeños de costumbres para vivir como reyezuelos y, viajen a Puerto Rico como turista comprometido con la insurgencia a recoger las sobras del ensopado que los cuatro chiflados, días antes se comieron, cohabitando con vulgares traidores a la Patria.





Espero que el pueblo de Venezuela no olvide jamás que, los obispos como onerosos serviles de ingratitudes, votaron en contra de la implantación de la nueva Constitución Nacional que, mediante referéndum aprobamos y, nuevamente están con el “no” de la enmienda de la reelección para los cargos de elección popular y, sólo ellos tienen la potestad de ser indefinidos porque hablan con Dios cada vez que les dé gana como prodigio de la sin razón, eso son ellos, que nos creen imbéciles.



Fue Baltasar Porras quien primeramente le dio el plácet al agresor y violador Nixon Moreno para asilarlo en la Nunciatura Apostólica y, allí tiene a su bacalao, lleno de vida misteriosa de cultos disímiles y de mea culpa por pagar con interéses redondos a la justicia y, a los que gozamos de libertad como seres pacíficos y de buena voluntad.



Este servidor, fiel y leal, a la revolución venezolano y a su máximo líder, Chávez Frías, duélale o no, como sí le duele a la Conferencia Episcopal, no padecemos de odios viscerales, sino que, desagraviamos a tanto manifiesto maldito y oprobiosos salido de esa guarida burguesa que, no representa a ningún ser digno que se quiera y se respete como ciudadano honesto y, jamás por propia ganas asistirá a cualquier acto litúrgico dirigido por esos sujetos.


estebanrr2008@hotmail.com






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Esteban Rojas


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