Desde que Chávez llegó...

Desde que Chávez llegó, no tengo paz. Cuando no son las elecciones, son las Farc, el Psuv, y lo peor es el Imperialismo, tan bien olvidado y oculto en mis años mozos.

Desde que Chávez llegó, de nada vale simular que no veo el barrio Gramoven cuando meto la trompa de mi vehículo en Los Ocumitos. El barrio está allí como un laberinto moro.

Llueve y la tierra se deshace bajo estas casas levantadas por la intuición popular, sin conocimiento, sin técnica ni recursos. Un primo me trajo esta ventana y al compadre le sobró esta reja que desecharon en la remodelación de la quinta donde recién trabaja.

Desde que Chávez llegó no puedo ignorar el destino de todos, los paisajes de mi memoria, mi pertenencia, el lugar donde me pongo a sufrir, a rememorar, a ser feliz.

Desde que Chávez llegó no hay tregua, algunas pausas, pero al parecer no se puede dejar de construir el socialismo ni un segundo.

No hay descanso, este sábado, por ejemplo, tengo que ir al batallón, hoy en la noche a la reunión del consejo comunal, los martes es la mesa técnica del agua.

Desde que Chávez llegó ni los ricos pueden dejar de pensar en Venezuela. Y ya no les quedan dólares para sacar del país: al final, de tanto cuidar su capital se han descapitalizado.

Lo dijo Chávez la otra noche.

Traigan esos dólares, inviertan en Venezuela, es su patria, nuestra patria y merecemos que sea grande y libre.

Desde que Chávez llegó no salgo de un MacDonald’s y todavía me queda plata para ir al Cementerio y comprarme los Adidas verdes que vi el otro día, tengo celular con tarifa preferencial por lo del consejo comunal. Y bueno, en resumen, que viva el poder popular.

La clase media va a la deriva no hay quien repare en el condominio y los peores servicios los brindan las empresas capitalistas, la Fuller me manchó el piso y los plomeros twenty four hours taparon la entrada de agua con arena de otro costal...

Si le pago al electricista, no como, y si no le pago, no veo. Me aumentan la matrícula del colegio y obligan a mi hijos a rezar todas las mañanas, y rezar, no cabe duda, es bien bueno. Yo rezo para que se aparten el miedo y sus demonios.

Desde que Chávez llegó no puedo quejarme. Voy al hospital Domingo Luciani y en 20 minutos salgo con las medicinas de un tratamiento que cuestas miles de bolívares fuertes y me dan gratis y tratan bien y hago cola en la sombra y hasta sentada...

Desde que Chávez llegó los niños escuchan atentamente las letras del reggae ya parecen pertenecer a una nueva especie de humanidad que busca en el bien sus valores, en el arte, en la hermandad y no la mentira y la impostura como indica globalmente el mundo del simulacro donde estamos inmersos.

Desde que Chávez llegó no he podido tirar la toalla porque siempre para cada día tengo un reto, una nueva dificultad que vencer, un nuevo desafío, una nueva realidad. Dígame cómo será la cosa cuando tengamos satélite...

Desde que Chávez llegó Leopoldo López no tiene paz, él construye aceras como los egipcios pirámides. Pero, a pesar de ser Chacao el municipio más rico de América Latina, no carecemos de súper huecos, hay mucho sucio y ratas comecables del tamaño de un topo, una liebre, un rabipelao. Ratas que son vectores del tripanosoma cruzi. Ratas que prometen y juran que el mal de Chagas también ha llegado a la ciudad.

Desde que Chávez llegó hasta yo he vuelto a usar la palabra revolución, yo que le tenía tirria por la guillotina, y la palabra patria que sólo asociaba a los zapatos de patente del uniforme de gala. Digo Patria y veo un horizonte y veo un renacer.

Escritora


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Stefania Mosca


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