¡Última hora! Sale Superman encuritado* de pacífica manifestación de la Coordinadora Democrática… Tan, tan, ta, tan…

Es claro, que cuando la cosa se maneja de manera bien civilizada, sale bien, y tan bien que incluso llega hasta poner de manifiesto toda bellaca intención disimulada a nativitate, pero con tan poca labor que nunca alcanza lucir -y sobre todo mantenerse- tan recóndita como lo persigue su pretendido fin último.

La Revolución Bolivariana, con Chávez como vector de tal inspiración histórica, ha venido respetando a capa y espada los derechos humanos -al menos los más fundamentales, por ahora- de todos los venezolanos y venezolanas. De allí pues que, ni aún en tiempos de inevitables forcejeos políticos agudos, la Revolución haya dejado de garantizar tales derechos humanos, como el de manifestación, por ejemplo, con audiencia garantizada de las instituciones públicas demandadas y todo. Pero como quiera que la oposición (que en este caso es más bien oposicionismo patológico antinacional) no acepta ni entiende el genuino juego democrático, entonces, además de garantizar los derechos, el Estado tiene además que dedicar enormes recursos materiales y emocionales a desentrañar (o al menos intentar hacerlo) qué segundas perversas intenciones hay detrás siempre de las tan “amables” primeras… Y como el Estado de continuo la pega, entonces los oposicionistas patológicos antinacionales se sienten desenmascarados y desesperados por ello, pero con la suerte, casi divina, de que hay canales de televisión prestos siempre a evitar que se les caiga la careta, o que caída ya entonces tratar de reponérsela en el mismísimo fragor de la farsa y con mayor razón, sobre todo, después con suficiente tiempo...

Y se ha llegado a un extremo tan paleto de manipulación mediática tratando de ocultar la manifiesta intención violenta y golpista de los que se oponen a la reforma constitucional, que en los característicos y últimos del Consejo Nacional Electoral (donde no estando la Revolución hubiera habido varios manifestantes muertos con absoluta seguridad) un estudiante de Anzoátegui narraría, sin sonrojo inexplicable, que llegaría al temple de arrodillarse ante la “ballena”, a la que no le daría la gana detenerse para golpearlo con su blindado parachoques en el mero foco de la frente, causándole una herida que ameritaría sólo diez puntos de sutura -¡en un ambulatorio del Municipio Chacao, que estaba lejos!- pero sin llegar a provocarle ni siquiera el más tenue vahído y chichoncillo, como efectos secundarios que, la ciencia forense, ha probado casi como indubitable que al menos produciría un coñazo tal.

Por eso suponemos que el único antecedente posible de una andanza semejante, debió haber sido quizás cuando en alguna manifestación en Metrópolis contra las pretensiones de su archienemigo Lex Luthor, el adolescente Superman, no siendo por supuesto aún de acero por haber estado en su primera mocedad, se hallara en etapa intermedia de carbono y hubiera sufrido de lo mismo ante uno de las sofisticadas “ballenas” de su archienemigo.

De lo contrario, es un milagro… ¡Boolaa!

Y el matacuras, que resulta siempre un perspicaz y picarón aprehensor de la realidad, y sobre todo cuando en la marcha exhibíase su jefe león bisco como posible informante de la naturaleza “pacífica” de la marcha, y parloteando además con un par de bufones adicionales con credenciales académicas, diría de inmediato que le traería a la memoria al joven de Tiananmen, pero con la ventaja para éste de que, el conductor chino, sí había parado el tanque…

¡A la veergaa, primo! ¡Qué molleejaa adonde hemos llegado!



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Raúl Betancourt López


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