Para la oposición, ahora no será horrendo como Rosendo

Carles: otro en el corral de las cabras locas (por el billete)

Las presiones de la derecha son muy grandes y siempre le acaban torciendo el pescuezo a los más débiles mentales. La memorable lista de tarumbas es como para irse de nalgas. Recuerdo aquella desaforada señora Virginia Contreras que parecía tener un motor sin freno en la lengua cuando la llevaban a la tele, y escupía por todos lados una desquiciante y atropellada carga de odio contra el Presidente (ex embajadora ante la OEA). El caso de la propia señora Marisabel a quien le deformaron el look llevándola a peluquerías y restaurantes de alcurnia, sólo para la alta burguesía. Recuerdo que apenas asumió el Presidente su cargo, la rodearon los Ramia y su marido Bobolongo y no la soltaban; la llevaban al hotel Tamanaco y le hacían agasajos con un menú que incluía paté de fuá, caviar, jamones de guijuelo y pata negra. Yo leía aquellas crónicas de la high, y me decía: “Ahí, carajo, a este gobierno ya le están preparando la caída.” Además describían los reporteros, con trazos espectaculares, el traje que llevaba, su finura en el vestir y en andar de gacela, su aire de gran señora, su bello estilo al hablar y al sonreír. Después, cuando se desató la guerra contra el gobierno, a la pobre comenzaron a desquiciarla y por todos lados la amenazaban y la insultaban, esa misma prensa que al principio la había puesto por las nubes. Se aisló un poco, casi se negaba a hablar, y la tensión contra ella fue aumentando con la toma de la Plaza de Altamira. Cuando el coronel Pedro Soto se “rebeló” contra el gobierno, por orden de “El Nacional”, y lo cogieron por los calzones y lo montaron en una tarima de esa Plaza para que hablara y lo que hizo fue divagar como un miserable, se concentró mucha gente pensando que ya Chávez estaba caído; entonces William Dávila Barrios tuvo la genial idea de que se marchara hasta Miraflores; avanzaron hasta Chacao, y allí comenzó a enfriárseles el guarapo, y a este mar de cobardes le sobrevino la genial proposición de hacerle un estruendoso cacerolazo a la residencia de doña Marisabel en La Casona. Para allá se fueron y aquello fue horrible, yo creo que la pobre señora no podía con sus nervios. Lo del 11-A fue mortal para ella, y de ahí en adelante ya no supo más de sí, el sistema cerebroespinal se lo habían cambiado. Ahora está totalmente irreconocible.

Se estaba generando la larga noche de las torturas y de la muerte lenta. Caían los cobardes como moscas, el pánico generalizado cundió por todos los estratos del gobierno, de la AN, de las Universidades y Academias, y a estos señores y señoras se les hacía sentir que ser chavista era signo de brutalidad, de bestialidad, de asesino y de muerto de hambre. Y muchos de los que estaban en alto gobierno hacían maromas para tragarse las órdenes de Chávez, y por un lado le jalaban mecate pero al mismo tiempo estaban haciendo lo contrario a sus espaldas. Hay muchos casos deprimentes, y yo vi y los denuncié hace tiempo, casos como los de Rosendo, Baduel y Carlez. Baduel siempre fue un pobre hombre que no tiene ni siquiera alma; basta con mirarle esa faz de ojos hundidos, esa verborrea jurídica-religiosa estrafalaria y ridiculísima, para uno darse cuenta de que realmente nunca ha tenido cabeza ni para piojos. El caso de Carlez estaba de anteojito, un hombre que jamás se ha leído un libro y que cree que la máxima del socialismo es: “hagamos a todos nuestros semejantes, ricos y habremos alcanzado la paz para el orbe”. Él se preguntaba, ¿por qué no podemos tener, si nos la podíamos comprar, una hummer? Yo allí me dije, este hombre o es pendejo o es imbécil. Lo de los casinos lo pone al desnudo: él tipo andaba buscando plata como loco, y por eso favorecía a la oligarquía carabobeña en los contratos. Y cundió el más horrible nepotismo: Ramón, Olga y Edmidio, hermanos de Acosta Carlez, tenían los cargos de secretario de Ambiente, presidenta de la Fundación para la Solidaridad, y secretario de Desarrollo Agrario, respectivamente. En Infraestructura estaba su sobrino, Juan Carlos Acosta, y en Intranet Social 171, Antonio Acosta. Según Alcalá Cordones se tienen unos 18 expedientes, supuestamente, por los delitos de desvío de capital, nepotismo y riqueza súbita. No fue que Carabobo le quedó grande, ese señor nunca tuvo grandeza para nada. Es sencillamente un caradura, un desvergonzado, un pobre hombre con mucha cara.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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