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La Cumbre Colombia, Ecuador y Venezuela de la Guajira fue un paso significativo para la integración político-estratégica suramericana

La inauguración del primer tramo del gasoducto transoceánico en la Guajira colombiana dio lugar a una Cumbre entre los presidentes de Colombia, Ecuador y Venezuela, en cuyo centro estuvo el tema de la integración suramericana. Fueron notorias las coincidencias, con sus normales matices, entre los jefes de estado en asuntos como el Banco del Sur y el reingreso de Venezuela a la CAN. Sin embargo, tiene que considerarse que la “nueva” actitud integracionista del presidente Uribe, obedece más a una situación que esta respondiendo a un viraje lento, pero decidido de la política de Washington. Ciertamente el fracaso de la tesis del “Nuevo Siglo Americano”, sustentada en el uso del poder puro –la supremacía militar- para imponer un imperio virtual a través del mercado libre, ha colocado a la elite del poder usamericana en la necesidad de buscar alternativas políticas sustentadas en la negociación explícita. Y en ese ambiente, la posición de Uribe centrada en el uso de la fuerza militar para resolver no sólo el problema relacionado con la guerra civil interna, sino las tensiones internacionales generadas por esa política, es insostenible. Por ello, la sobrevivencia política de su movimiento esta fuertemente condicionada a su incorporación definitiva al proceso, que con dificultades, pero dominante, impulsa a los pueblos indoamericanos a la transformación de este espacio como una región geoestratégica, con capacidades de influir en la arquitectura del orden internacional. En su propio patio, su política de fuerza ha sido derrotada por el consenso existente en el rechazo al paramilitarismo que estuvo en las bases de su ascenso al control formal del poder en Colombia.

Pero el punto más interesante de ese encuentro ha sido, sin dudas, el tema del reingreso de Venezuela a la CAN. Ya desde la época de la conformación de la ALALC, una simple tendencia a la unificación de un mercado dentro de la globalización capitalista, se vio la necesidad de equilibrar la asimetría existente entre las más avanzada economías suramericanas –Brasil y Argentina- y las más débiles de las zonas andina, centroamericana y caribeña. De allí los procesos de integración subregionales de los cuales la CAN es una expresión. Pero hoy, cuando esa unificación tiene un carácter político-estratégico, la cooperación de los países de la zona andina, incluyendo Argentina, adquiere un significado particular, ante el desequilibrio de fuerzas existente entre ese conjunto y Brasil. Un coloso regional que por sí sólo ya es un interlocutor internacional independiente. Representaría la reestructuración de la CAN, tal como lo propone Venezuela como condición para su reingreso, la colocación de Brasil frente al dilema de seguir con la vocación imperial de sus elites políticas y sociales, al margen de sus vecinos; ó, escoltar las demandas de sus clases populares de unificar su acción con la de los restantes pueblos del Continente suramericano, para verdaderamente abrirle un camino propio a los pueblos de la región.


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Alberto Müller Rojas


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