Lo absurdo y la ley

No dejaba de brotarme una que otra sonora carcajada, cuando leía una nota periodística sobre las leyes absurdas (no sé si todas vigentes aún) en “several” partes de este mundo, que aún no deja de turbarme con su tufo sereno a extravagancia y volubilidad.

En el Reino Unido –quizás revelándose allí el espíritu más montesquieuano que halla- una de 1887 prohíbe morirse en el Parlamento, por lo que una ironía de la misma crónica acota que, en caso de infarto violento, bien dentro de la Cámara de los Comunes, o de los Lores, habrá entonces que sacar muy rápido al desahuciado a fin evitarle la otra pesadumbre de tener que ir preso después de muerto…

Otra no menos democrática –y buena en alertarnos, para cuando Chávez decrete salir en alguna colección- prohíbe ensalivar una estampilla con la silueta de la reina Isabel II y pegarla con la cabeza pa` bajo.

Otra prohíbe a las mujeres en Liverpool mostrar las tetas en la vía pública, salvo que, cuando lo hicieran, estuvieran también en ese momento “mesmo” vendiendo “pescado tropical”, lo cual no sé si pudiera haber sido (o es) un ardid legal publicitario con fines de promover el fósforo, también en trance de capa caída…

Otra dice, para el caso de que una mujer preñada se esté orinando en plena calle y no halle baño a la redonda, que entonces podría hacerlo en cualquier parte incluido el casco de un eventual policía que se encontrara por allí silbandito iguanas…

Y a los escoceses se le presenta muy difícil de verdad en la ciudad inglesa de York, donde una ley autoriza asesinar a cualquiera de ellos que osara portar arco y flecha en la parte antigua de esa ciudad.

En la Milán italiana una obliga a reírse siempre, salvo que el reilón o la reilona se encuentre en un funeral, o en un hospital.

Ya en the United States, una en Alabama prohíbe terminantemente rascar a los peces… Otra, en Vermont, prohíbe a las mujeres ponerse puente o plancha sin obtener el permiso expreso y debido de sus maridos; y, en Alabama, otra prohíbe también vendar los ojos de alguien cuando está manejando un carro… y sin establecer límite de velocidad. Y quizás la más absurda y atolondrada, es la que permite a cualquier estúpido forrado de billete y vileza llegar a la presidencia.

También en un ayuntamiento español, bajo la égida del fascismo francoaznarista, una providencia legal prohíbe tirarle arroz a los novios en la boda por ser alimento para las palomas, a las cuales, todas las blancas –seguro-, ansiarán ellos exterminar por cometer el simple pecado de simbolizar la paz…

Y en Indonesia, la pena mínima por masturbarse, es la decapitación.

Venezuela no es que esté exenta de ello, ya que funciona una fascista de hecho que, por fortuna para que logre hacerse ley positiva, tendría que rebasar el infranqueable “no volverán”…

Y no es otra que reza:

So pena de muerte física, y de acuerdo con los más genuinos principios democráticos, queda terminantemente prohibido, en todo el territorio nacional, formar parte para nada de la minoría, y muchísimo menos de la mayoría… Comuníquese y publíquese. Coordinadora Democrática, al cumplirse no sé cuántos años ya del 13 de abril, que escoñetara nuestro glorioso 11.

crigarti@cantv.net


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Raúl Betancourt López


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