Ensartar la perinola en tiempos que no volverán

¡Recordar, recordar, cómo no recordar, y el tiempo pasa -joder!

Mis manos ensartan el tiempo libre que aún me queda y mis ojos se vuelven un imán de tensión.

¡Venga que la vida se vive solo una vez! ¿Cuántos lo habrán dicho? Aunque otros vivan bien después de muertos, pues la fama trasciende y los acobije como los pícaros que fueron, vale.

Bien dice el refrán que "hombre precavido vale por dos".

¡Mierda! Como pesa no haber sido nadie, ni aún como un soldado desconocido que permanece desconocido que, para él solo hubo banderas y que alguna vez se rió de sí mismo y, aún así, nadie lo recuerda.

Ensartar la perinola parece una distracción de pobres o quizás, un hazme reír de los tiempos que una vez fueron cuando se empezaba a soñar y, pensar que todavía lo recuerdo como el niño inocente que una vez fui en esa Venezuela envuelta de tinieblas que quizás estén en mi vista como un flash de déjalo ir.

¿Con qué juegan los niños de estos días?

¿Acaso se drogan de esperanzas sin saber que hay distancia-espacio imposibles? Aunque el infinito se pierda de vista existimos y el juego de la perinola nos consolaba viéndola ensartada de entrar y salir como el que se despide creyendo que el poder de la vida era un río que algún día bañaría con sus aguas de vejez como una primavera sin sobresaltos y después vendría el verano que sí conocimos como conocimos que nunca es tarde para amar, aunque las flores de la pubertad te lleven a la tumba donde estarán cuatro letras que quizás expresen: Aquí yace el pasado.

Quien haya jugado el ensarte de la perinola no se detendrá nunca a pensar que una vez se fue niño y que el tiempo se iba en un ir y venir como el que sube y baja en la prospección de la Venezuela que nos queda para escarbar un poco más de lo que hay escondido.

Entonces que nos queda, vaya usted a saber y, más ahora que hay tantos venezolanos regados por el mundo quizás, ensartando el tiempo sin tener la perinola de su suerte en sus manos no como el que de buenas a primeras la ensaltará el 28 de julio del año en curso que de seguro el ensarté será de emoción para seguir con más de lo mismo, apretándole el gañote al pueblo venezolano, quien espera que el caer de la perinola no será por el eje político del cielo y, como más por menos es menos a lo mejor los gringos se apiadan de ellos de una vez por todas y, los dejen en paz para siquiera amasar un poco la alegría que les dé el entrar y salir de la perinola de sus preocupaciones, vale.

Las argucias quedan atrás que otros no quieren ni para coger impulso, pero que de vez cuando es valedero recordar de dónde venimos y todo a su tiempo no da pena pena haberlo vivido, aunque la miserias humanas de otros se impongan, hay que darle tiempo al tiempo aunque sea para soñar que algo es algo.



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Esteban Rojas


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