¡O producimos más o nos tumban!

Pudieran creer algunos que se trata de un llamado para hacerle el juego al Capitalismo y a sus lógicas depredadoras; de provocar más obsesión por riquezas económicamente absurdas, antiecológicas y egoístas.

¡Pues no!

Este es un llamado a la producción de una nueva sociedad, de nuevas ideas, de nuevas relaciones humanas, de nuevos códigos comunicacionales, de una nueva educación, de nuevos indicadores, especialmente cualitativos, de crecimiento y desarrollo, y definitivamente de una riqueza material (material si), que implique el maravilloso hecho de que todos y todas podamos comer bien todos los días, estudiar, trabajar sin ser explotados(as), compartir por igual y sin destrozos los bienes que nos han legado nuestros ancestros y la naturaleza en su conjunto, cooperar con el prójimo, vivir en comunidad, dormir a buen resguardo, crecer en familia bajo techo propio, recrearnos sanamente, curarnos con justicia y cariño cuando aparezca cualquier enfermedad y sentir la posibilidad real de que la civilización se construye verdaderamente entre todos(as) y al amparo obligatorio de la justicia, la tolerancia, la paz, la honestidad y la democracia.

La Revolución que vivimos actualmente en Venezuela, la oportunidad de oro que tenemos en América Latina a la luz de las esperanzas que se han gestado a partir de este particular proceso de transformación social del que estamos siendo protagonistas, pudieran irse al traste y devolvernos al cuadro crónico de estancamiento y frustración social en que estábamos hace apenas cinco años si no internalizamos la imperiosa necesidad de producir. Todos los días tenemos que producir, insisto. Producir ideas y acciones que nos hagan prósperos a todos y todas por igual en una dimensión humanista, cooperadora y profundamente ecológica.

Producir para que todos y todas comamos bien todos los días. Por aquí pudiéramos empezar a profundizar nuestra revolución. Que no se acueste ningún niño, ningún anciano, absolutamente nadie sin comer. Algo así como alfabetizar al estómago. ¡Si! Parecido al extraordinario Plan Robinson. Así mismo. Censamos en el barrio, en la ciudad o en el pueblo a quiénes no comen bien todos los días y buscamos las mil y una formas de que coman bien todos los días. O mejor dicho, buscamos las mil y una formas de que todos y todas comamos bien todos los días. Sembramos comida en cuanto huequito haya de la escuela, del trabajo o de la comunidad, multiplicamos el pan y lo compartimos, nos organizamos para cocinar entre varias familias y no dejamos a nadie por fuera. Así, no le damos cabida en nuestro accionar cotidiano a algo tan feo y contrarrevolucionario como lo que denunciaba nuestro querido Alí Primera en una de sus canciones: "...que el que llena la barriga se olvida del que no come".

Producir nuevos valores, nuevos códigos comunicacionales y nueva educación. Que sea el pueblo, como lo dicen los morochos Escalona por allá en Sanare, el Maestro Pueblo. Entendernos, comunicarnos y educarnos para aprender de la gente sencilla cómo se hace una vasija de barro, cómo se cura con hierbas y canciones, cómo se respeta y se ayuda al vecino, cómo se teje y se cose, cómo se siembra y se cosecha, y se hace un par de zapatos, y se arregla una plancha, y se cocina, y se hacen unos lindísimos títeres, y se cuenta un cuento, y se toca el cuatro, y se baila. Aprender de las mejores economistas que ha parido la humanidad: Nuestras abuelas y nuestras mamás (que pudieron levantar sin trauma, sin pobreza espiritual, con honestidad y sin queja hasta a ocho, nueve, diez y trece muchachos o más).

Producir es la clave. Quizá el reto más grande está en producir Democracia. Y ¿Cómo producimos Democracia?. Precisando y combatiendo a sus principales enemigos: La injusticia y la corrupción. ¿Por qué se acumuló tanta antidemocracia en nuestro país?: Porque nos plagaron desde 1492, precisamente, de mucha injusticia y mucha corrupción. Todavía hoy en día hay quienes insisten en asfixiar el derecho de Venezuela a vivir dignamente, con plena soberanía y en libertad (aspectos esencialísimos de una Democracia) cuando roban las arcas del Estado y practican diariamente la injusticia. Aquí lamentablemente se cuelan algunos funcionarios que, bajo diversas jergas de falsa Revolución, son injustos y son corruptos.

¡Dios quiera que nuestro querido Presidente Hugo Rafael Chávez Frías detecte y reste poder, a tiempo, a esos falsos revolucionarios que no producen nada a favor de la justicia y de la honestidad!

Producir sigue siendo la clave. Y entonces descubrimos que se han dado grandes pasos en este sentido. El pueblo, el Maestro Pueblo, ha empezado a producir debates, reuniones, asambleas, comités, proyectos, asociaciones cooperativas, medios comunitarios y alternativos, autogestión, contraloría social, participación, nuevas normas de convivencia social, apegos por las leyes (cosa interesantísima, puesto que en Venezuela las leyes y la Constitución misma, antes de 1999, no eran vistas en profundidad como el marco verdadero del desenvolvimiento cívico de la gente). En Venezuela el pueblo produce estos apegos por las leyes y por la Constitución, mientras los poderosos económicos y los medios comerciales de comunicación instan a desconocer las leyes y la Constitución y todo aquello que produzca bienestar para las mayorías (como las leyes de pesca, hidrocarburos y tierra, el Plan Robinson, el Plan Barrio Adentro, las cooperativas, los conucos, el Proyecto Educativo Nacional, la potabilización de las aguas, las Escuelas Bolivarianas, las viviendas dignas a bajo costo, etc.). Hoy en día quiénes se hacían llamar "sectores productivos" son los principales saboteadores de la producción en Venezuela y quiénes eran llamados "bochincheros", "flojos" y "vagos" son quiénes producen y producen y producen desde que se levantan hasta que se acuestan.

Por eso hay que producir más para diferenciarnos cada vez más de los que no producen. Producir para que no nos tumben de la altísima ilusión en que estamos al querer seguir produciendo. Producir bienestar social ante todo, producir conciencia, producir valores humanos y espirituales con producción sana y bonita en todos los sentidos para que nadie se acueste con hambre, producir verdades, producir bondades, producir democracia, producir futuros hermosos a las generaciones que están por venir, producir un país ejemplo en el que todos y todas producen para crecer en libertad y ser felices como lo soñó Simón Bolívar (nuestro más eminente productor histórico y político). Si una Revolución es cambiar y bregar duro para construir nuevas estructuras y nuevas relaciones de producción... En Venezuela llegó la hora, porque de estas nuevas concepciones para producir una nueva economía y una nueva sociedad nos estamos impregnando.

(*)Miembro de la Red Nacional de Investigación Acción "Simón Rodríguez" Proyecto Nuestra América - Mérida.


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Rafael A. Rodríguez Vergara (*)


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