La revolución antiobrera del gobierno nacional

En una sociedad capitalista, "…el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, y convierte en máquinas a la otra parte. Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo para el trabajador […] en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado.". Marx, Carlos. El trabajo enajenado. Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844

En Venezuela y en todos los países cuya formación social responde a modelos de desarrollo organizados según los intereses del sistema mundial del Capital, los índices económicos que miden los niveles de crecimiento y desarrollo, solo interesan den cuenta de las tasas de ganancias que obtienen los dueños de los medios de producción y prestadores de servicios, valga decir, los grandes empresarios, comerciantes importadores y exportadores, distribuidores en el mercado interno, los terratenientes y sus empresas agroindustriales, la banca y su capital financiero, amén de que, a pesar de obtener una buena tajada de los ingresos, allí no aparecen los grupos depredadores de la corrupción, del sector político o privado, que a la sombra del poder se meten en todo tipo de negocios fraudulentos de narcotráfico, lavado de dólares, contrabando de combustible, de oro, alimentos y prostitución.

Esas categorías económicas con la que los ministros neoliberales del actual gobierno pretenden mostrar grandes logros, en realidad sólo reflejan el beneficio que alcanzan los dueños de la economía, es decir quienes manejan los hilos del poder, sobre todo negando cada vez más el salario a los trabajadores y todas sus conquistas sociales, pues, mientras menos remuneración reciben estos últimos, más tasas de ganancias obtienen los primeros. Es una realidad que está a la vista de todos, hasta del ciudadano menos ducho en estos temas. Y luego viene el presidente Maduro (quien ahora se comporta como enemigo de su propia clase) y lo exhibe como exitosos alcances de su gestión que ha resultado hambreadora de la masa trabajadora a quien ha conducido a límites de pobreza espantosos jamás conocidos en la historia del país, a pesar de ser el trabajo el factor que hace crecer la producción y el que puede asegurar cualquier recuperación económica que se proponga en una nación.

El trabajo es una actividad tan fabulosa y asombrosa que según expresión de Federico Engels, es un fenómeno "que creó al propio hombre". Al transformar la naturaleza, el trabajo transforma al hombre, siendo condición indispensable para el desarrollo físico, intelectual y moral de quién lo realiza. Sin embargo, para que el trabajo ejerza tan benéfico efecto sobre el hombre, debe ser libre, es decir, trabajo para sí mismo, para la sociedad de sí mismo. Esto quiere decir que no en todas las condiciones socioeconómicas (menos en las que hoy está Venezuela) el trabajo es un bien para el trabajador. Si los trabajadores no son propietarios de los medios de producción a fin de conseguir medios de subsistencia, tienen que trabajar para quienes sí lo son: industriales, dueños de tierra, banqueros, transportistas, en los servicios públicos y privados, el comercio, etc. En tales condiciones el trabajo se convierte en medio de enriquecimiento de las clases no trabajadoras (capitalistas de todas las ramas de la producción), mientras que para los verdaderos trabajadores y productores directos, no es más que un medio de vivir, una carga que le tortura. Esa es la razón por la cual el primer magistrado nada tiene para ofrecerle a nuestra clase obrera la cual es, en fin de cuentas, la que genera todo tipo de riqueza material y cultural. Por eso, el socialismo bolivariano del que habla el gobierno venezolano solo es cháchara, suerte de propaganda para manipular la voluntad de sus ciegos fanáticos y seguidores que nada saben de economía política, más allá de repetir consignas aprendidas sin reflexión ninguna.

Mientras todo eso ocurre, en los comercios locales de las capitales de Venezuela los grandes marchantes, extranjeros y criollos, prisioneros del afán de convertir rápidamente dinero en capital y obtener acumulaciones infinitas, llenos de lujos y ostentación, utilizan la moneda del tan odiado imperio del norte para realizar sus intercambios, desplazando al Bolívar cuyo poder adquisitivo está cada vez más mermado, amén de imponer una conducta especulativa que pone diariamente en aprietos la alimentación y servicios de las familias venezolanas sin que ninguna autoridad intervenga para evitarlo. Esa es la realidad que el gobierno ha provocado, pero que le resulta más fácil atribuirle sus razones y culpas a cualquier otro sector, menos a sus propias políticas erráticas y peor aún de asumir responsablemente el análisis del por qué de tantos fracasos. Por eso, nada sorprende que una funcionaria de tan escaso liderazgo intelectual como la vicepresidenta Delci Rodríguez, frente a las exigencias salariales del sector laboral, solo responda criminalizando la protesta y acusándola de golpista.

Hace ya bastante tiempo el doctor Maza Zavala decía que en un modelo político socialista, muy distinto a este que tanto defienden los psuvistas, de nada vale un crecimiento económico si ello no se traduce en desarrollo social de los trabajadores y sus familias, valga decir, en salarios justos, buena alimentación, vivienda, salud, educación, transporte, recreación, vestido y todo lo que signifique garantías de las mejores condiciones de existencia de quienes con su trabajo generan esa riqueza. Sin embargo, el presidente Maduro prefiere descalificar esas tesis denominándolas opiniones de izquierdistas trasnochados y se dedica a borrar todas las conquistas que los venezolanos habían arrancado en años de luchas y sacrificios a sus explotadores, desde la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935 hasta las que llevaron adelante hace ya más de un decenio.

Esa es la verdad, vergüenza les debe dar al grupo que gobierna que mientras ellos se consumen en groseros beneficios y comodidades sin producir nada, por ser la clase que no trabaja, le exijan a los trabajadores aguanten la pela de esta tragedia, incluso hasta casi pedirles morirse de hambre, inmolarse por esa causa tan antiobrera. Mientras tanto, entre uno y otro escándalo de corrupción que se descubre en PDVSA (caso de las denuncias contra Rafael Ramírez y de éste contra su sustituto en esa estatal petrolera, cuyos montos se asegura suman miles de millones de dólares) y en otras empresas u organismos de gobierno, las quejas de escasez de ingresos resultan una burla contra las legítimas aspiraciones salariales de los trabajadores que llenos de molestias observan como el alto gobierno y su fiscal no se atreven a sancionar a los peces gordos que están o vienen de su propio seno, incluso ni siquiera accionan la justicia contra el grupo ladrón de la oposición que hizo desastres con los recursos de las empresas Citgo y monómero, a pesar de que les hacen todo tipo de acusaciones públicas y sin embargo entran y salen del país como Pedro por su casa, sin que ninguna autoridad les toca un pelo.

Las sanciones económicas que tanto se esgrimen como razón de la destrucción de la economía nacional, era de esperarse ocurriesen cuando Maduro anunció la ruptura de relaciones de todo tipo con los EEUU y les suspendió los envíos de petróleo. No se podía ser tan ingenuo para no esperar una reacción enemistosa del mayor imperio conocido en la historia universal y cuya naturaleza agresiva es lo que lo distingue. ¿O es que acaso pretendíamos enfrentarnos a ese monstruo donde dominan los más poderosos grupos del capital global y seguir recibiendo su tecnología, conocimientos científicos y de paso que se quedaran cruzados de brazos? ¿Quién podía creer que los gringos, dueños de ese inmenso complejo industrial, militar y financiero, renunciarían mansamente a mantener sus intereses en nuestro país y no respondería bloqueando las operaciones económicas que Venezuela había realizado por siglos a través de su sistema monetario internacional?. Más aún, eso era la crónica de una confrontación anunciada desde el mismo momento en el que el discurso y las decisiones de nuestro gobierno lo empezaron a identificar como aliado del capital euroasiático, que está enfrentado y compite con el primero. Hasta cualquier tonto sabe que si buscas peleas con un imperio tan poderoso que ha estado beneficiándose eternamente de nuestros recursos, no se podía esperar que tuviera una respuesta distinta a la que ha dado y por ello se debió estar preparado para enfrentarla con una estrategia que protegiera a los trabajadores y no conformarse con asumir simplemente un comportamiento similar al del califa de Granada a finales del siglo XV cuando los cristianos, por sus torpezas y errores, le tomaron la ciudad y sólo le quedó dedicarse a chillar desconsolado, por lo que su madre le dijo: "Lloras como un niño lo que no supiste cuidar y defender como un hombre".

Coro, 22 de enero de 2023

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Luís Oswaldo Dovale Prado


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