Cuento o razón

El arco de la sequía está disparando sus flechas

El periodista Juancho Marcano, salió de su casa a las 1pm a realizar una diligencia y parecía que el sol derretía el asfalto de la carretera. Cada año que pasa, no hay duda, al parecer, el astro Rey, viene con su metralla disparando mayores ráfagas de rayos que no provoca salir a horas del mediodía para ningún lado y mucho menos en este pueblo isleño, como lo es la Tacarigua de Margarita.

"Juancho, uno sale ahorita por la obligación de hacer las cosas, pero provoca regresar a tiempos pasados y llegar a nuestra juventud y sentarnos bajo esas matas de mango y tomarnos unas bebidas frías con varios amigos y divertirnos y olvidarnos de este sol y sobre todo el calor, que es un bisturí que abre los poros y empieza a emanar el líquido de sudor", dijo un vecino, que también estaba saliendo a esa hora, que lo hacía el reportero.

El periodista, a pesar de esas condiciones, tuvo que salir y tratar de solucionar el problema que se había presentado, pero cuando regresó, encontró a Pipo, buscando el frescor que despide el suelo donde están las ixoras emboscadas y que mantienen la tierra a una temperatura más baja, y ahí al ver Juancho, salió y lo recibió, como siempre, en el garaje y una vez que el periodista bajó del carro y se sentó en una silla con el fin de refrescarse con la brisa que se encierra entre los helechos, se acercó y dijo: "Voy a decir, como lo pudieras manifestar tú, Juancho; es decir: "La sequía con su arco está disparando flechas que secan los suelos y arruinan y entristecen las plantas y eso, por este tiempo, es común que suceda".

- Así es Pipo, y a eso que tú dijiste yo agregaría, que la sequía con su aguja, va tejiendo con hilos ardientes el paño mustio con el cual pretende cubrir todo el paisaje que nos rodea.

- Triste, Juancho, triste, y sin poder hacer nada para calmar a esas plantas sedientas que mueren sin poder gritar: "Queremos agua. ¿Quién se apiada de nosotros, y nos traen vasos de agua para apaciguar esta sed?".

- Muy doloroso, Pipo, porque un árbol que hemos sembrado es como nuestro hijo, pero se muere por causas externas y no por culpa de nosotros, aunque no por ello, dejamos de ser culpables.

Dijo el periodista y empezó a atender el celular que repicó en ese momento.



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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