Así lo presentan, pero no es verdad

Mucho ojo: Crecimiento no es igual a Desarrollo

Martes, 30 de agosto de 2022.- Muccho ojo: Crecimiento no es igual a Desarrollo.

Para los que erróneamente apuntan unidireccionalmente a la meta del crecimiento de la economía nacional, sobre todo la orientada casi exclusivamente a la exportación, con el fin sacrosanto y casi único de obtener más divisas como objetivo fundamental y prácticamente lo consideran el modo casi perfecto, óptimo, de salir de la crisis que a casi todos nos agobia, van dedicadas las siguientes reflexiones:

Lo primero que tenemos que establecer es que el Crecimiento no es igual a Desarrollo.

Que la economía de un país, en este caso nuestro país, crezca, que presente mejores cifras no significa necesariamente que el país se está desarrollando, no señor.

Claro está, que el desarrollo de un país requiere del crecimiento de su economía, pero atención, no es lo único.

Tomemos como ejemplo lo siguiente: si el sistema educativo crece significativamente y duplicamos o triplicamos la cantidad de alumnos que asisten a clases, no necesariamente esto garantiza un mayor desarrollo del sistema como un todo, sobre todo, si no se toman las medidas adecuadas que garanticen la calidad docente. En ese caso se obtendría lo opuesto de lo que se buscó.

Volvemos a nuestro planteamiento original: Crecimiento no es igual a Desarrollo.

Así lo presentan, pero no es verdad.

Si mienten por desconocimiento, porque creen que mejores cifras necesariamente significa más prosperidad, mayor desarrollo y mejores condiciones de vida para la mayoría de la población, es algo que tendrían que revisar cuidadosamente.

Si por el contrario, mienten con conocimiento de causa y saben a ciencia cierta que Crecimiento no es igual a Desarrollo y sin embargo insisten y lo presentan de ese modo, están en un proceso de manipulación mediática imperdonable.

También podríamos barajear la posibilidad de imaginar que lo que se intenta hacer es crear un ambiente de mayor optimismo, de que las cosas están mejorando, como todos lo deseamos, eso es positivo, pero sin falsos planteamientos.

En las manos y en las mentes de quienes leen estos razonamientos dejo la decisión de seleccionar cualquiera de las anteriores opciones o combinación de ellas y por supuesto, aportar sus puntos de vista, sus propias teorías.

Una carrera frenética hacia el crecimiento, totalmente desaforada, desenfrenada, descoordinada y sin una visión integral del país, sin un proyecto nacional definido y sin la participación integral de todas las fuerzas vivas, es la fórmula ideal de fracasar en ese esfuerzo.

Para que un país se desarrolle hace falta crecimiento, de eso no hay la menor duda, pero se tiene que diseñar una política de crecimiento hermanada íntimamente a un claro concepto de desarrollo y una clara visión del país que queremos ser, que queremos lograr.

No es crecer por crecer.

Debemos determinar la ruta a seguir, definir hacia a donde vamos y cuál es la ruta que queremos recorrer, precisar dónde estamos y a dónde queremos llegar.

Trabajar intensamente en un cambio de mentalidad que nos permita separarnos de la arraigada costumbre de obtener desesperadamente divisas como única salida para prácticamente comprar, fuera del país, todo lo que no producimos dentro, costumbre impuesta por nuestro largo transitar en una economía de puertos, que muchos se niegan a abandonar.

Podríamos caracterizarla como la hegemonía de la mentalidad rentista, que se niega a morir.

Dejar el inmediatismo y desarrollar una visión amplia y de largo plazo es fundamental para nuestro desarrollo.

Crecimiento y Desarrollo pueden y deben hermanarse, otros países lo han hecho y nosotros con todos los recursos con que contamos también podemos hacerlo, pero sin engañarnos.

Grandes proyectos exigen grandes sacrificios.

Adelante Venezuela.


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Luis Enrique Sánchez P.


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