Hacia la construcción del Parque Temático para el desarrollo eco turístico y agro productivo del Lago Tacarigua, como modela socialista para la protección de su patrimonio cultural, medio ambiente y turismo humano.
“Donde la razón campea, florece la fe en la armonía del universo”
En reiteradas ocasiones, a través de su programa televisivo, el presidente Hugo Chávez ha llamado la atención para que juntos asumamos el rescate del Lago Tacarigua y lo transformemos en un gran proyecto para el desarrollo eco turístico y agro productivo. Y es así que, el pasado viernes 23 de mayo, bajo el lema “El lago no es un problema, es una solución”, tuvo lugar en la Plaza Los Tacarigua, a tempranas horas de la mañana, y poco más tarde en la Isla Los Tacarigua, la primera fase de este hermoso proyecto, consistente en la instalación de seis mesas de trabajo, coordinadas por la Comisión de Medio Ambiente y Turismo del Parlamento Latinoamericano-Capítulo Venezuela, y apoyadas por el Instituto de Desarrollo Rural, la Armada Nacional, la Base Aérea Gran Mariscal Antonio José de Sucre, la Mancomunidad Agroturística El Leander, la Mancomunidad por la Integración Latinoamericana y Caribeña Francisco de Miranda, conjuntamente con el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, y el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología.
Luego de un trayecto sin incidencias desde Caracas, nuestro equipo de prensa arribó a la Plaza Los Tacarigua (situada en la Base Aérea Gran Mariscal Antonio José de Sucre, Carretera vieja vía Mariara, luego del peaje de Tapa Tapa, Maracay, Estado Aragua) donde ya nos esperaban el Diputado José Gregorio Hernández, Presidente de la Comisión de Medio Ambiente y Turismo del Parlamento Latinoamericano-Capítulo Venezuela; El Dr. Clodosbaldo Russián, Contralor General de la República; el Diputado Víctor Hugo Morales, Presidente del Parlamento Andino, el Ingeniero Ender Iñiguez, así como oficiales de la Armada Nacional, Fuerza Aérea, funcionarios de los ministerios y organismos encartados, miembros de organizaciones sociales, guardianes del medio ambiente e invitados especiales tales como cronistas, historiadores, expertos ambientalistas y una representación de México y Colombia, encargados de investigar acerca de los aborígenes de Latinoamérica y el Caribe.
Lo primero que llamó nuestra atención al arribar al lugar, fue la Plaza Los Tacarigua; una especie de plazoleta, construida en tiempos del presidente General Juan Vicente Gómez, donde destaca un conjunto de fuentes, jardineras, farolas, paseos y bancos, todos labrados sobre piedra, con formas enigmáticas de figuras escultóricas a la que los arqueólogos denominaron como “cultura valencioide”; réplicas de aquellas pertenecientes a la cultura autóctona del Lago Los Tacarigua, indígenas que en su momento ofrecieron tenaz resistencia a los conquistadores españoles que les reprimieron. Una de las figuras màs importante del lugar es la Venus de Tacarigua. Resulta evidente la placa de mármol colocada en el lugar por el presidente Gómez, al cumplirse más de tres siglos de aquellos hechos y en cuyo texto, el general dictador alaba a los soldados colonialistas, y humilla a los autóctonos, por lo que sería una reivindicación justa rescatar el conjunto escultórico, la Casona situada a pocos metros de allí, y rebautizarlo como “Plaza de la Resistencia Indígena”, en homenaje a nuestros aborígenes de América Latina y el Caribe, y por supuesto, de los pueblos originarios que habitaron el Lago Los Tacarigua.
Cronología del Lago
Aunque se atribuye su descubrimiento a Juan de Villegas el 24 de Diciembre de 1547, se tiene conocimiento de haber sido avistado y de su real existencia desde años antes. Es el caso que testimonia Juan de Castellanos, quien refiere que en 1531 el baquiano Domingo Martínez describió a Diego de Ordaz el Valle de Tacarigua, donde “había una laguna que a su parecer medía siete leguas a la redonda. En los alrededores del lago y en sus islas habitaban tribus que se beneficiaban de la generosa tierra, como recolectores y algunos modestos cultivos”. Era un lago bellísimo espejo de aguas limpias rodeado de robusta vegetación arbórea en la que los nuevos habitantes hicieron surgir plantaciones y hatos de ganado.
Se le siguió llamando Tacarigua (lago del tambor), como le decían los aborígenes en su lengua, hasta que en una cartografía de 1731 se le dio el nombre de laguna de Valencia. La superficie, que era el doble de la actual, ocupaba casi todo el sur de lo que son hoy las ciudades de Valencia y Maracay.
José de Oviedo y Baños, en 1723, calificó su extensión como un monstruoso cuerpo de agua y 14 ríos tributarios, y anotó su tamaño en 14 leguas de largo por 6 de ancho; esto es 79,8 Km por 34,2 Km. Además, describe parte de la flora de la superficie y el fondo cenagoso e inconsistente de origen sedimentario. Ya en aquella descripción de Oviedo y Baños se podía intuir que el lago crecía y decrecía cada cierto tiempo.
El año de 1800, el joven explorador alemán Alejandro de Humboldt calculó su extensión en 10 leguas de largo y 2,5 de ancho; esto es 55,7 Km por 12,75 Km. Al reconocer su belleza, el viajero alemán evocó otros lagos que observó en otras tierras. Y alertó -acertadamente en ese momento-, sobre la desecación del lago, pues la atribuyó a la tala indiscriminada en las cabeceras del río; un criterio que es muy válido en la actualidad.
El año de 1841 el geógrafo Agustín Codazzi le calculaba una longitud de 9,25 leguas, es decir 55,7 Km. Ya en el siglo pasado en 1949 la superficie se había establecido en 440,64 Km, y actualmente sólo alcanza 374 Km.
Las zonas aledañas se dedicaban a la agricultura y ganadería; hatos y conucos se repartían esas tierras hasta que el espacio fue cediendo paso a la implantación de factorías industriales, en un proceso que comenzó tímidamente en 1936 y alcanzó un auge explosivo en la década de los 60. Desde entonces se había notado una desecación por los mismos motivos que observó Humboldt a comienzos del siglo XIX. También le mermaron agua, además de la evaporación natural, los nuevos embalses de Suata y Taguayguay, hacia donde volcaban algunos ríos.
En un momento parecía irreversible la desecación del lago, cuando ocurrieron las inundaciones de la década del 90 que los expertos atribuyeron al aporte de aguas servidas de los núcleos urbanos que circundan la ribera. Eso ha ocasionado también la evidente contaminación, lo cual afecta la flora, la fauna lacustre y el agua de riego. Las posibilidades de desarrollo turístico sin ninguna duda se encuentra afectadas por el estado insalubre de las aguas, aunque afortunadamente por disposición de las autoridades regionales y nacionales, la cuenca se encuentra actualmente bajo régimen de saneamiento, para lo cual se construyen nuevas represas y aliviaderos.
Atractivos culturales
Esta pintoresca región, que incluye el lago y varias islas e islotes, es reconocida en Venezuela por poseer un patrimonio arqueológico de gran relevancia, debido a los hallazgos de un sinnúmero de piezas y sitios de ubicación. Asimismo, debido a la intensa actividad agrícola desarrollada en la zona durante la época de la colonia, así como ser el lugar donde se desarrolló gran parte de la gesta libertadora de nuestra nación, ha quedado un legado importante de haciendas, casas coloniales, sitios históricos e instalaciones militares que fortalecen el potencial turístico cultural, complementados por una atractiva actividad artesanal en los rubros de madera y cuero, principalmente. Actualmente la cuenca es sitio de actividades y acontecimientos programados, especialmente deportivos como motonáutica, canotaje, automovilismo, ciclismo y parapente.
Cave destacar, que el Lago de Valencia es el cuerpo de agua dulce natural sin desagüe al mar más grande de Venezuela, es decir es una cuenca endorreica, que ocupa una extensión de 3 mil 150 kilómetros cuadrados y tiene una prolongación de 344 kilómetros cuadrados. Sin contar que hay cerca de 22 ríos tributarios que fluyen en sus aguas. No obstante, la depresión del Lago de Valencia es un área plana de aproximadamente 1500km2, ubicada en el centro norte de Venezuela (Estados Aragua y Carabobo), en la cual ocurre una aguda competencia entre sectores industriales, urbanos y agrícolas por el uso de la tierra.
Rescatando la memoria histórica
Una vez concluidas las palabras de apertura, nos trasladamos a la Isla del Burro o de Tacarigua, en sendas lanchas que la Armada puso a disposición de las personalidades e invitados especiales a este evento. Atravesar las contaminadas aguas hasta la isla, a pesar de la alta velocidad que desarrollaron los barcos, nos llevó unos 30 minutos de navegación placentera, pues el Lago se mostró muy calmado, condición ésta que se prolongó durante el resto del día y que agradecimos mucho aquellos que no frecuenta este tipo de paseo por motivo de hidrofobia.
Según nos explicaron, dentro del Lago, la Isla del Burro se encuentra localizada en su porción centro sur, y posee una superficie de dos kilómetros cuadrados, aproximadamente. El clima es Tropical Alto, dada su altitud que se aproxima a los 470 metros sobre el nivel del mar, presentando una temperatura cálida tropical que oscila entre los 25 C y 30 C. Los más viejos pobladores dicen que el nombre de la Isla del Burro se debe a que la misma, vista desde el aire, tiene la forma de un burro durmiendo.
La vegetación es profusa, combinando el bosque tropical con la vegetación xerófila. Especies como el jabillo, la ceiba, el cují, indio desnudo y matorral es muy común, mientras que una gran variedad de aves anida en sus predios; tal es el caso de las cotías, el cristofué, el carpintero y el zamuro, entre otras. Igualmente abundan los lagartos, conejos e iguanas, así como especies de culebras.
Fue ésta la única, de todo el conjunto de islas, que ha sido ocupada en la era post-colombina, ya que en tiempos del general Gómez fue usada como penal; en la década de los 50 fue convertida en un internado y correccional para menores con problemas sociales, y en los años del conflicto guerrillero que se prolongó hasta los años 70 en Venezuela, la Isla del Burro fue prisión de presos políticos. Durante la llamada “democracia del pacto de punto fijo” fue un centro de torturas de los presos polìticos de esa epoca, por lo que se le bautizò con el nombre de “Campo de Concentración Rafael Caldera”. En los 80, quedaron abandonadas sus instalaciones cuando fue cerrada como cárcel.
Precisamente, transformar la antigua cárcel en un museo de la memoria histórica y política de los años 60, sobre la resistencia que libraron muchos compatriotas contra los gobiernos de la época, es otro de los proyectos que está en curso, orientado por el Contralor de la República, Dr. Clodosbaldo Russian, quien fue uno de los protagonistas de dicha resistencia, al igual que el diputado Víctor Hugo Morales. Tanto el Dr. Russian como el Dip. Morales, acompañados de nuestro grupo, recorrimos las vetustas instalaciones y nos dieron un rico testimonio histórico, explicándonos lo que será en un futuro cercano el Paseo de la Dignidad, pero de ello hablaremos en nuestra próxima entrega.
(*)Lic.
feliprensaparla@yahoo.com