Pensando en "Noche de Paz", en eso que "todo duerme alrededor"

Ayer, sin una clara justificación comencé mentalmente a entonar la clásica canción de navidad (villancico) "Noche de Paz", que es como un himno universal de la Navidad.

La música es después de la poesía, una expresión sublime. Hay distintas maneras de hacer poesía y maneras distintas de hacer música. "Noche de Paz", musicalmente (creo) da una sensación de quietud y tranquilidad. Oírla relaja de una manera. "Noche de Paz" debe contener el contexto, desde donde se creó.

Noche de Paz nació en Austria en 1818 y uno puede imaginarse, el pueblito donde nació este himno y es posible, que haya sido en un pueblito en la parte de Austria, que se integra con los Alpes. El frío, la tranquilidad y la distancia entre una vivienda y otra, recoge ese posible escenario.

Pensando en "Noche de Paz", me llegó el CONTRASTE, porque la música como expresión, toma un contexto. Es muy difícil que en una canción Margariteña no esté el mar y la Virgen. En una llanera no sienta el caballo, el ordeño, una laguna y el perfume del mastranto y del espinito.

II

"Noche de Paz es una canción muy linda" pero tiene muy poco que ver culturalmente con nosotros. En la noche de nuestra navidad, es IMPOSIBLE, que "todo duerme alrededor". Nada en diciembre duerme tranquilo. Las gaitas son un auténtico y HERMOSO tropel. Cualquier gaita (hasta la cabra mocha) es algarabía. Nuestras viejas PARRANDAS eran un escándalo de alegría.

Yo no puedo pensar en una navidad y no tener en la mente la bodega del Sr. Chico Velásquez y todo ese pequeño espacio donde cada diciembre era un permanente trajinar. Nada era tranquilo.

No puedo pensar en la navidad y no ver el nacimiento que Yiya y Nani hacían en la vieja casa de Chaá o de la Sra. Santos. No puedo pensar en diciembre y no oír en la rocola de Horacio, la canción de Néstor Zavarce:
"Las campanas de la iglesia están sonando/Anunciando que el año viejo se va/La alegría del año nuevo viene ya/Los abrazos se confunden sin cesar"

En nuestras Navidades nada era tranquilo. Nada estaba quieto. El día de la noche de paz, era una emoción esperando cosas. Hoy, nuestra navidad tampoco está nada tranquila. No serán los ruidos de los fuegos artificiales que se veían en cualquier calle de los pueblos, los que estarán rompiendo esta tranquilidad. Hoy los ruidos que impone esta severa crisis, serán ruidos en el estómago y los ánimos de los venezolanos. Niños y niñas que no podrán encender una estrellitas y no hacer esto en una noche de paz en Venezuela, es como no tener navidad. Si no hay estrellitas que prender, menos un pedazo de pan. Así, nuestras navidades continuarán siendo un tropel de otro tipo.

Hoy no es posible pensar entre nosotros, en una noche de paz, donde todo duerme alrededor. Ni dormir tranquilo se puede.



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Evaristo Marcano Marín


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