La lucha de la clase media

Es increíble. No puedo creerlo.

Definitivamente no hay nada como la clase media, o como el modelo de la clase media. Enclaustrada, mediática y afín a los efectos y las líneas editoriales de Alberto Federico Ravel, consuela su espíritu insurreccional levantando a los muertos de sus tumbas, redimiendo a unos alcaldes que tomaron embajadas y maltrataron a Tarek sin clemencia, amenazantes, herederos sin escrúpulos. Herederos extremos, sin conciencia: solo deseo, solo perpetuarse en el poder, en la imagen, en el centro de la arena donde, 24 horas sobre 24 horas, se celebra el espectáculo. El gran circo con su contorsionista, su equilibrista, su escapista y el imitador, que tiene más éxito que el payaso Harry.

No salgo de mi asombro, un alcalde que fue juzgado por asaltar una embajada e incumplir con casi todas sus responsabilidades, fue electo gobernador, y un gobernador, más capo mafioso que otra cosa, con una precaria fluidez argumentativa (hay que ser muy ignorante para ser ignorante en los lugares comunes o en la composición de las frases hechas) en fin, este personaje, que era gobernador ahora es alcalde de Maracaibo y alguien, que todos convenían en que parecía un muerto o al menos era un muerto político, ahora, revive con avidez y nuevamente en una gobernación donde ya hizo desastres en la IV república, puras aceras y más nada, como dice la cuña de la malta. Y así y todo, sin entender cómo la inconsistencia de Ocariz podría librarnos de la inconsistencia del pasado, no salgo de mi asombro. "Estamos seguros, lograremos el triunfo de Radonski", escuchaba comentar por los muy activos celulares de los votantes en la cola del colegio María Auxiliadora.

Deliran, pensé. Pero no, acertaron, actuaron coordinadamente.

Por una causa sin contenido. Son oposicionistas y eso es suficiente.

El asombro es total, la parte alta de Altamira y La Castellana está llena de huecos, las concesiones comerciales no cumplen con ningún criterio y asaltan hasta las partes más sosegadas de las urbanizaciones. El tráfico es un desorden y la basura se amontona tan pestilente que aromatiza todo el centro Plaza y adorna aceras y brocales con sus bolsas negras y sus moscas y sus perros y etc... en el Municipio Chacao, el más ansiado de los municipios. La clase media no sigue las reglas, ni sus reglas ni mucho menos las de Chávez, a quien desconocen y a quien critican histéricamente. Votan por quien sea, votan contra Chávez.

La clase media disfruta hasta lo inverosímil al comentar que no hay café ni azúcar, que no había aceite de maíz ni arroz. Lo de la leche fue extenuante, dígame la desaparición de Mi vaca descremada.

Y ahora puro café descafeinado cuando a nosotros nos interesa la cafeína porque debemos ser productivos y competitivos y al diablo con el prójimo porque el prójimo soy yo.

Están enclaustrados, todo es afuera y sus cuerpos danzan en silencio sus flujos, sus excrecencias.

El Pánico es la emoción. La clase media goza inexplicablemente con la baja de los precios del petróleo. Comentan que en Estados Unidos hasta las crisis son buenas.

– Si siguen bajando los precios del petróleo, hasta los médicos cubanos se marcharán y de Chávez ni el polvito.

La clase media suspira. ¿Habrá triunfado –se pregunta– con semejantes candidatos, políticamente sospechosos, ambiguos e ineficientes, protagonistas del pasado? Escritora


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Stefania Mosca


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