Sin justicia…¿sólo resignación?

El lunes 10/03/07 a las 3pm tuve que salir de mi casa al cajero para realizar algunas compras. Yo vivo detrás de una iglesia en un pueblo de Mérida… Para ir hasta el cajero tenía que pasar por el frente de la iglesia, de donde había salido unos minutos antes un funeral para el cementerio que está a unas 4 cuadras.

A medida que iba caminando, y como había tomado esa ruta, me encontré paralela entre quienes llevaban al difunto en sus hombros; unos llorando, otros callados, otros tomando y unos más adelante sobre un camión, con unas cornetas de miniteca encendidas a todo mecho con vallenatos y reguetón, y un grupo más o menos grande de motorizados, roncando los motores y amenazando con arrancar hasta sobre los transeúntes fortuitos que por allí pasábamos. Les cuento que no supe de quien se trataba hasta que de regreso a casa me consigo con un primo que me comentó lo que sabía del caso. Resultó que era un muchacho que vivía unas casas más abajo de la calle donde yo vivo…y según la versión que me dijo el primo es que fue por “asuntos pasionales”. Ayer en la noche una tía vino a la casa y le comentó a mi mamá que fue por deudas de drogas.

El hecho ocurrió cuando el muchacho iba en una moto de copiloto y se detuvieron en una estación de gasolina a recargar y unos tipos desde un carro les dispararon. El tiro le entró por la nuca y le salió por la boca y el otro está malherido. Hago un paréntesis para resaltar lo delicado del tiroteo y en el lugar que estaban: nada más y nada menos una estación de gasolina, literalmente una bomba. Que de milagro no hubo una desgracia mucho mayor allí…lo triste del caso es que parece que las balas no eran para él, sino para el que manejaba la moto.

Yo no conocí a ese muchacho, no sé ni quien pueda ser, pues hay tanta gente nueva por la zona, y los chamos crecen y uno a veces ya no les reconoce. Bueno, lamento su muerte, cualquiera haya sido el motivo, pues se trataba de un ser humano. No tengo elementos para juzgarlo. Lo que sí les puedo asegurar es que mientras caminaba entre ese grupo de dolientes que le llevaban en hombros, y al ver que le tenían ese acompañamiento (al parecer toda una moda, pues no es la primera vez que le ponen música al difunto) me dieron ganas de llorar también. De hecho, se me aguaraparon los ojos y sentí un profundo dolor el solo hecho de pensar en el mal que le ha hecho a estas jóvenes generaciones la convivencia de una peligrosa mezcla como lo es: el alcohol, las drogas y esos escabrosos ritmos del vallenato (con toda la pena y el dolor que trasmiten –con toda intención- quienes lo escriben y componen) y la promiscuidad y mafia (del reguetón) que esa cadencia agrega al consciente colectivo (sobre todo a las generaciones más recientes, que se dejan envolver por el despecho ajeno trasmitido en canciones y la incitación que se pretende fomentar ).

Y a ese delicado punto era a donde quería llegar, pues me preocupa, me da grima, ahora recordando que desde que se introdujo con más fuerza el vallenato aquí en Mérida, digamos los últimos 5 años es que se ha incrementado el delito en nuestra antes tranquila y bien llamada Ciudad de los Caballeros… antes había una frontera musical con este vallenato. De El Vigía no pasaba. Ahora ha llegado hasta Caracas. Y con ese ritmo, silenciosamente la invasión de paramilitares (su presencia se denuncia en las montañas de La Azulita, donde al parecer hay replegados en ciertas fincas grupos de estos delincuentes y muchos ya viven entre nosotros, corrompiendo a liceístas con pitillos de droga que reparten a plena luz del mediodía). Me da dolor ver todo eso. Me da dolor porque nos están trayendo toda esa basura para destrozar a nuestra juventud. Me da dolor porque tengo dos niños, dos hijos y me da dolor porque no lo merecemos…no merecemos ser víctimas de ese modus operando que nos están sembrando.

Ese no ha sido el primer muerto por ese tipo de delito aquí en Ejido, esa es la más reciente desgracia que le tocó padecer a una familia (a una abuela y una tía que quedaron huérfanas de un nieto, de un sobrino). ¿Nos están desarmando de hombres…?

En el mercado municipal se la pasan choros, choritos y malandros. La policía bien, gracias. Les da miedo aparecer por allí…los negocios de comida y droga se entremezclan. Nos sentimos realmente desprotegidos. A este pueblo se le sembró la resignación!

La verdad es que efectivamente hay una relación, y que el conflicto en Colombia, ese sufrir, ese dolor nos lo han sembrado a punta de vallenato. Con razón que ahora los velorios se enmarcan en esa triste realidad de crímen, de injusticia y de resignación en el que estamos… Y leyendo sobre el tema, al parecer ese ritmo se originó con una famosa “leyenda vallenata”, la cual hace referencia a una aparición de la virgen que divulgó el escondite de los indígenas de la zona (Valledupar) para ser masacrados por los colonizadores; es decir, celebrar “la leyenda vallenata” es legitimar un genocidio. El actual estado de las cosas en la parapolítica colombiana tiene mucho que ver con ese folclor. Que no se nos olvide que buena parte de los patrocinadores y promotores del Festival de Valledupar están tras las rejas (http://antivallenato.blogspot.com/search).

Hago un llamado desde aquí al vice ministro Tareck El Aissami para que nos ayude a desmantelar las bandas de delincuentes que han visto en este pueblo un excelente lugar para practicar sus crímenes. Visto que en Mérida últimamente se han perpetrado horribles asesinatos por sicarios y por problemas del narcotráfico.

P.D.: el vallenato como ritmo o musiquita nunca me ha gustado. Respeto a quienes les gusta, pero definitivamente hay algo que semiológicamente no me ha cuadrado nunca con ese género "musical".

macupatra@2004ahoo.es


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