Me acogeré a mi destino y partiré al viejo continente muerto de miedo

Solo pocos días de convivencia me retienen en esta isla amiga, en la que me he bañado de mucha paz salitrosa y, la que siempre ha sido mi mayor querencia donde, un día lacónico me soltaron de cabeza agarrado a un año impar años atrás cuando, cortaron del ancla de mi existir mi cordón umbilical con un bullir de tiernos sueños que siempre me han acompañado, sueños que ahora me sofocan con ríos de trasnocho y hasta me desespera el no saber cómo será mi estadía en una ciudad de Europa que no conozco y, en la que continuaré con mi vida y en la que me mantendré como un desconocido migrante que nunca más regresará a su país a reír de sus perseverantes amarguras en el mismo paquete de su inflación que nos daña todo día tras día.

Imaginar cosas para vivir del contagio que todo es posible como realidad tangible vista desde el plano político individual, trasmutar momentos, encaramarse en tertulias de desigualdades nunca, juntar pasatiempos, recrearse en una montaña rusa a toda prisa, aprovechar el tiempo para cosechar esperanzas de que cada día podría ser mejor, aunque nunca imaginé que saldría de mi país a morir en otro y hasta llegué a pensar que la revolución chavista nos haría felices a todos, vaya desliz de cómplice pensante y, además sus buenas acciones nos cubrirían de paz interior y exterior, y que ellas serían la orientación de una vida mejor bien planificada, es decir, yo convivo, tú convives, él convive y lo demás los deseos de logros bien específicos en provecho de un mejor porvenir entre los míos con íntegra dignidad de humanos y, no para el blabla que lo que deja es una resaca de rabia de día como de noche y, entonces la cadena de los males se desata y adiós país y la ruindad es el pan de cada día y la gran mentira como engaño lo cubre todo y, lleva tu bolsa clap y espera tu bono Patria, y sonríe que de ahí no pasarás, ese es tu gran futuro y el olvido encubre tu mente y vivirás sabroso dentro de una habitual cola de espera para la gasolina, tan humillante y tediosa como complemento de más de lo mismo.

¿Y entonces?

¿Y ahora qué hago?

El pasaporte de mi felicidad no existe y engañado y maltrecho tengo que salir a respirar a otra región como uno más remendado de miseria y, si quieres progresar tienes que esclavizarte que el dólar lo han convertido en el Cristo de la salvación del mundo y si llegas a los Estados Unidos descubrirás que Colón jamás existió sino la estatua de la libertad, y te pondrás en dólares, carro, drogas, alcohol y sexo, es decir, la buena vida sin revolución alguna a tu libre albedrío y, más exitoso imposible de ser, si ese es el gran mundo, tu felicidad, tu dicha y, no veas atrás que lo contrario es el atraso y, nuestros líderes políticos son pulimentos de otro cristal y, si alguna vez existió Fidel Castro y Chávez fueron estrellas de otro firmamento pues, ya casi nadie los recuerda y si los recuerda entonces eres un Che Guevara tipo Trump más competitivo y más dinámico recreando la pasión política de que los pobres nacieron para ser pobres, mientras América sea de los americanos o, sino contad con tu muerte con o sin guerra económica que Cuba no ha dejado de ser el burdel de los gringos ni jamás ha sido bloqueada y, Miami ha sido y será el respiradero como paradero de los cubanos que quieren vivir mejor.

Imaginan ustedes lo que es vivir fuera de esta isla sin pensar en sus empanadas de cazón, en una cabeza de corocoro asado, en un pastel de chucho, atragantado además, de los atardeceres de Juangriego y, cómo no bañarse en cualquier playa nuestra de agua fría o caliente en cualquier época del año, perder todo eso enferma e inquieta y encoge la voluntad del ánimo sabiendo que fuera de la isla la vida es incierta sin poderse chupar la pepa de un mango tino y además, lo más democrático como relajante no hacer el amor bajo las estrellas de El Caribe, ensartado de una luna penetrante que cobije el cuerpo con olas envueltas de calor crujiente es para morirse de rabia por ser bien egoísta.

¡Margarita, mi bella isla, todo un recuerdo que se pierde de vista: añorando el tiempo perdido entre perlas de rocío que quedan en la imaginación! Ser o no ser he allí la cuestión. Otro más del montón que se perderá de vista sin sorpresa alguna que recree la atención o el pensamiento de otros, otrora de presagios que murieron al nacer. Sol y sombra y un tango que aligere el paso que te dé bríos para combatir adversidades sin poder pagar y darme el vuelto, la vida y sus trasfondos.

Vainas de vainas. Una resolución que te entierra despierto. Otro mundo, quizás cuadrado, donde el teorema de Pitágoras perdió la hipotenusa de su alcance, quizás sin amigos, oh los amigos, amigos de tantos años, otros enterrados, pero aún se recuerdan y solo nos queda despedirnos, "adiós amigos, seres queridos". Y una lágrima rueda entre tantos sentimientos en la oscuridad de mi trayectoria, la fama pasó de largo, nunca fuimos emprendedores, ni nos esclavizamos en situaciones comprometedoras, donde el deporte y la cultura no consiguieron nido, posiblemente muertos en vida, pero la vida continúa, no hay dinero para comprar la libertad, ni bañarnos de regocijos, acaso falta de visión, la corrupción nunca nos atrajo, de cómplices tampoco, humilde en todo, expectativas desmedidas flotaron, no hubo bases para ellas, la ambición persiste, no. Los años acuesta nos crucifican por su pesadez, llegar a la vejez sin poder de resolución que pueda decir fui lo que quise ser, posiblemente me imbuí de miedo y me escondí tras él, aún así mi sinceridad es leal, soy creyente de mi destino, jamás he dejado de reírme y mi voluntad es tan inquieta y resistente que llegué a viejo sin darme cuenta y como el niño que soy seguiré siendo donde esté, nada me apena porque no tengo nada que esconder y, mi mayor felicidad haber tenido hijos y nietos y a ellos me debo y mientras tenga memoria estaré pendientes de ellos.

Mi indescifrable currículo no ser nadie, me honra, lo bueno, lo malo, de todo un poco como parte de ese currículo. Toda una vida que me lleva a buscar nueva vida y los objetivos ahora son pocos, y solo una cosa me preocupa y es no saber, a qué vine a este mundo, no sé si gané o perdí las batallas que emprendí que en sí no fueron épicas, pero al estar vivo me mantiene en el ranking del espejismos de mis convicciones.

¡Adiós Patria querida, te quiero tanto que no sé si alguna vez te olvidaré! Aún así, jamás dejaré de ser venezolano y le dejo un saludo a mi bandera, siempre la honraré con dignidad, de eso estoy seguro.

Mis enemigos, yo mismo. No aconsejo a nadie, ni le pido que cambie este mundo, sino más bien cambie él como he tratado de cambiar yo a medida que convivo y, mi mayor proeza en esta vida ha sido hacerme el "loco" para que nadie me infortune.



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Esteban Rojas


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