Crónicas cotidianas

“Que vaina cuando no oyen…”

Felipe estaba convencido de que la salida a sus problemas estaba yéndose a probar suerte a otro país. Aunque su papá decía que lo hacía más influenciado por los amigos que se habían ido todos a diferentes países, en busca de mejores. "Pero yo le expliqué que eso fue porque ellos estaban mal económicamente, que o era el caso de Alfredo, quien no solamente estaba trabajando con un buen puesto en una empresa del Estado, sino que tenía donde vivir, porque yo le hice un apartamento aquí en mi casa, de tres habitaciones. Estaba estudiando administración en la Bolivariana, tenía de todo, porque es cierto que ganaba poco, pero le daban una bolsa de comida cada 15 días, se equipó con lavadora, dos aires acondicionados, tres televisores, dos neveras, un equipo de sonido gigante, los sábados hacía carne asada, y de paso tomaba güisqui. Pero uno no entiende hermano ese tipo de razonamiento. Le dije, pero si estás bien aquí, qué coño tienes que buscar en otro lado. Incluso le propuse, agarra unas vacaciones y ve a ver cómo son esos países. Y siempre le explique lo que tú nos explicaste a nosotros, que el único país con capacidad de recuperación era Venezuela, porque como sus entrañas estaban llenas de riqueza, todo el mundo quería venir a ver qué sacaba, cuánta riqueza podía extraer, y que esos países no tenían esas condiciones. También le dije que, si se iba, fuera a Bolivia, porque económicamente era un país estable y lo sería siempre. Pero, sabes lo que me dijo ‘tranquilo que en un año regreso con 50 mil dólares en el bolsillo’. Coño hermano, en verdad que nunca creí que mi hijo era tan pendejo. A menos que fuera a vender drogas para allá, pero sé que no es capaz de esa vaina. Lo cierto es que se fue hace cinco años, tú debes recordar su partida".

Aníbal me cuenta que Alfredo llegó a Chile, a Santiago, todo ilusionado. Iba a dormir a casa de un amigo y a moverse a buscar trabajo. Dormía en una colchoneta en el piso. En la mañana se levantaba y salía temprano, todo a pie para no gastar. Se comía un pan y un café. Así estuvo dos semanas, cuando la angustia comenzó a aparecer, justo en el momento preciso de encontrar trabajo en un taller mecánico, limpiando las herramientas, lavando el local y dejando todo en orden, de lunes a sábado de 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde, cobrando escasamente 300 dólares. Llegaba hecho un trapo a la casa y se topaba con la mala cara de la esposa del amigo. "Lo que tú siempre me has dicho que uno a los tres días hiede. Ahí se dio cuenta, en primer lugar, debía irse para una habitación, y en segundo lugar que lo que ganaba no le daba sino para irse a un tugurio, que efectivamente fue lo que encontró, un catre para dormir y un baño colectivo para bañarse por los que pagaba 120 dólares. Se hizo amigo de un peruano que vivía en la pensión, quien se portó del carajo con él, y habló con un cuñado para que le alquilara un taxi los domingos, pero tenía que darle 30 dólares por el día, y tenía que trabajar escondido. Así que le echaba bolas desde las 6 de la mañana, hasta las 7 de la noche. Ahí se ganaba 30 o 40 dólares más. Ya te puedes imaginar, ni un centavo para nadie, ni para los hijos que dejó aquí en mi casa y tengo que correr con el mantenimiento, ni para la mujer que ya le estaba montando cacho con otro tipo. Y uno de esos días se encontró a Samuel, te acuerdas del morenito que vivía con la mamá. Él estuvo en Puerto Mont y estaba de paso en Santiago, porque se iba para Ecuador donde le dijeron que iba a conseguir trabajo con un venezolano que estaba allá. Pues con lo poquito que tenía guardado, se fueron los dos a donde un venezolano que tenía un taller de latonería y resultó más coño de madre que los ecuatorianos mismos. Los dos consiguieron una habitación y se ayudaban. Allí estuvieron un año de lunes a sábado, 12 horas diarias".

Aníbal me dice que sostuvieron una conversación con otro de los amigos que estaba trabajando Perú, en Arequipa, quien le dijo que allá podían echarle bolas y montar un tallercito los tres para reunir plata e ir avanzando. Y en cuatro meses, se reunieron los tres, y vivían en un apartamento de dos habitaciones. Allí trabajaban igual, pero comenzaron a tener un poco de tranquilidad y hasta novias. Un año y medio después de trabajar como bestias, lograron conseguir un local y montar un taller de latonería y pintura. "Él me contó que ya estaba guardando para enviarme plata y que estaba más tranquilo y que les iba bien en el taller, que tenían buenos clientes. Pero ya vas a cumplir cuatro años por allá hijo. Te das cuenta de que no ibas a regresar con 50 mil dólares. Viste lo jodido que es, le dije hermano, para que viera que uno no estaba chupándose el dedo. Incluso le dije que avanzara allí y que no se le ocurriera inventar de nuevo. Total, que a los 4 meses que no se comunicaba comencé a preocuparme. Lo llamé varias veces, y a Samuel, y ninguno respondía. Olmos, ya tú sabes del presentimiento y pensé que algo había pasado. Empecé a buscarlo con otros amigos. Hasta que por fin llamó y ya había pasado 8 meses. Me contó que le llevaron un carro para latonería y pintura, que resultó ser robado. La policía los tuvo un mes detenidos, hasta que el hermano de la novia de Samuel, que resultó ser abogado, negocio con los policías, pero ya el problema estaba en manos de un juez, a escondidas de la Fiscalía. El soborno para no ficharlos fue que les entregaran el taller. Tenían que comenzar de nuevo, pero libres. Yo conozco a mi hijo Olmos. Ese es un pendejo llorón. Me dijo que hasta pensó en suicidarse, pero no lo hizo por su mamá. Pues como te parece que cinco años después está trabajando a para un taller. Dijo que estaba decidido a reunir para regresarse a Venezuela. Tantas vainas que se hubiera ahorrado. Hasta se hubiera graduado de administrador. Me da mucho dolor con él, pero a la vez mucha arrechera. Me dijo que cree que se viene en diciembre porque necesita unos realitos para traerles algo a los hijos y a su mamá. Que vaina con los hijos cuando no oyen, hermano".



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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