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Venezuela: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Moraleja: "Una manera para relacionar las cosas es mediante el uso de la inferencia. Hay varios refranes que se pueden adaptar a la moraleja *quien le pone el cascabel al gato*, la cual significa que debe haber alguien dispuesto a correr un riesgo en beneficio de muchos. Entre los refranes que guardan relación con ésta moraleja están: Mucho ruido y pocas nueces: que significa que hay muchas cosas por hacer pero nadie se decide a hacerlas, o que hay muchas personas que pueden hacer un trabajo y ninguna se decide a hacerlo.

Una golondrina no hace verano: que significa que una sola persona no puede hacer el trabajo, deben trabajar varias personas por un mismo objetivo para obtener buenos resultados.

Quien no arriesga nada gana: que significa que si no nos arriesgamos en la vida a luchar por nuestros sueños y libertades nunca obtendremos una ganancia o victoria". Fin de la moraleja:

El alto costo de la vida, el desbordamiento de una economía improductiva, el deterioro de los servicios de salud pública, y el alto costo de los servicios médicos privados, y medicamentos etc. Demuestran la creciente indignación, que la sociedad venezolana está experimentando frente al persistente deterioro ético, y moral que se observa en la gestión pública en los tres niveles de gobierno.

Desde hace tiempo pareciera haberse desatado un consenso en el estamento político venezolano gobierno-oposición, donde la corrupción, y la desigualdad están estrechamente interrelacionadas. Estas dos pandemias interactúan en un círculo vicioso: la corrupción conduce a una distribución desigual de poder en la sociedad venezolana, lo que, a su vez, se convierte en una distribución desigual de las riquezas, y las oportunidades, para la juventud venezolana que opta por huir del país.

La corrupción, y la desbordada desigualdad social están verdaderamente conectadas, y proveen una fuente para el descontento popular. Sin embargo, el declive de los líderes políticos en la lucha contra este problema es deprimente; ellos usan el mensaje de la corrupción-desigualdad, para el maniqueísmo político, pero no tienen intención alguna de atacar seriamente el problema, que hace metástasis en la población venezolana.

El descontento ha ido creciendo por casi todos los cuatros costados de esta Venezuela patas arriba, desde los mas apáticos simpatizantes de la oposición, hasta los mas modestos funcionarios públicos. Y da la impresión, por lo que unos, y otros dicen, que este descontento pacífico esta dirigido contra todo el estamento del Estado venezolano. Pero indudablemente, se trata de una indigestión generalizada. El descontento ciudadano es un acto contra quienes ostentan los controles de los poderes públicos, y no han hecho el esfuerzo para detener el proceso degenerativo de corrupción pública que amenaza con quebrar a la propia estabilidad social venezolana.

La corrupción es una fuente inaceptable de desigualdad social, que por lo regular está acompañada de un discurso político cargado del más rastrero populismo con el propósito de convertir la miseria, la pobreza, y la nueva esclavitud moderna de la clase trabajadora venezolana, en un depreciado activo electoral. De esta forma, los pobres venezolanos son victimizados dos veces: a través del robo, y el enriquecimiento ilícito y, luego, como presas políticas de los comerciantes árabes, y chinos explotadores de profesionales venezolanos en negocios improductivos como: panaderías, bodegones y botiquines, tiendas, es impresionante como han llenado de farmacias todo el territorio nacional, las cuales están en manos de invasores árabes, donde explotan a los jóvenes venezolanos.

Esto está a punto de convertirse en un escándalo nacional, con pruebas irrefutables, y admitidas por toda la población venezolana, sin que hasta ahora las autoridades se hayan visto forzadas a poner en marcha, la acción pública para identificar, y penalizar a quienes forman parte ¿o son promotores?- de esta trama criminal que permite la invasión, y colonización silenciosa del país, con el apoyo eficiente de líderes políticos corruptos de la oposición venezolana, entre otros alcahuetas que permiten la destrucción de la república.

Pero aun estando en marcha esta nefasta acción pública muchos dudan que la complicidad política de los llamados "pseudos revolucionarios" permita establecer con claridad meridiana las futuras responsabilidades penales de quienes se asociaron como malhechores para desmembrar al Estado venezolano.

Esta precariedad económica de explotación moderna, en el ámbito regional, esta siendo catalogada como el mayor caso de corrupción, y entreguismo de la patria, que tanta sangre le costo a nuestros libertadores, en la historia reciente de Venezuela. Sin embargo, aquí no se ve por ninguna parte, una muestra de solidaridad política, con la sufrida población venezolana, y ninguna casta politiquera osa mencionar un tema tan álgido, como el de la corrupción, y la degradación ética, y moral del ciudadano venezolano, por unas bestias de comerciantes invasores, que han incomodado a unos cuantos de los nuevos esclavos venezolanos.

Pero todo esto muestra, también, el distanciamiento que de sus electores van tomando de gobernantes y políticos, tanto de la revolución, como de los opositores. Mientras hablan de la pobreza se les olvida que la permisividad de este tipo de corrupción es una de las causas fundamentales en la generación de los niveles de pobreza que padece una alta proporción de la población venezolana. Donde la desigualdad, y la corrupción son dos fenómenos que interactúan en un círculo vicioso; esto es así, ya que la corrupción conduce a una distribución desigual del poder en una sociedad, la que a su vez se refleja en una distribución desigual de la riqueza, y de las oportunidades. Con todas las empresas productivas como PDVSA, Petroquímicas, Sistema Eléctrico Nacional, Las empresas básicas de Guayana, las Hidrológicas, el sistema educativo desde la primaria, hasta las universidades, todo destruido, y el éxodo de todo este recurso humano, por esta causa Venezuela naufraga lentamente como el Titánic, y muy lejos ahora de utilizar sus recursos para el desarrollo e industrialización del país.

Sobre el Índice de percepción de la corrupción, y del deterioro moral, que están plagadas todas las instituciones públicas, y catalogadas de no confiables, y de mal funcionamiento, como son las policías, los militares, con esos puntos de atraco militar, y policial en las carreteras del país, y donde la justicia no se queda atrás. Aun cuando las leyes anti-corrupción existen, en la práctica son a menudo burladas o ignoradas. Los ciudadanos que frecuentemente enfrentan situaciones legales con los organismos policiales, son victimas del soborno, y la extorsión, los servicios de seguridad han sido descuidados por malas practicas de funcionarios, que actúan peor que los delincuentes, y confrontan a funcionarios indiferentes que se apropian de celulares, vehículos, prendas, y cualquier objeto de valor. Y cuando se buscan las correcciones ante las autoridades superiores, que están a cargo de esas instituciones, lo que reina es la indiferencia.

Asimismo, toda esta trama de corrupción ética y moral, con la complicidad de los politiqueros de turno, muestra cómo la colusión entre ellos ha provocado el desvío de fondos públicos hacia los bolsillos de unos pocos. Esta clase de gran corrupción sistémica viola los derechos humanos, previene el desarrollo sostenible, y alimenta la exclusión social en Venezuela.

Es en este contexto que la devaluada casta política venezolana, no trata el tema de la corrupción, el más apremiante en las presentes circunstancias; sobretodo, con la presencia ahora de gobernantes estadales, y municipales de los peores colocados en el ranking de este año 2022, ojalá que se den cuenta de sus errores, y rectifiquen. Muchos de ellos -como candidatos- encantaron a sus electores el pasado 23 de noviembre del 2021, con un discurso anti-corrupción, y hoy día -como gobernantes- lucen apabullados, y rendidos ante el pragmatismo de un sistema que se nutre de la corrupción.

Y, vista así las cosas, la ciudadanía va perdiendo la fe -si le queda alguna- en estos políticos de baja calaña, y de paso va perdiendo la fe en un sistema que ha sido trampeado por los politiqueros`-alacranes, de ambos bandos para que la corrupción progrese sin sanción. Por lo que no es sorprendente que la ciudadanía venezolana haya comenzado a expresar -y de paso, desahogar- su arrechera en las calles, como ocurre con este cronista en las calles de algunas ciudades venezolanas, cuando me dicen que escriba sin ninguna duda el nivel de frustración y arrechera que arropa a los venezolanos, cuando me cuentan todo lo arriba expuesto en esta articulo... Lo peor de todo: es que no hay quien le ponga el cascabel al gato.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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