Sindicatos públicos devenidos en ong´s al servicio del gobierno de los EEUU

Escribimos estas líneas, en medio de sentimientos encontrados. Apenas nos enteramos de la partida física de un buen hombre, honesto, patriota revolucionario y bolivariano, el gran periodista Earle Herrera; nos embarga la tristeza, pero los mensajes de camaradas, entrada la noche, nos traen la alegría del pueblo chileno ante el triunfo de Gabriel Boric de la coalición de izquierda: «Apruebo Dignidad», frente al candidato del fascismo pinochetista, valga la redundancia, José Antonio Kast. ¡No eran 30 pesos! Como decían, los jóvenes estudiantes que por miles, saltaban entre los torniquetes del Metro de la ciudad de Santiago, en señal de protesta por el incremento de las tarifas del subterráneo en 2019, sino 30 años de dictadura burguesa-pinochetista, «Concertación» incluida, lo que acaba de dejar atrás el pueblo chileno, como muestra de su hartazgo con el modelo neoliberal, heredado de la dictadura y que ha prevalecido hasta el presente. Una prueba más, para los pueblos de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, que la resistencia contra los imperialistas de los Estados Unidos y la Unión Europea, ha valido la pena. Que, al igual que el movimiento independentista del 19 de abril de 1810, que bajo el lema de «seguid el ejemplo que Caracas dio», unió los pueblos de la América toda, en un solo sentimiento de libertad anticolonialista y de hecho, en aquella época, movimientos con idénticos sentidos libertarios, ocurrirían en ciudades capitales de las provincias bajo el yugo imperial europeo en Bueno Aires (25 de mayo de ese año), Santiago de Chile (18 de septiembre) y México (16 de septiembre) de norte a sur. En fin, la América toda, se uniría en una sola voz de rebeldía contra el yugo del imperio europeo y ahora, 411 años después, lo hace contra el yugo imperialista de los Estados Unidos.

En 2022, la provincia de la Nueva Granada, le tocará enfrentar la dominación imperialista, y no tenemos dudas que un triunfo de Gustavo Petro, está en el horizonte de esa nación bolivariana. Para rematar, ese año que viene de resurgimiento Americanista, traerá el triunfo de Lula en Brasil. Con ello, se completará la obra magnánima del resurgimiento del progresismo y la nueva independencia de la América toda. Y así, como en 1810, el joven Andrés Bello enarbolaba la frase: «Caraqueños, otra época empieza…», como parte de una canción revolucionaria escrita por él, prefigurando el futuro de lo que vendría. Hoy, tenemos que decir de la mano del hermano ecuatoriano, Rafael Correa, que la América ha iniciado su tránsito a un cambio de época que, sin dudas, será –cualitativamente- superior al vivido en la primera etapa del progresismo de los tiempos de Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Rafael Correa, Fidel y Evo Morales. La experiencia antiimperialista, acumulada por Bolivia, Cuba, Nicaragua, y Venezuela, alumbrará con mucha fuerza de dignidad, el nuevo camino a transitar en la nueva época de cambios que están por venir. La esperanza, renace y se consolida al Sur de la América. Los trogloditas del norte, tendrán que vérselas de tú a tú con las y los rebeldes del Sur. «¡O hacemos la una patria grande o no habrá patria para nadie en estas tierras, entendámoslo definitivamente!», decía Hugo Rafael Chávez Frías, durante el Acto de Instalación de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeño (CELAC), realizado en Caracas, el 02-12-2011.

Sirvan estos prolegómenos, como introducción a un tema que forma parte intrínseca de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos, la doctrina del «cambio de régimen» a ser aplicada a los gobiernos no dóciles a las directrices emanadas desde el centro imperial, en Washington D.C. Las políticas imperialistas de «cambio de régimen», instrumentadas por los gobiernos de los Estados Unidos y Europa a nivel global, han encontrado en Cuba, Nicaragua y Venezuela, un hueso duro de roer. Bien pudiéramos afirmar, que han fracasado por más de 60 años, las aplicadas a la Cuba Revolucionaria. En Nicaragua, por más de 35 años y en Venezuela, por los últimos 21 años. En poco menos de un siglo, de 1898 a 1994, los Estados Unidos intervinieron con éxito para cambiar los gobiernos en América Latina, al menos en 41 oportunidades o una vez cada 28 meses durante un siglo entero, según un artículo del profesor John H. Coatsworth, publicado en la Revista Harvard Review of Latin America, titulado: «Intervenciones de Estados Unidos». Y lo hicieron, no precisamente para llevar democracia a esos países de la América, sino todo lo contrario, para exportar dictaduras militares de corte fascista. El cambio hacia una política de promoción de la democracia, se gestó en un subcomité del Congreso en 1974 y rápidamente pasó a formar parte de la plataforma del Partido Demócrata. Jimmy Carter, asumió la presidencia en 1977, y casi que –inmediatamente- su política hacia América Latina, comenzó a centrarse en la democratización de la región. En el transitar de este siglo, Venezuela, sus reservas estratégicas de petróleo, pasaron a convertirse en el centro de las ambiciones imperialistas, habida cuenta la política energética, independiente y soberana, instrumentalizada por Hugo Rafael Chávez Frías. Tras su muerte, el imperialismo de los EEUU, previó que la hora de ponerle sus garras a las reservas petroleras venezolanas había llegado y se enrumbó en una política de «cambio de régimen», más abierta y descarada. Obama, desde su presidencia se enfocó en el tema económico e inicia la desestabilización de Venezuela mediante una avasalladora guerra económica, que pulverizó los ingresos de la familia venezolana mediante el mecanismo de la manipulación del tipo de cambio, induciendo la depreciación del Bolívar y alta inflación. Al respecto, dice la investigadora Pasqualina Curcio, lo siguiente: «Desde el 2013 hasta hoy han atacado 5.178.365.937.759% nuestro bolívar: en 2013 dábamos 8,69 BsF/US$ y hoy debemos dar 450.000.000.000 BsF/US$ (equivalente a 4,5 BsD/US$). El ataque ha sido sin duda criminal…» (Impacto económico de la guerra en Venezuela, Pasqualina Curcio, 08/11/21). Eran los años de los anaqueles vacíos, el contrabando de extracción, inducido desde la provincia de la Nueva Granada. Llegó el fracking de Obama, como un primer intento de afectar los ingresos petroleros de la República, minimizándolos mediante la caída del precio del barril petrolero. La llegada de Donald Trump a la presidencia, visibilizó la guerra iniciada por Obama y la impuso como una realidad en la cotidianidad del pueblo venezolano, mediante el incremento exponencial de las mal llamadas sanciones imperialistas.

Hitler, consideraba a Austria –por haber nacido allí- como parte de Alemania. En 1938, no dudó en invadir con las tropas del Wehrmacht, la República de Austria para anexarla al Tercer Reich, convirtiéndola en la provincia de Ostmark, quedando dividida en siete distritos, designándole un gobernador general, legitimando así la anexión. Las grandes comunidades judías de Viena y Graz, fueron prontamente sometidas a la discriminación hitleriana y resultaron aniquiladas -años después- durante el Holocausto. Al igual que Hitler, Donald Trump creía –firmemente- que Venezuela le pertenecía a los Estados Unidos, como lo reveló su Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, en su libro: «El cuarto donde sucedió», sus controvertidas memorias. Al igual que Hitler, Trump siempre insistió que: «Tenemos muchas opciones para Venezuela y por cierto, no voy a descartar una opción militar». Así, lo reseña en su libro John Bolton: «Durante una reunión de marzo de 2019, en el Pentágono, Trump interrogó a los líderes militares sobre por qué Estados Unidos estaba en Afganistán e Iraq, pero no en Venezuela…». La anexión de Venezuela, fue intentada por Donald Trump, mediante una guerra multiforme de nuevo tipo. Refiere Bolton, en su libro: «Venezuela no es está muy distante y las personas están sufriendo y están muriendo…». Parte de ese discurso permeó en algunos sectores de la sociedad venezolana. Leemos, en redes sociales, parte de la información que transmite a sus agremiados, una organización sindical del sector público universitario: «En algunos países han surgido diferentes tipos de protestas como por ejemplo salarios, contratos colectivos, liberación de patentes sobre las vacunas para que cualquier país la pueda fabricar, por el derecho al aborto y otros no, por el cambio climático, por el derecho a la alimentación y la salud entre otros, todos debidamente con sus normas de bioseguridad. Entonces compañero no sigamos aguantando tanto castigo por parte del gobierno , Maduro sale todos días muy sonriente como si no pasara nada y el trabajador haciendo maravillas para poder mantener sus familias , es hora de decir basta ya de tanto castigo hacia los universitarios…». Refiere, Fernando Buen Abad, en su Semiótica de la Guerra: «Todos los dados están cargados. No hay palabra, gesto ni símbolo que no presente un frente de guerra o no sea, en sí, un ejercicio de belicismo psicológico. La inmensa mayoría de los "efectivos" simbólicos de la guerra mediática aparecen camuflados. Se requiere entrenamiento y experiencia defensiva para detectar en las frases, los giros idiomáticos, los gestos, los maquillajes, las corbatas, las sotanas o las bendiciones». Asimismo, lo refería Allen W. Dulles, fundador y director de la CIA entre 1953 y 1961, en su obra: «El Arte de la Inteligencia», donde explica la estrategia de «cambio de régimen» aplicada contra la extinta Unión Soviética: «Sembrando el caos en la Unión Soviética, sin que sea percibido, sustituiremos sus valores por otros falsos y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia…». Obviamente, en algunos sindicatos públicos, el gobierno imperialista de los Estados Unidos encontró aliados irreductibles que cumplieron un rol importante en el calentamiento de las calles en Venezuela, en exigencia de reivindicaciones salariales, las cuales sabían que el Gobierno Bolivariana estaba imposibilitado de cumplirles.

Las sanciones contra PDVSA, el robo de activos en el exterior (CITGO, Monómeros entre otros), eran de conocimiento público general. Bolton, lo refiere así en su libro: «Bajo Chávez y ahora bajo Maduro, los ingresos de Venezuela de las exportaciones relacionadas al petróleo habían caído dramáticamente, en lo que la producción misma cayó, de aproximadamente 3,3 millones de barriles de petróleo extraído por día cuando Chávez tomó el poder en 1999 a aproximadamente 1,1 millones de barriles por día en enero de 2019. Este declive precipitoso, cayendo a niveles de producción en Venezuela no vistos desde 1940, ya había sustancialmente empobrecido al país…». El Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, es más explícito al señalar que en 2015, ingresaban al país un promedio de 50 mil millones de dólares/año. Pasado un quinquenio, producto de las sanciones y el terrorismo interno de los agentes de Rafael Ramírez que saboteaban la industria, esos ingresos se redujeron -en 2020- a solo 600 millones de dólares. Pero, hay algo más que no dicen los agentes del imperialismo, y que ha quedado como evidencia de trabajos de investigación de notables intelectuales, comprometidos con la Patria, como es el caso del economista, José Gregorio Piña, quien en su trabajo: «Desvelando la mentira de que Maduro favorece al Capital», de fecha 05-11-2021, desmonta esas medias verdades que organizaciones sindicales de ultraderecha y ultraizquierda, dan como ciertas. J.G. Piña, con cifras del BCV, demuestra la falsedad del discurso pro imperialista, que intenta colocar al Hno. Presidente Maduro como un traidor a la causa de los trabajadores y trabajadoras. Con cifras, demuestra que: «El porcentaje del PIB correspondiente al Sector Público, aumentó en la administración de Maduro; y en los años 2018 y 2019 superó, por primera vez en la historia, el 50%. A su vez, el porcentaje de la Inversión Social, destinada a satisfacer las necesidades de los Asalariados, ha venido creciendo desde 1999, y ha crecido en mayor proporción bajo el gobierno de Maduro, hasta superar el 76% del total del gasto público…». Cifra superada, hasta llegar al 77 por ciento, como lo evidencia el Presupuesto Nacional 2022, presentado para su aprobación ante la Nueva Asamblea Nacional. Como evidencia que, pese a la brutal agresión imperialista en contra de la Nación y Pueblo venezolano; el Gobierno Bolivariano, siempre se ha mantenido apegado –fielmente- al legado «proteccionista» del pueblo de Hugo Rafael Chávez Frías.

Nada casual, entonces, que un pueblo que ha elevado su conciencia hasta la cúspide, les pase factura a los traidores de la Patria. Una revisión exhaustiva de las redes sociales de esas organizaciones sindicales, permite constatar la inexistencia de las mismas, la nada pues. Muy activas en los años 2017-2018 y 2019, año, este último, en que desconocieron la Constitucionalidad de la Presidencia del Hno. Nicolás Maduro, para otorgarle su reconocimiento al usurpador, declarado así por una Orden Ejecutiva de Donald Trump. Tras el fracaso de todas las tentativas, empleadas por el imperialismo, en más de 400 Órdenes Ejecutivas Sancionatorias, emanadas desde Washington y Bruselas. Con Guaidó, fenecieron también muchas de esas organizaciones sindicales, que devinieron en vulgares ONG´S al servicio de los intereses, no de los trabajadores y trabajadoras, sino de los intereses del gobierno imperialista de los Estados Unidos. Mutatis mutandis, ese cambio de organizaciones sindicales para la defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadores por ong´s para la defensa de los intereses de los imperialistas de los Estados Unidos y Europa, no fue todo lo beneficioso que aspiraban los sindicaleros pues Guaidó, hasta el queso que había en la mesa, también se lo robó…



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Henry Escalante


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