¡El tóxico más nocivo en la superación de un pueblo!

Lo más preciado que puede tener el ser humano es su dignidad y su honor. En la historia hemos conocido de muchas personas que han preferido arriesgar sus vidas por no permitir se les ofenda y se les humille. Hoy, sobre la dignidad y el honor, en Venezuela existe un pequeño grupo de sujetos que se cansan de ofender a quien se les ocurra, individualidades, instituciones o grandes conglomerados de personas que en determinadas ocasiones toman una decisión legal y democrática, pero que a aquellos señores, los dueños de los medios de comunicación escritos, sonoros y audiovisuales no les gusta, y como están acostumbrados a estimular a sus empleados e invitados a que manifiesten cualquier barbaridad a través de esos medios, allí mismo insultan, despotrican y ofenden a personalidades, instituciones y hasta a buena parte del pueblo. Es fácil observar como esos propietarios y sus medios son inmunes a cualquier sanción de acuerdo a las actuales leyes, pareciera que las autoridades les han permitido un especial goce de impunidad; aunque las leyes se han hecho para que se cumplan y así evitar, como antiguamente se hacía, el cobro por propia mano de alguna deuda moral o material.

No, no es correcto que en Venezuela la primera autoridad ejecutiva, que a cada momento critican y faltan el respeto a su investidura, insista en que le importa un comino que sus adversarios le digan lo que a ellos se les ocurra; y que más bien les pida que chillen cuanto quieran. Esto en lo personal puede ser una táctica acertada, pues al no hacerles caso a las infinidades de calumnias y mentiras que esas personas lanzan a los cuatro vientos, él, como Presidente de la Nación, hace lo que cree es conveniente para lograr bienes políticos, materiales y económicos para su pueblo. Esa maniobra táctica ha hecho difícil el invocar el principio de autoridad a los representantes de las instituciones públicas y ello está creando en la población un caos, es decir, estratégicamente la táctica usada por el Primer Mandatario ha traído un mayor número de individuos que desobedecen las leyes y deniegan de las buenas costumbres; pues ellos ven que los dueños de los medios infringen descaradamente todas las normativas de comportamiento y no son juzgados. Casi todos los medios comunicacionales de Venezuela actualmente son de mayor malignidad que hace 10 años, tanto, que ellos se han dado a la tarea de eliminar los esfuerzos que las familias puedan hacer por inculcar los valores cívicos en la conciencia de sus descendientes.

Hay muchos buenos padres de familias que dicen que ya no vale la pena el sacrificarse en sus hogares por educar bien a sus hijos, ésto, porque están convencidos que los medios de comunicación acabarán poco a poco en pervertirlos. El Presidente de la República debe exigir respeten las leyes, respeten su investidura y lo respeten como ser humano, porque ese maltrato que de él hace muchas personas en los medios de comunicaciones va influyendo perniciosamente en la mente de la niñez y juventud venezolana. ¿Cómo es posible que en Venezuela se permita hayan estaciones televisoras y radiales que con su gente enferma de odio y envidia pasen todo el día lanzando al aire programas subversivos e infamantes? ¿Es que acaso el difundir notas escandalosas con las intenciones de desestabilizar al país al deformar la verdad de algunos hechos no está prohibido por las leyes penales venezolana? ¿Es que se va a dejar que la niñez y la juventud se corrompan y se depraven por mensajes que confunden sus ideas y el buen comportamiento?

El Presidente de la República sabe que hay medios de comunicación radioeléctricos que durante las 24 horas del día se mofan descaradamente de las leyes, él tiene que darse cuenta que eso daña la voluntad del niño, del adolescente, del adulto joven y del adulto mayor; lo mismo pasa también con los medios impresos en los cuales se tergiversan la verdad. La revolución bolivariana tiene que mantenerse triunfante en el tiempo y para ello hay que preservar la salud mental y moral de los venezolanos, por lo tanto no puede seguir permitiéndose ocurran en el país cosas denigrantes sin tomar las medidas punitivas pertinentes establecidas en las leyes. La revolución bolivariana ha navegado un buen trecho por un mar enfurecido, ella ha venciendo sus terribles embates y pareciera tenerse cerca un puerto, pero para llegar a él y que éste sea seguro hay que derrotar al vil monstruo que lo ocupa; es el libertinaje de expresión contra el cual no se puede actuar tímidamente.



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José Ameliach


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