Los tres campos políticos y el pueblo

Hace poco Luís Fuenmayor publicó un artículo titulado "Sobre el escenario político venezolano" en el que describía el panorama de los agrupamientos políticos en la actualidad, como en una instantánea. Vale la pena leerlo. Aquí haré en parte una paráfrasis, pero quisiera agregar algunas cosas a su análisis, con el que concuerdo casi en todo. Tal vez las diferencias tienen que ver con énfasis diversos y estructuras expositivas, como decía Orlando Chirinos, el escritor zuliano-falconiano.

Habla Fuenmayor de tres conjuntos de actores de políticos: primero, el del gobierno, encabezado por el PSUV (y, se supone, Maduro, Cabello y demás personajes que se han repetido desde hace ya una década); segundo, el de la oposición "violenta", dependiente de los Estados Unidos y dividida en unos cinco o seis pedazos o más (Capriles, López, Machado, Rosales, Ramos Allup, habría que agregar la jerarquía católica, etc.), y, tercero, la "otra oposición", pacífica, constitucional, la que la otra oposición llama "alacrana", cuyo principal riesgo es ser demasiado complaciente con el gobierno, pero también muy heterogénea, fragmentada, sin arraigo popular ni estructura organizativa. Allí Fuenmayor agrega los desprendimientos del chavismo desde 2013. Estos tres conglomerados, afirma Fuenmayor, tienen más o menos la misma potencia electoral, aunque el gobierno, por una cuestión logística, organizativa, de fuerza física (control sobre el Estado), tenga una ventaja real y efectiva.

Por otro lado, lejos de los políticos y sus afanes, está la población y su vida trabajosa, y dentro de ella, varios movimientos sociales que han hecho alguna bulla como para demostrar que las contradicciones siguen allí: jubilados, maestros, trabajadores de la salud, obreros de PDVSA, SIDOR y otras empresas que, en ocasiones, parecieran capaces de reventar la hegemonía de la burocracia sindical, versión PSUV.

Cabe destacar esa distancia entre los tres agrupamientos políticos y el resto de la población y sus preocupaciones diarias y concretas. Se confirma que las masas sólo toman el protagonismo cuando percibe que el Poder está en juego y hay una expectativa inmediata de cambio importante. Mientras tanto, la estabilidad política, esa rutina burocrática en la cual consiste el aparato estatal, es correspondida con un repliegue masivo en los asuntos de la cotidianidad, en reunir los recursos mínimos para la familia o en resolver los problemas personales que pueden ser muy apremiantes. Ello debiera ser acompañado por otro repliegue: el de la reflexión y la elaboración conceptual. A veces, pasa; otras, no.

En otras palabras, el "repliegue de masas", la "desafección política" o la falta de interés en la política por parte de la gente, no tiene que ver con algún misterio de la psicología social, sino con la resaca de una derrota en algún intento de cambio en el poder. Un asunto de fuerzas. Es notorio el interés en la política de los venezolanos, pero sujeto a los ciclos y las oscilaciones de la propia lucha política, además de los cálculos de zorros de cuán altas están las uvas y si vale la pena afanarse en pegar gritos en la calle o meterse en un "emprendimiento" para ganarse unos reales. Las masas toman las calles justo en ese momento de emoción en que el poder puede o no caer en el guante que lo espera en las profundidades del righ field. Mientras tanto, sigue la rutina del lanzamiento del pitcher.

La división de la oposición también tiene que ver con esa derrota que por esto la llamamos estratégica. La derrota tiene que ver con la cascada de errores de la "oposición primera" (para distinguirla de la otra) desde 2002 (o, tal vez, desde antes), pespunteada con algunos aciertos, que no logran sostenerse por compulsión a la repetición del fracaso, propia de cierta ceguera estratégica, la subestimación del adversario y demasiadas vísceras en juego. No solo se trata de la fragmentación de la oposición "violenta, dependiente de EEEUU", sino también de la otra, la "segunda", constitucional, "pacífica" y ciertamente vinculada con decisiones del Poder. Allí hay asuntos pendientes en el plano del discurso, las convicciones y las racionalidades. Por ejemplo, lo que una vez se denominó "chavismo crítico" y hoy sobrevive en varios grupos descontentos por razones ideológicas y el PCV, todavía no han saldado cuentas con la figura y el supuesto legado del Comandante. Por ello, a veces se entregan a lo que ya es una compulsión neurótica a disputar la apropiación de las significaciones del recuerdo masivo del líder. Este punto es bastante complejo. Lo he abordado antes y mejor sería retomarlo en otro momento.

Hay un aspecto que va un poquito más allá de lo estrictamente político organizativo y logístico. Es el aspecto programático y doctrinario. Por encima de los odios, la ira, los insultos y ese estilo casi procaz que alcanza la diatriba política en Venezuela, y que, al parecer, es propio, no de nuestra nacionalidad, sino de los efectos desinhibitorios que tienen las redes sociales en los individuos. Aunque pueda escandalizar a algunos, debo decir que percibo una confluencia global en torno a la ideología de la tendencia de derecha de la socialdemocracia. En realidad, no hay tanta divergencia ideológica, salvo las brutalidades de Ameliach acerca de la separación de los poderes públicos, la extrema dependencia a Washington que ostentan algunos dirigentes de la "oposición primera" y los reflejos fascistas que tienen TODOS los factores, que sí ameritaría cierta discusión en un plano más refinado.

Primero, todos los factores dicen defender la constitución. Asumamos que todos son hipócritas, pero también que por la boca muere el pez. Además, segundo, se precian de ser "democráticos". La ya periclitada fórmula "democracia participativa", como bien señalan algunos críticos internos y también los desprendidos del PSUV, quedó en un mero lema publicitario, hoy disputado por vampiros, drácula y demás bichos. Tercero, los voceros del gobierno, en forma "reggatonera" en el caso de Lacava, alaban la "iniciativa privada", la "burguesía revolucionaria" y las "fuerzas del mercado" como cualquier José Guerra. Economistas del PSUV, como Pascualina Curcio (por cierto ¿qué es de la vida de Salas?), ahora son atacados como trasnochados por sus análisis, más cercanos a Keynes, que a Marx, y hasta le arrebatan un Premio de CYT. Tanto así, que algunos caracterizan como "neoliberal" a Maduro. Ya en artículos míos he opinado que esto es un equívoco: el madurismo no es neoliberal porque no es doctrinario de nada que no sea la conservación del poder (o sea, que tal vez sean doctrinarios de Maquiavelo); su fuerza es la improvisación y el pragmatismo, un "como vaya viniendo, vamos viendo" mezclada con una versión grosera o malandra del lema de Deng ya tan trillado de "no importa el color del gato, sino que cace ratones". En criollo madurista, cazar ratones implica que se gane o lave real, y que le pasen algo a los funcionarios, vía soborno o vía impuesto ad hoc, aparte de que sea capaz de un discurso adulante hacia el gobierno y evite quejarse mucho en público. Incluso, ahora mismo ya hay muchos funcionarios ligándola al lobby. En cuarto lugar, todos los factores reconocen que hay que tomar medidas, o bien "humanitarias", o bien "sociales", para atender esa inmensa mayoría que se halla en extrema pobreza, en términos alimentarios y sanitarios.

Esto es lo que llamo una confluencia isdeológica. Hay indicios suficientes de que los dirigentes del PSUV ya se han disuadido de hacer una auténtica revolución, o usan la palabra como marca registrada, como apellido para indicar ascendientes ilustres. Es más, es evidente que quieren volver a los gloriosos tiempos del rentismo de la "Gran Venezuela", es decir, a lo más rancio de las tradiciones venezolanas del siglo XX: una visión del país rico en recursos naturales que deben ser explotados sin medida para resolver los problemas a cada quien y gozar un puyero. Las oportunidades de realizar grandes obras de ingeniería, como fue tradición en este país desde Pérez Jiménez (puentes, grandes vías de comunicación como el tren, inmensos centros industriales) pasaron, así como proyectos como la creación de un Sistema Nacional de Salud, un sector de Ciencia y Tecnología poderoso, un sistema de Educación Superior como hoy lo ostentan otros países latinoamericanos, incluso de la tendencia "progresista", ya pasaron al olvido, ante la emoción de recuperar alguito de inversión extranjera (y más deuda, claro), que se piensa estimular entregándole los pozos tradicionales a las petroleras y abrir las Zonas Económicas Especiales con una mano de obra muy barata.

Mientras no se formule un programa que se distinga claramente de esas grandes líneas de confluencia de la fracasada dirigencia política de este país (ahora sí meto en el mismo saco a los "tres campos" de Fuenmayor), no habrá nada que entusiasme más que un nuevo "tigre" que matar para ganarse una platica para resolverle el mercado a los muchachos.



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Jesús Puerta


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