La entrega de rehenes

Todos ¿todos? hemos deseado que el operativo Enmanuel hubiese culminado exitosamente y que los tres rehenes cuya liberación había decretado las Farc el pasado 10 de este mes, ya estén en Bogotá o camino a sus hogares. La voluntad del presidente Chávez con la colaboración de la senadora Piedad Córdova y la unilateral decisión de las Farc, pudieron más que los halcones colombianos y washingtonianos que se la jugaron todas desautorizando la promisoria mediación. Creyeron que era una manera de separar a alguien que ya les resultaba indeseable y que les complicaba la situación interna.

Por eso es pertinente preguntarse si todos deseábamos un final feliz.

Evidentemente no.

Al presidente Bush, que expresó a Bogotá su contrariedad con la mediación de Chávez, le conviene mantener viva la situación actual interna de ese país, que le permite justificar su "Plan Colombia", la inversión de millones de dólares más para las actividades bélicas y de inteligencia antes que de acción social. Hoy, ese Plan mira más hacia Venezuela que hacia el interior del vecino país. De manera que todo avance por el camino de la paz atenta contra la política de Bush.

Y siendo la del presidente Uribe una política exterior tan identificada con la de EEUU (fue el único país suramericano que apoyó la invasión a Irak, por ejemplo), y consciente como estaba de que esta mediación por él autorizada estaba teniendo desarrollos impronosticables, fue lógico que la abortara, y tampoco puede estar contento con la variable surgida de las Farc y que las circunstancias lo obligaron a aceptar.

Tampoco lo deseaban los paras y los halcones colombianos. Los más duros de sus Fuerzas Militares, que no ven en el conflicto interno otra salida que no sea la militar, les garantiza presupuestos cada vez más elevados, conspiran contra cualquier otra solución. Junto a ellos está la poderosa oligarquía que ha podido pasar por encima de tantos años de lucha armada sin que sus grandes intereses se vean afectados y que por el contrario, se han multiplicado. Si tan bien les ha ido con la guerra, ¿por qué acabarla? Y finalmente, tampoco la deseaban todos aquí en Venezuela. ¿Ustedes creen que todos los venezolanos aplauden el crecimiento por 17 trimestres consecutivos de nuestra economía? ¿Ustedes creen que todos se contentaron cuando la Unesco declaró a Venezuela libre de analfabetismo? ¿Ustedes creen que quienes sólo ven ese episodio como un éxito de Chávez, pueden aplaudirlo? Pero la inmensa mayoría de los venezolanos, como la inmensa mayoría de los colombianos, y de los latinoamericanos, hemos estado deseando el éxito de esta compleja operación.


La paz en Colombia

A propósito del canje humanitario y de la liberación de tres rehenes resuelta por las Farc y acordada con el gobierno venezolano, se habla de la posibilidad de que ese haya sido un primer paso para la liberación de otros secuestrados y la libertad de guerrilleros presos, hasta quienes creen en la posibilidad de iniciar negociaciones en serio para alcanzar la pacificación en el hermano país. Tremenda tarea.

El 19 de abril de 1948 fue asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, y aunque se conviene en decir que ese día comenzó la violencia en Colombia, la verdad, el pueblo estalló en una reacción acumulada que destruyó media capital en lo que se llamó "el bogotazo". Centenares de campesinos liberales estaban siendo asesinados bajo el gobierno de Ospina Pérez cuando Gaitán fue muerto. (*) Los dirigentes liberales organizaron un alzamiento general que debía ocurrir el 27 de noviembre de 1949, con participación de unidades militares y de grupos guerrilleros. A última hora, las cúpulas conservadora y liberal se entendieron, y paralizaron la acción armada, pero la orden no llegó a todos los comandos, y fue así como insurgieron las guerrillas en los llanos orientales, de Arauca y Casanare, comandadas por Cheíto Velásquez y Guadalupe Salcedo, entre otros líderes liberales, y se les sumaron voluntarios en todas partes. En Venezuela fueron conocidas estas acciones por un reportaje de Germán Carias a Cheíto. Y es en esas circunstancias cuando Pedro Marín Vélez junto a compadres, amigos y familiares, se alzó en armas.

La guerrilla que comandó sobrevive a los años de "la pacificación", con la dictadura de Rojas Pinillas, (casi 4.000 guerrilleros se entregaron) y de los 20 años de "Acuerdo Nacional", que llevó a los partidos Liberal y Conservador a alternarse constitucionalmente en el poder durante cinco cuatrenios, con gabinetes y gobernadores compartidos, sin opción para que nadie más pudiera presentar candidaturas. En ese largo periodo, las guerrillas de "Tiro Fijo", como llamaban a Marín por su destreza con el revolver, crecieron y se extendieron a varias regiones. En 1953 toma el seudónimo de un compadre, comunista, Manual Marulanda, que había muerto en la guerra de Corea, hasta donde Rojas Pinilla envió un batallón que fue prácticamente diezmado.

Se transformaron en un movimiento de autodefensa campesina, burlaron un cerco militar en lo que se llamó "República de Marquetalia", de más de 20 mil soldados, bombardeos y artillería; en 1964, con una ideología más clara, ayudados por los comunistas se transformaron en las Farc y, con el control de una parte del territorio, obtiene importantes victorias militares, incluida la destrucción de unidades elite entrenadas por "técnicos" de EEUU.

Varios gobiernos intentaron acercamientos y negociaciones. De ellas, las más importantes se realizaron durante la presidencia de Belisario Betancourt, y en años más recientes, de Andrés Pastrana, en San Vicente del Caguán. Esos procesos terminan con Álvaro Uribe, empeñado en propiciar soluciones militares, se establece el Plan Colombia, con la inversión de millones de dólares y de poderosos equipos militares.

Nunca más se habló de salidas políticas.

Hasta ahora. En la operacion Enmanuel han intervenido representantes de los gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Cuba, Ecuador, Francia, y Suiza. Estos países juegan un papel relevante que parece ir mas allá de garantizar la recepción de los rehenes, sino que han manifestado interés en propiciar la liberación de otros secuestrados, así como demandar del gobierno de Uribe gestos similares con varios de los guerrilleros presos.

En el proceso de avanzar en estas negociaciones y de explorar las posibilidad de dar otros pasos en dirección a eventuales acuerdos de paz, algunos garantes han mostrado interés, y particularmente, el presidente Chávez contó que en la reciente Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, tuvo una larga conversación con el presidente Uribe, y le reiteró su disposición a entrevistarse con Marulanda en busca de la paz, y que el presidente Uribe le dijo que él mismo podría participar en esas conversaciones. Pese al serio encontronazo entre ambos, hoy parece que existen condiciones como nunca para iniciar esas negociaciones, aunque la oposición mayor estará en Washington.

* Arturo Alape en "La paz, la violencia", ubica el comienzo en 1947.


edrangel@cadena-capriles.com


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Eleazar Díaz Rangel

Periodista egresado de la UCV. Ganador del Premio Nacional de Periodismo y menciones en diversas especialidades. Es Director del diario Últimas Noticias desde el año 2001. Profesor titular jubilado de la universidad central de Venezuela, cuya escuela de comunicación social dirigió (1983-86). Presidente de VTV 1994-1996. Presidente de la asociación venezolana de periodistas.

 edrangel@grupo-un.com

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