Tres interrogantes: ¿Maduro neoliberal? ¿Los maestros, los exministros y el PCV, de la CIA? ¿Moisés Moleiro con este gobierno?

Las preguntas son claves de cualquier pensamiento, como bien decía Heidegger y lo sabe cualquier maestro de escuela venezolano. Aquí me hago tres, muy actuales. Por supuesto, hay muchas más; pero, por ahora (como decía el personaje aquel), vamos con estas.

¿MADURO NEOLIBERAL?

Hace poco Luigino Braci se hacía esta interrogante en un escrito publicado en Aporrea. En realidad, muchos se la han planteado desde, por lo menos, 2018, cuando, de pronto, Maduro se mostró contento con la dolarización de facto de la economía cotidiana del venezolano, se empezaron a privatizar las empresas que había estatizado Chávez, se aprobó el decreto del Arco Minero, así como las Zonas Económicas Especiales y una ley que presumía de "antibloqueo" que suspendía, también de facto, la Constitución Nacional, abriendo el período de excepción que actualmente vivimos.

Braci respondía que él no creía que Maduro fuese neoliberal, pero el claro deterioro de las condiciones de vida del pueblo y la falta de explicación de la política económica del gobierno, hacía pensar a mucha gente en eso. Estoy en parte de acuerdo con el conocido twitero y columnista. Ya hace tiempo publiqué un artículo que trataba el tema y que disfrutó Amaranta.

Decía en aquel entonces (¿Maduro es neoliberal?-Aporrea: 5 de marzo de 2021) que, definitivamente, Maduro no es un doctrinario, sino un político pragmático (y no en el sentido filosófico, claro), es decir, uno que "no busca en alguna teoría general algunas verdades para orientar su acción, sino que improvisa sobre la marcha, da respuestas inmediatas de acuerdo a las premuras y las urgencias del momento, en función de minimizar costos y, si todo va bien, obtener alguna ganancia", y agregaba: "La cuestión e que esta gente no es doctrinaria; es improvisada y chapucera y, encima, demagoga (…) Sus políticas de ajuste no se guían por Hayek o Friedman, así como antes no se guiaron por Marx, Lenin, ni siquiera por Stalin o el Che. Hacen uso de tres o cuatro frases de un agitador nato como Chávez (quien nunca fue un teórico, sino también un gran barman de cocteles discursivos), insisten en el culto de la personalidad del Comandante (…) afirman que son marxistas, maoístas, democráticos, constitucionales, exaltan la lealtad ciega (y personal al líder, al estilo de los nazis, agregaría hoy), rayana en la complicidad. Pero eso no es una doctrina. Es una excusa". ¿Excusa de qué? Pues (y seguíamos) de las políticas económicas del gobierno en el período 2013-2018 que fueron "incoherentes, inoportunas, extemporáneas, contradictorias, improvisadas".

Que conste que estos juicios, muestran una versión muy favorable a Maduro, la más benigna de las posibles. Porque hay quien piensa que Maduro y su combo quebraron a propósito la economía nacional, ayudados por las sanciones económicas que Trump impuso recién en 2019 (y que efectivamente han golpeado nuestra economía, junto a la corrupción y la incompetencia), porque ya tenía en mente algo así como una perspectiva de ajustes neoliberales. Es decir, que desde 2013 ya venía conspirando contra la economía del país. Yo la verdad, no lo creo factible. Tal vez, y hay elementos para confirmarlo, venían robando desde hacía tiempo. Pero mi hipótesis sigue siendo la ya expresada, y con eso mantengo el acuerdo de fondo con el inolvidable amigo Orlando Zabaleta cuando caracterizaba al gobierno de Maduro como el peor de la historia republicana de Venezuela.

Otro asunto es si esas políticas de Maduro son la continuación o las consecuencias de las de Chávez. Sobre esto también hemos escrito, pero también, por ahora, lo dejamos hasta aquí. Pasemos a otra pregunta.

¿LOS MAESTROS, LOS EXMINISTROS Y EL PCV SON DE LA CIA?

Nadie se cree esa acusación contra los pauperizados maestros venezolanos, todos dignos representantes de un sector de los más respetados de este país desde siempre, y que se han visto obligados, por sus obligaciones familiares, a resolverse con la manicure, la culinaria o la repostería para medio sobrevivir, tal y como, con cruel desparpajo, ha recomendado la Ministra de (mala) educación. Hasta que dijeron ¡basta! y han salido a la calle a protestar. Salió por ahí un informe de Misión Verdad señalando que la agitación laboral que sacude al país desde hace ya más de un mes, pudiera responder a una alternativa de oposición al gobierno, tramada por un "think tank" gringo, luego de la derrota y pulverización consecuente de la oposición apoyada (esa sí) por Washington. Pero la verdad, es que quien cree en esa "Verdad", debe ser un degustador fino de heces mediáticas.

El punto es, y eso lo ve cualquiera, que la movilización de los trabajadores ha sido un hecho de gran significado político por varias razones: primero, porque rompe con una especie de depresión luego de la hiperinflación y la pandemia, en ese duro "sálvese quien pueda" que ha sido nuestra vida durante todos estos años. Segundo, porque ha sido autoconvocada rompiendo con un pseudoleninismo que solo entiende la política como control de los partidos (del gobierno o de la oposición) sobre el movimiento masivo. Tercero, porque el movimiento sigue ahí, resistiendo dignamente, a pesar de las amenazas, la represión selectiva, la campaña de desprestigio, con que ha respondido al gobierno. Y lo interesante: con el apoyo generalizado del pueblo, incluida esa base del PSUV tan golpeada como cualquiera.

Los otros acusados de agentes de la CIA, los exministros y el PCV, se defienden solos; pero hay que destacar dos o tres ideas claras. Primero, el PCV ha levantado una política clasista y de independencia, digna de su propia trayectoria admirable de lucha de muchas décadas. Y lo escribo yo, que no soy comunista, ni marxista-leninista; eso sí: un poco marxista, por razones que explicaré luego. Segundo, conozco personalmente varios exministros que también son ejemplo de lucha contra la corrupción, de honestidad porque creyeron que de verdad este proceso era revolucionario y se esforzaron por impulsar políticas en ese sentido. Además, han hecho aportes fundamentales para entender esta degradación que nos gobierna y nos ha llevado al despeñadero. Por eso, doy fe de su integridad política. Me refiero a varios que hoy están en la Plataforma por la Defensa de la Constitución: Oly Millán, Gustavo Márquez, Héctor Navarro. También a Víctor Álvarez. Incluso, a pesar de su reticencia, Jorge Giordani. Estas acusaciones de Maduro provocan la siguiente inquietud: ¿es que se prepara una nueva ola represiva? La verdad: no me extrañaría.

¿MOISÉS MOLEIRO APOYARÍA ESTE GOBIERNO?

Algunos excompañeros del extinto MIR hace poco me consultaron, indignados, acerca de un anuncio donde se promovía un centro de estudio o algo así, con el nombre de Moisés Moleiro, con gente del gobierno. Figuraba, en primer lugar, el nombre de Rodolfo Sanz, ahora experto en China. Nadie sabía de la militancia mirista o masista de Sanz, pero es igual. La necesidad de un mensaje de desagravio (que aprobé de inmediato) tenía sentido porque: 1) un líder como Moisés que luchó toda la vida contra la corrupción, contra el autoritarismo negador de derechos, por una sociedad diferente a la capitalista, democrática, popular, no habría podido estar apoyando a este gobierno. 2) Hoy el ejemplo de Moisés nos mostraría la necesidad de levantar la bandera de la democracia, la constitución, los derechos humanos y laborales.

Moleiro (junto a Petkof, junto a Maneiro, Ludovico Silva, y otros) fue parte de una cohorte de líderes e intelectuales de la izquierda venezolana que, sobreponiéndose a un grave error, como fue la lucha armada de la década de los sesenta, repensó completamente los fundamentos de la política socialista. La articuló definitivamente con la democracia, con la ecología, con nuevas formas productivas y de relación social. Replanteó el marxismo quitándole ese hedor a dogma o verdad definitiva de una supuesta ciencia que conocía y controlaba las supuestas leyes de la Historia. Abrió las puertas y las ventanas a la ciencia auténtica, la misma que nace de las dudas y las aventuras del pensamiento, y no de la fe ciega o fanática. Que intentaba comprender al ser humano en todas sus dimensiones, incluso las inconscientes, vía psicoanálisis. Que se resistía a cualquier culto a la personalidad o lealtad personal al líder de tintes nazis.

Invito a los mismos militantes de mi generación, los de sus aprendices, pero también y sobre todo a los más jóvenes también, los milenials, los que nacieron a la vida política ya con Chávez en el poder y parecen no saber que antes de él hubo izquierda y luchas, etc. a leer esos textos que despiertan la inquietud por investigar, preguntar(se) y pensar, y no la comodidad de disponer, al fin, de todas las presuntas recetas para transformar la realidad: "La izquierda y su proceso" (1975), "La izquierda superada" (1983), "El ocaso de una esperanza. La tragedia de los bolcheviques rusos" (1990) y tantos documentos del proceso interno del MIR.

Por supuesto, toda relación maestro-discípulo tiene sus "basuritas emotivas". Nunca me terminó de cuadrar cómo fue que se prefirió dividir al MIR, a nombre del marxismo-leninismo (muy peculiar, por cierto) para después terminar fundiéndose con el MAS, coincidiendo con Petkoff en la ruptura con la URSS, con la dictadura del proletariado, con el Partido leninista, y demás dogmas que quedaron atrás. Pero entiendo que se trataba de una crisis de la izquierda mucho más general y profunda que la evolución (y crisis) de un solo individuo e, incluso, de los militantes de una organización que no supo cómo persistir.

En todo caso, el punto es que Moisés no es de ellos, de este gobierno. E indigna que se trate de utilizar una trayectoria honesta y combativa, para ponerle un barniz de respeto a una iniciativa que bien pudo tener otro nombre.

¿Por qué no Deng Xiao Ping? Hasta pueden obtener financiamiento y unos pasajes de avión de los chinos ¿no?



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Jesús Puerta


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