El transporte público… privado

Cuando en las ciudades de los países del Primer Mundo, sobre todo Europa, pero también en los Estados Unidos, por cierto nada socialistas, se habla de transporte público, se habla de transporte público de verdad, verdad. La redes del transporte urbano en una gran mayoría de los casos son del Estado.

La historia reciente de Venezuela nos ha enseñado el papel tan estratégico que tiene para la nación el transporte público, sobre todo en las metrópolis, donde millones de seres humanos dependen de éste para movilizarse. Prueba de eso fue el estallido del 27 febrero de 1989; ya que es bien conocido que el transporte fue la chispa que prendió el polvorín.

Si, las telecomunicaciones, la defensa, la salud pública y la educación se consideran asuntos estratégicos para la soberanía nacional, de igual manera debería serlo el control sobre el desplazamiento de millones de personas que tienen que moverse para que el país siga adelante y no se paralice.

Algunos sectores del gremio del transporte están nuevamente amenazando con ir a un paro y crear el caos a las puertas de la Copa América, que casualidad que todas las veces que hay posibilidad de chantajear al Gobierno sale algún grupo de este sector a poner al Gobierno de rodillas y a negociar teniendo la sartén agarrada por el mango.

Obviamente no todos los transportistas se comportan de esta manera. Durante el paro insurreccional de diciembre 2002 - febrero 2003, hubo quienes que no se sumaron a aquella infamia, pero también hubo una parte que sí. Es lógico que este gremio también se encuentre dividido como el resto de la sociedad venezolana. El problema no reside en que haya transportistas buenos o malos, escuálidos o chavistas, concientes o irresponsables, sino que no se puede dejar en manos de la empresa privada un asunto tan vital y tan importante para la nación como el transporte terrestre urbano.

La irresponsabilidad de los gobiernos de la IV República hizo que nunca nadie se preocupara para ir construyendo una red de transporte público acorde al crecimiento de las ciudades de nuestro país y que satisficiera unos mínimos requerimientos de calidad para los usuarios. Eso fue así probablemente porque comprar autobuses no era tan rentable como los chanchullos financieros al estilo RECADI, o porque el “negocio” petrolero y la importación de todo clase de alimentos eran mucho mejor a la hora de embolsillarse unos cuantos dólares, pero posiblemente también ocurrió por el auge del neoliberalismo y su afán privatizador que nos cayó encima cual plaga bíblica durante las últimas décadas del siglo XX, antes de la llegada del Presidente Chávez. En el caso del transporte público no hizo falta privatizar nada ya que nunca existió.

El mal llamado transporte público, a excepción del que sí lo es de verdad es el que maneja el Estado, como en el caso del Metro de Caracas y sus rutas de autobuses, el resto es realmente catalogable de tercermundista. En varias oportunidades hemos escuchado al presidente Chávez “regañando” a la clase media venezolana porque es demasiado dependiente del automóvil, cosa que en efecto es cierta. Sin embargo hay que admitir que la mala condición de los autobuses, la poca confiabilidad del servicio, lo transforma en un irrespeto al ciudadano. Tener que trasladarse en bus en Venezuela es tan desagradable que apenas uno tiene la posibilidad económica, corre desesperadamente a adquirir un automóvil para no tener que soportar esta especie de tortura física y psicológica que significa tal experiencia. Esa es la principal razón por la cual el tráfico en nuestras ciudades es absolutamente infernal y que esas estén prácticamente al borde de la paralización.

Hay que reconocer los esfuerzos del Estado para construir redes ferroviarias y los metros, que obviamente ayudan mucho a la solución del transporte público pero los metros y los trenes no solucionan por completo el problema de como moverse por las ciudades. No se puede solucionar a corto y mediano plazo con los trenes y metros todo el problema del transporte urbano en Venezuela. Los británicos tienen más de cien años construyendo sus redes ferroviarias a medida que el país se iba desarrollando y que sus centros urbanos iban creciendo y nosotros no podemos esperar décadas para arreglar el problema. Además los trenes y los metros no podrán jamás sustituir por completo los medios de transporte de superficie como los buses.

Nunca se habla con seriedad de este problema, siempre se esquiva para no enfrentarse con este monstruo que es le gremio de los transportistas. Ahora resulta que los transportistas están “alarmados y molestos” porque el Estado venezolano anunció la tímida compra de unas 200 unidades para algunos fines específicos como el transporte estudiantil y para una que otra ruta turística. Ellos se “molestan y se alarman”, pero en realidad los que deberían molestarse son los usuarios del transporte que tienen que calarse su lamentable servicio y que deberían pedirle al Gobierno firmeza con este gremio y que exija a los dueños de los buses de ponerlos en condiciones por lo menos decentes y seguras.

Después de la Copa América deberíamos enfrentarnos a este problema. Los dueños de los buses además de explotar a los usuarios, en el país con la gasolina más barata del mundo, explotan también a los trabajadores, puesto que por lo general nunca las unidades son operadas por sus dueños, sino que estos son personas bien acomodadas que poseen más de una unidad y las hacen operar por empleados que seguramente mal pagan.

Deberíamos pedir e impulsar la expropiación de las compañías de transporte urbano si no cumplen un mínimo de requisitos y si no comienzan a prestar un servicio digno, seguro y confiable y si siguen poniéndose con cómicas y con chantajes. Expropiarlas, ofrecerles trabajo a los asalariados que operan las unidades y si no son suficientes que las conduzcan los militares hasta tanto no se logra constituir y hacer operativa una compañía estatal que pueda hacerse cargo del transporte urbano e ir poco a poco reemplazando los buses en mal estado con otros nuevos.

dona@aporrea.org



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Donatella Iacobelli

Directora de la revista cultural ENcontrARTE.

 radona17@gmail.com

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