Del cura cantor y otros cuentecillos

El recuerdo más distante que tengo de un cura, es de uno vasco que era párroco fachendón de la parroquia en la que me crié en Caracas, cuyo empaque en hábitos exhibía una notable estatura, rostro bien sujeto, panza algo curvada y voz impetuosa de barítono que hacía lucir, sobre todo en su rol de misacantano, todas las mañanas domingueras. Se dilucidaba en los clubes parroquianos de lenguatones, que era burda de atacón y que prestábale “servicio” a varias feligresas descarriadas… La verdad es que mi tendencia fue siempre a no creer esas aparentes patrañas sobre las que tanto se parlaba, pero el paso del tiempo, y los cargos deshonrosos que habría de hacérseles a muchos de ellos a lo largo y ancho del mundo, me haría pensar que los clubes parroquianos de lenguatones aquellos pudieron tener mucha razón en sus no sé si osadas conjeturas. Ahora mismo, en Los Ángeles, por ejemplo, pagará el Vaticano la bicoca de 660 millones de dólares a 500 víctimas de abuso sexual de algunos curitas, y se iniciaría en Buenos Aires el juicio penal contra otro curita cruel y torturador sicario al servicio de una de las genocidas dictaduras argentinas.

Luego también, cuando hubiera de confesarme por primera vez de manera auricular, habría de pasar por la experiencia de sentirle durante toda la jornada al curita confesor un mal aliento tan portentoso y belicoso (dentro de aquella atmósfera tan penumbrosa y misteriosa del confesionario) que me hizo tomarle recelo para siempre al dicho sacramento.

Y por último recuerdo, que siendo estudiante adolescente en un colegio católico, fuera pasado por uno de ellos al mapamundi donde debía ubicar delante de todo el salón la “recóndita” isla de Madagascar. Y comenzándola a buscar muy concentrado por los lados de Morrocoy, en Tucacas, el curita desesperado con mi piratería tan insolente posaría su garra de águila sobre mi lánguido cogote, y restregaría completo mi rostro de imberbe inocente justo donde quedaba la bendita isla: en el lado occidental del océano Índico al ladito de África. Noté de inmediato, con mi nariz de “pimentón” producto de la recia fricción, que el curita tenía muy fresca en su mente la famosa palmeta franquista, por lo que hube de meterle un empujón procedente pero no por ello muy pagano… Descubrí así que enrolarse en el sacerdocio no era nada suficiente como para buscar alumbrar un alma tan oscura…

Debo confesar también, que nunca llegué a tener una imagen respetable de ellos, salvo en escasísimos casos que ostentaban una sensibilidad liberadora, que no son muestra, por lo demás, de lo muy amplio que seguro es el campo de las excepciones. Pero en todo caso fue esa mi experiencia de iniciado en el catolicismo.

Y luego, observando estos señores curas de aquí, los de la denominada Conferencia Episcopal, terminó derrumbándoseme la imagen vicarial casi en su totalidad… Y todo porque habiendo tenido aquella imagen primigenia, donde la benevolencia cristiana brillaba por su ausencia y donde sólo pretendían encubrir por el contrario su ineludible miseria humana detrás de un crucifijo, se les agrega ahora la evidente condición de politicastros –que no son más que los políticos tradicionales- donde una de sus características más abultadas es la de mentir con descaro, para contradecir así, y a tan alto rango, el octavo mandamiento de la Ley de Dios en la tradición católica; con un lenguaje además de chuzo barriobajero o de compadrito y donde por otra parte han llegado hasta el extremo de, mediante una ridícula hipérbole, significar que Chávez dizque ha secuestrado el discurso de Dios cuando son ellos justo los que han mantenido secuestrado (y casi desde siempre) la clamoreada reivindicativa del pueblo para convertirse en utilitarios portavoces de los poderosos y acaudalados.

Ya se está dando la paradoja -tan paradójica además- que “cabezemotor” es el que pareciera todo un obispo (si no pónganle no más una sotana para que vean) mientras que los episcopalados politiqueros de la Conferencia parecen más bien unos genuinos “cabezemor” en hábitos…

Creo que por ello se impone entonces un cierto orden en esta escandalosa pea oposicionista…

crigarti@cantv.net




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Raúl Betancourt López


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