Conservadurismo y fascismo

En muchos de mis artículos he diferenciado el conservadurismo, calificándolo de legítimo, del fascismo que por oposición considero espurio. E iría más allá al estimar la actitud conservadora como necesaria, rechazando por aberrante la posición fascista. Podría ser que en algún momento en el pasado, dentro del ámbito de algunas civilizaciones, o en el marco de algunas culturas primitivas como es el caso de nuestra etnia caribe en su existencia precolombina, estuviesen fundidas ambas posiciones. Respondían al instinto gregario que impulsa la sobrevivencia del grupo, considerando diferentes e inferiores a los extraños percibidos como animales o bárbaros.

Pero ya hace más de 20 siglos la civilización helénica había reconocido la semejanza entre los seres humanos y en la modernidad tal es un hecho ratificado por las ciencias.

De este modo la exclusión por razones de raza, credos religiosos, diferencias etnoculturales, situaciones socioeconómicas es irracional. Empero, en la polémica desatada en nuestro país por el proceso revolucionario, se ha manifestado un movimiento político claramente fascista, no solamente por sus actitudes y conductas discriminatorias sino por la intención visible de imponerse por la fuerza. No se trata de reconocer el conflicto y buscar su superación por medios racionales, incluyendo la guerra. Quienes lo impulsan favorecen la implantación de un "apartheid" que confine la población marginal en "guetos" (tal como en la realidad estaban), sin descartar las posibilidades de genocidios como el practicado en el barrio "Chorrillos", hoy conocido como "Hiroshimita", en la ciudad de Panamá durante la invasión a la República ístmica en 1989.

Desafortunadamente la corriente conservadora hasta ahora dominante en la vida política nacional, gravemente debilitada por el ímpetu de las fuerzas de cambio, se ha subsumido en el movimiento fascista impulsado desde EEUU dentro de la etiqueta del neoconservadurismo. El poder fáctico (fuerzas militares, capital, tecnología) acumulado por este movimiento monstruoso, acaudillado por una mediocracia enseñoreada del ámbito comunicacional que proclama la supremacía blanca, ha alienado a las fuerzas conservadoras nacionales masificándolas. Le han transformado "ipso facto" la duda racional sobre la eficacia del socialismo proclamado por la revolución y colocado en segundos un principio de antipatía natural contra lo disímil en un odio feroz. Los rasgos fundamentales de la alienación. De esta forma este movimiento conservador de raíces naturales, que propende al mantenimiento del "status quo", se ha convertido en un dócil rebaño. En su seno no hay diálogo ni debate que muestre diferencias. Sólo hay una fascinación hacia imágenes virtuales que estimulan esos sentimientos de odio que alimentan su acción.

Pero el conservadurismo es otra cosa. Aunque sus fundamentos como fuerza natural son instintivos, contrarios al progresismo de base cultural, él representa la posición espiritual de quienes aman la seguridad que proporciona la legalidad y el orden, desdeñando la anarquía y los cambios políticos. El mejor ejemplo de esta posición es la actitud asumida por Montesquieu, compartida por los revolucionarios independentistas norteamericanos, y en nuestro medio, entre otros, por Andrés Bello y Cecilio Acosta con la sacralización de las constituciones. Lógicamente al sostener unas creencias tan ilimitadas en las instituciones dificultan las transformaciones políticas exigidas por los cambios sociales. Pero su modo, compartido por miembros de todos los niveles sociales, no excluye al contrario. Al revés. Lo identifica abriéndole posibilidades al diálogo, el debate y hasta la polémica dentro de la racionalidad que provee la norma positiva o consuetudinaria. En otras palabras, le abre paso a la dialéctica que impulsa el ascenso humano. Ello es lo que hace al conservadurismo respetable y necesario. Y es la recuperación de esa dignidad y el reconocimiento de su valor en el proceso político, lo que hace indispensable, para el bien de todos, su diferenciación de ese movimiento fascista que amenaza con la destrucción de la vida.

alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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